
Durante años, ser creadora de contenido en redes sociales parecía el camino soñado para muchos jóvenes. Flexibilidad horaria, ingresos elevados y la posibilidad de trabajar con grandes marcas. Sin embargo, tras vivirlo en primera persona, una influencer de TikTok e Instagram ha decidido dar un giro de 180 grados a su vida profesional, dejando atrás la creación de contenidos para dar el salto al mundo corporativo.
La joven comenzó a publicar vídeos durante sus años de universidad. En un inicio, se trataba de un pasatiempo centrado en la edición de vídeo y la moda, que posteriormente evolucionó hacia el sector de la belleza, el más rentable en términos de patrocinios y colaboraciones.
Lo que empezó como un “side hustle” mientras estudiaba literatura inglesa se transformó, tras su graduación en 2024, en su principal fuente de ingresos. Durante esa etapa, asistía a eventos de marcas entre cuatro y ocho veces por semana, realizaba sesiones de grabación y dedicaba horas a la edición. Además, disfrutaba de productos gratuitos, firmaba contratos con compañías que había admirado en su infancia y conocía a figuras relevantes del sector.
“Sobre el papel era la vida soñada”, confiesa en un testimonio recogido por Business Insider. Sin embargo, la realidad fue otra: inseguridad, ansiedad y una constante sensación de estar sacrificando sus valores a cambio de un sueldo.
La inestabilidad del éxito digital
El punto de inflexión llegó tras romper con su principal patrocinador por diferencias ideológicas. Esa decisión supuso perder casi la mitad de sus ingresos mensuales, que se situaron entre 2.300 y 2.800 dólares. Esa caída le llevó a reflexionar sobre la fragilidad económica del trabajo en redes sociales y sobre el contenido que estaba generando.

Sus vídeos, asegura, habían dejado de ser un espacio creativo para convertirse en una sucesión de anuncios. En lugar de comunicarse con su audiencia, perseguía métricas: visualizaciones, seguidores, contratos y dinero. “Me di cuenta de que estaba contribuyendo al mensaje de que las jóvenes no son lo suficientemente guapas si no consumen ciertos productos de belleza”, reconoce.
Ese conflicto interno derivó en una desconexión con su auténtico yo. Se sentía insegura, ansiosa y cada vez más distante de aquello que había motivado su aventura digital.
El salto al mundo corporativo
Consciente de que volver a la creación de contenidos siempre sería una opción, pero que justificar años de vacío laboral en el sector corporativo sería más complicado, decidió apostar por el marketing. En apenas un mes de búsqueda en LinkedIn consiguió ser contratada como especialista en marketing en una empresa de educación.
Curiosamente, en las entrevistas no mencionó su experiencia en redes sociales como parte de su trayectoria profesional. Prefirió apoyarse en su formación universitaria en lengua y literatura inglesa, así como en empleos previos durante sus años de estudio.
Aunque sus ingresos actuales son menores que los que percibía como influencer, la estabilidad y la rutina de un horario de oficina le han devuelto la motivación. “Me encanta la estructura de un 9 a 5 porque siento que el impulso genera más impulso”, afirma. Vestirse cada mañana para ir al trabajo y colaborar con un equipo le ha devuelto la energía y el entusiasmo por crear.
Entre la nostalgia y el alivio
Aun así, la joven reconoce que no siempre está segura de haber tomado la decisión correcta. A veces echa de menos los eventos exclusivos, los productos gratuitos y la libertad de su anterior vida. Sin embargo, recuerda con claridad lo vacío y poco gratificante que resultaba en muchos momentos ser creadora de contenido.
“Muchas de las cosas que hice como influencer no eran lo que yo quería, sino lo que la sociedad nos programa a creer que es envidiable para los demás”, explica. Ahora su prioridad es otra: enfocarse en aquello que realmente le hace sentir bien, aunque eso implique renunciar al brillo de las redes sociales.
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