
La escena viral del concierto de Coldplay, donde el CEO de la empresa Astronomer, Andy Byron, fue captado junto a Kristin Cabot, directora de Recursos Humanos de la misma empresa, ambos casados, pero no entre sí, ilustra como muchas infidelidades comienzan en el entorno laboral.
Según las cifras compartidas por el INE, la franja de edad entre los 45 y 49 años es la que más divorcios ocurren, a pesar de que se traten de matrimonios con más de 20 años compartiendo la vida. La gran mayoría de las separaciones (90%), surgen tras una infidelidad del hombre en el ámbito laboral.
Pero ¿por qué un hombre o mujer, casados, con una pareja estable y de larga duración, con un matrimonio sólido, de pronto, comete una infidelidad? Se suele creer que las explicaciones de infiel se justifican por determinados factores como necesidades insatisfechas, falta de intimidad emocional, inseguridad personal…, todo como razones válidas para excusar el haber sido infiel.
Y es que, a pesar de haber traicionado la confianza, “el hombre bueno, con valores y principios, nunca salió en su busca; no es un hombre que se apuntó a Tinder, no es una persona que estaba buscando ser infiel”, expresa Viki Morandeira, coach ontológica especialista en infidelidades, en declaraciones a Infobae España.
“El hombre fiel siendo infiel sufre, aunque no es algo que se tenga en cuenta”, destaca la coach. El ser humano tiene la obligación de buscar una explicación a las cosas que suceden ante él y en su interior. Pero si algo le resulta incomprensible, le resulta “terriblemente difícil decir, no lo sé”.
Es común creer que el hombre infiel solo busca sexo, una mujer más joven y atractiva, pero al final nunca deja a la esposa. Cuando un hombre fiel habla de separación, no puede explicar por qué lo hace. Su mente no se reconoce con el infiel, su imagen es la de un hombre con un valor íntegro de fiel. “Y al no reconocerse como responsable, busca otras causas para no romper esta pareja sólida, su familia”, subraya Morandeira.

El papel de las hormonas: “Pequeños pasos inocentes”
La infidelidad del hombre en parejas de larga duración es “desconcertante”, explica la coach. Todo lo que se dice (aburrimiento, novedad, egoísmo, sexo, crisis personal), “no explican al 100% lo que en realidad ocurre”, señala.
En la práctica son “muchos pequeños detalles que son piezas del puzzle que forman este tipo de infidelidades”. Se comienza por una amistad, algo que el hombre no ve “como algo peligroso”, indica Morandeira. Sin embargo, se cae en el error de poder controlar la situación.
Es ahí donde entran en juego una serie de hormonas producidas por el cerebro que nos hacen mucho más cercanos a las personas que nos rodean en el ámbito laboral. La primera de ellas es la oxitocina, que “quita la barrera con el otro, para que uno baje la guardia, crezca la empatía, comodidad y que crezca esa relación de amistad”. “La oxitocina hace al hombre mucho más empático en el entorno laboral”, subraya la coach.
Es decir, un hombre “empieza una amistad, un contacto más inocente” que no espera que le lleve a “cruzar la línea”. Y al creer que no sea peligroso, no se tiene en cuenta el efecto de las hormonas.
Al cerebro no le gusta perder: Del “yo controlo” al “mono” desenfrenado
Se empieza muy poco a poco: “Empiezas a vestirte mejor, a cuidar tu aspecto porque vas a ver a esa persona…, todos queremos gustar, pero cuando quieres gustar a alguien que no es tu pareja, ahí hay una señal de alarma”, indica la coach.
Y es que hay circunstancias que no se pueden controlar, como la segregación de hormonas placenteras en el cerebro. Oxitocina, dopamina, adrenalina…, “al cerebro le encanta tener recompensas y la clave está en la sorpresa”, expresa Morandeira.
Cuando el cerebro del hombre ve que la otra persona le mira de una manera diferente, le sonríe, tiene atenciones diferentes, “el cerebro se sorprende, detecta que puede haber un interés”. Pero se sorprende porque “la intención no era generar ese interés por él”, indica la coach. No obstante, el ser humano se cree mucho más listo de lo que en realidad es y cae en la trampa: “Yo controlo”.
En esta sorpresa se segrega la dopamina, la culpable de las adicciones, de las malas y las menos malas. “Que una persona muestre interés, para el cerebro es una recompensa, entonces libera dopamina”, explica Morandeira.
A medida que se sigue viendo a esa persona, el cerebro genera menos, “entonces quiere más y se empieza a sobrepasar los límites” de la fidelidad. “La dopamina nos hace adictos” y dejar de recibirla para el cerebro “es un problema”. “Cuando el cerebro busca una fuente de placer y no la encuentra; duele”.
Es entonces cuando se produce “el mono”, al no poder de dejar de recibir ese placer. “Al cerebro no le gusta perder”, señala la coach, y por eso busca excusas para poder seguir recibiendo la dosis.

Las mentiras de una mente colapsada
¿Estamos preparados para reconsiderar lo que creíamos que ocurría en la infidelidad? La realidad del hombre bueno, que tiene unos valores y principios, que es fiel, pero está siendo infiel, es un choque de pensamientos e ideas que al cerebro le cuesta asimilar. “La mente no está cómoda con esa contradicción”, comenta Morandeira.
Es ahí cuando intenta excusar su comportamiento. “La mente tiene que justificar estar siendo infiel. No puede hacerlo asumiendo la responsabilidad, tiene que haber culpables. Piensa ‘yo no puedo dejar a una buena mujer, entonces tiene que ser mala en algún sentido’”, manifiesta la coach.
“Las hormonas hacen que tengamos ciertas conductas. El cerebro no quiere la verdad, quiere quedar bien”. Para ello, comienza a decir mentiras, que son las mismas independientemente del lugar. “Cuando la mente empieza a justificar, empieza a repetir las mismas palabras en México que en Madrid”, aclara Morandeira, que ha trabajado con más de 3.000 personas en 35 países.
Esa incomprensión, ese no saber qué hacer y cómo parar, desemboca en una mente bloqueada que solo busca salvar su imagen, es decir, “sobrevivir”.
El infiel no es un monstruo al que hay que condenar. “Lo que pasa es que una persona cayó en los fallos de su mente y las hormonas. La infidelidad no es algo que una persona le hace a la otra, sino que es una cosa que le pasa”, razona la coach.
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