
El camarón mantis, también conocido como gamba mantis, no es ni una gamba ni una mantis, sino un estomatópodo. Su linaje evolutivo se remonta a hace más de 400 millones de años, lo que lo convierte en un auténtico fósil viviente. Está emparentado con langostas y cangrejos, aunque ocupa su propio lugar en el árbol de la vida.
Hoy en día se conocen más de 400 especies que habitan principalmente en aguas cálidas y costeras del océano Índico y el Pacífico. Suelen pasar gran parte de su vida enterradas en la arena, esperando el momento oportuno para atacar a peces, moluscos u otros crustáceos.
Lo que ha convertido al camarón mantis en un animal de leyenda es su capacidad ofensiva. Sus extremidades delanteras funcionan como auténticos arietes biológicos: pueden lanzar un golpe a 80 km/h en apenas 0,05 segundos, alcanzando una aceleración de 10.400 g.
El impacto es tan brutal que genera un fenómeno físico conocido como cavitación: el agua no ocupa el espacio liberado con la suficiente rapidez y se forma una burbuja que colapsa violentamente. La explosión libera calor y una onda de choque, de modo que la presa recibe dos golpes en uno: el impacto físico y el estallido de la burbuja.

Para lograr esta fuerza, la gamba mantis almacena energía elástica en sus apéndices. Primero tensa los músculos y bloquea la articulación con un mecanismo interno. Además, cuenta con una estructura en forma de silla de montar que acumula compresión lateral. Cuando se libera el pestillo, toda la energía se transfiere a la garra en una fracción de segundo.
Sus extremidades están reforzadas con hidroxiapatita, un mineral presente también en huesos y dientes humanos, pero dispuesto en placas superpuestas que funcionan como una armadura contra las inmensas fuerzas de compresión.
El camarón mantis no solo destaca por su fuerza. Sus ojos contienen 12 tipos de fotorreceptores, frente a los tres o cuatro de los seres humanos. Esto les permite percibir un espectro de luz que va mucho más allá del nuestro, incluyendo la luz ultravioleta y la polarizada.
No todas las especies atacan con puñetazos. Algunas han desarrollado brazos estilizados con puntas en forma de lanza que utilizan para empalar a sus presas. Aunque sus movimientos no alcanzan la velocidad de las especies “boxeadoras”, son igualmente mortales: sus ataques duran menos que un parpadeo.
En ambos casos, se trata de animales solitarios, violentos y extremadamente territoriales. Ante cualquier amenaza, atacan sin dudar.
Un enemigo de los acuarios
La potencia de sus golpes es tan extrema que incluso los acuarios han tenido que diseñar recintos especiales para contenerlos. El caso más famoso ocurrió en 1998 en el acuario de Great Yarmouth (Reino Unido), cuando un ejemplar llamado Tyson rompió un cristal de 6 milímetros de grosor con un solo golpe.
Hoy en día, muchos centros utilizan paredes de metacrilato de varios centímetros, el mismo material empleado en protecciones antibalas, para evitar fugas y accidentes.
El camarón mantis es, sin duda, uno de los depredadores más sorprendentes del planeta. Su fuerza, su vista incomparable y su comportamiento feroz lo han convertido en un verdadero “superhéroe” de la biología marina, pese a ser un animal diminuto que apenas mide entre 10 y 30 centímetros.
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