
Nick Mondek, un estadounidense de 48 años, se enfrentaba a lo que creía que sería su última Navidad junto a su familia. En 2022, fue diagnosticado con un tipo raro de cáncer de médula ósea que afecta a las células hematopoyéticas, responsables de la producción de células sanguíneas. El diagnóstico llegó después de que comenzara a sentirse mal, y los médicos confirmaron que se trataba de una forma agresiva y poco común de cáncer.
En un primer intento por frenar la enfermedad, su hermano Dave fue quien donó células madre. Sin embargo, ese primer trasplante no estaba destinado a curarlo, sino simplemente a ralentizar el avance del cáncer. “Presentía que volvería. Simplemente no sabía cuándo. Es una enfermedad muy agresiva, y yo tenía algunas mutaciones que dificultaban aún más su tratamiento y aumentaban las probabilidades de recurrencia”, explicó Nick, en declaraciones recogidas por People.
Desafortunadamente, como temía, la enfermedad regresó dos años después del tratamiento inicial, a pesar de los esfuerzos médicos. La recaída obligó a los médicos del Centro Oncológico Cedars-Sinai de California a replantear las opciones. “¿Cómo podríamos tratar su cáncer una segunda vez y tener más probabilidades de que no reaparezca?”, se preguntaban los especialistas del hospital.

Una última esperanza que le salvó la vida
Ante la falta de alternativas convencionales, los médicos exploraron la posibilidad de un segundo trasplante de células madre. Fue entonces cuando descubrieron que Stephen, el hijo menor de Nick, de apenas 9 años, era compatible. La posibilidad de que pudiera donar ofrecía una nueva esperanza, pero también suponía una decisión emocionalmente compleja para la familia.
“No quería que se sintiera presionado ni obligado. Ni siquiera le dije que, en realidad, sería nuestra última opción”, confesó Nick, preocupado por proteger a su hijo del peso de la situación. Sin embargo, la respuesta de Stephen fue inmediata y conmovedora. “Sí, vamos”, respondió el pequeño cuando le preguntaron si quería someterse a las pruebas de compatibilidad.
Una vez confirmada la compatibilidad, Stephen fue sometido a anestesia general para la extracción de las células madre. Nick, por su parte, recibió quimioterapia intensiva como preparación para el trasplante. Dos semanas después, fue dado de alta del hospital y pudo regresar a casa con su familia, iniciando una nueva etapa con una profunda gratitud por lo vivido.
“Estoy feliz de verlos crecer”

“Estoy feliz de seguir aquí y verlos crecer”, declaró emocionado Nick, destacando el valor incalculable de este segundo trasplante, que representa su mejor oportunidad de supervivencia. El proceso no solo le dio una nueva oportunidad de vida, sino que también reforzó el lazo familiar entre padre e hijo.
Por su parte, Stephen expresó su alegría por haber podido ayudar: “Me alegré de poder ayudar a mi papá. Es un placer tenerlo en casa”. Ahora, la familia espera con esperanza que el nuevo sistema inmunológico de Nick, reforzado con las células madre de su hijo, logre combatir de forma definitiva el cáncer. Según los médicos, habrá que esperar aproximadamente un año para confirmar si el trasplante ha sido completamente exitoso.
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