
"Sobrevivir no es lo mismo que vivir", afirma Daniela Di Pietro, docente italiana de 40 años que resalta la precariedad que sufre a pesar de haber superado exigentes pruebas para ejercer como profesora en Italia. Tras dejar Nápoles en 2008 para completar sus estudios y buscar un futuro laboral en la Toscana, Daniela acumula años de experiencia profesional, una habilitación con la máxima puntuación y ha superado las oposiciones nacionales, pero está “en casa” sin puesto fijo.
En su testimonio, recogido por el medio italiano especializado Orizzonte Scuola, la profesora denuncia el sistema de asignaciones, que "parece la ruleta de la fortuna". Daniela explica que a pesar de haber aprobado el concurso PNRR1, así como el examen escrito de PNRR2 -sin tener oportunidad de realizar el oral por falta de plazas- sigue en una inestabilidad absoluta.
“Ser idónea en el PNRR1 sirve de poco sin una lista de méritos. Estamos ahí, hemos superado las oposiciones, hemos demostrado nuestras competencias, pero seguimos en casa“, lamenta, hablando también en nombre de otros interinos en situación similar.
Sacrificios personales y obstáculos económicos
Invertir en una habilitación tampoco ha permitido a la docente adquirir la seguridad profesional que esperaba: "Obtuve la habilitación con la máxima nota. Muchos cumplidos, pero de nada sirvió. Me costó 2.500 euros conseguirla“. No obstante, el esfuerzo no ha sido recompensado.
En el inicio de este curso, Daniela se ha quedado, como hace tres años, fuera de las listas de aspirantes de primera categoría y sin destino. Relata el proceso como un juego de azar: «Funciona así: si en la ruleta sale un colegio que no has seleccionado, te quedas sin asignación. Parece la ruleta de la fortuna, y encima la culpa recae sobre nosotros. Yo tuve que elegir por una cuestión de seguridad. ¿Cómo voy a escoger un centro a dos horas en tren si las reuniones terminan de noche? ¿Tengo que ponerme en peligro?».
Las restricciones económicas la obligan a descartar desplazamientos peligrosos y dificultan la estabilidad: "No tengo coche, no puedo comprarlo ni pedir un préstamo en estas condiciones“, explica. Expone también que siempre ha vivido de alquiler, sin posibilidad de acceder a una hipoteca y a menudo dependiendo de su familia para sobrevivir con sueldos reducidos: “El curso pasado tenía una media jornada de 10 horas: 900 euros de sueldo, 650 de alquiler. Sin mi familia, no habría podido quedarme allí“. Por este motivo, este año ha solicitado medias jornadas de 12 horas: “Al menos así puedo pagar el alquiler y la compra. Qué más da si no hay pizza los sábados”.
Las sustituciones y el temor a volver a empezar
La única salida a corto plazo para Daniela es lograr una sustitución, aunque es consciente de que los pagos suelen llegar con meses de retraso: “Recuerdo que hace unos años tuve que esperar de febrero a mayo para cobrar, pero el alquiler se paga cada mes”, advierte la docente. Ante la falta de perspectivas estables, la posibilidad de presentarse a un nuevo concurso resulta desalentadora: "Pensar en volver a presentarme me da náuseas. Estudio, gasto tras gasto... y a saber qué se inventarán para el próximo", confiesa.
A pesar de múltiples frustraciones, no contempla abandonar su vocación docente: "Elegí este camino porque amo enseñar. No lo siento como un trabajo, lo hago con pasión, sin que me pese, por los chicos".
“¿Donde está la meritocracia?”
La pregunta clave de Daniela es directa: “¿Dónde está la meritocracia? ¿Dónde quedaron los elogios por la habilitación?“. Critica que se priorice a quienes han realizado servicio civil, con una reserva del 15%, frente a quienes han estado en el aula. Propone que se retomen las convocatorias presenciales y solicita una lista específica para quienes han sido declarados idóneos: “Estoy dispuesta a trasladarme a otra región con tal de tener estabilidad. Haré tres años de sacrificios, pero al menos tendré una plaza fija“, asegura la profesora a Orizzonte Scuola.
Por último, Daniela lanza un llamamiento al ministerio: “Pido al ministro que nos dé una oportunidad. Que reconozca el mérito de quienes hacen este trabajo por vocación. Llegar a los 40 sin estabilidad no es nada agradable“, concluye.
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