
Después de una vida trabajando, conciliando con el estrés y la ansiedad, son muchas las personas que, ya entradas en la madurez, deciden dar un cambio a su cotidianeidad. La experiencia de sus testimonios y un empoderamiento relacionado con el aprendizaje, les proporciona las herramientas para llevar una rutina más provechosa. Todo comienza con el compromiso, pero también con el rechazo e indiferencia a todo aquello que limita la autonomía y el descanso.
Según el medio digital VegOut, especializado en salud, en ocasiones, las personas de 70 años llevan estilos de vida más saludables que muchas que aún rondan los 50 y 60. Esto no solo repercute en su bienestar, sino que los hace parecer visiblemente más jóvenes. Hay una fortaleza muy vinculada a la manera en la que permitimos a nuestros cuerpos habitar un determinado ecosistema.
¿Cómo consiguen estas personas desprenderse de las preocupaciones diarias? ¿Cómo consiguen descansar aun cuando el día a día se vuelve pesado? ¿Existe una fórmula para apartar los pensamientos intrusivos?
De hábito en hábito: repetir, fallar, volver a empezar
Lo cierto es que, llevar una vida saludable, muchas veces consiste en eso. En primer lugar, comprometerse con la causa. En segundo lugar, no tener miedo al fracaso. Se trata de construir pequeños hábitos que permitan transformar el estilo de vida. Si bien existe la posibilidad de que, durante el camino, las personas fallemos y nos alejemos de nuestra meta, lo más importante, es que no nos desanimemos.
Veg Out considera muy importante la perfecta sintonía de lo físico con lo mental. Es decir, atender tanto al cuerpo como la mente. Contrario a la visión dualista de la Edad Moderna, donde se hablaba de un dualismo cartesiano (es decir, la mente se consideraba dividida del cuerpo), en la actualidad, la neurobiología, explica cómo lo físico repercute en lo mental, y viceversa. La mente no se distingue del cuerpo en tanto que una cosa condiciona a la otra.
Antonio Damasio es uno de los importantes neurocientíficos que proponen esta interdependencia. La epistemología (es decir, el conocimiento, la manera en la que conocemos las cosas), no está separada, según él, de la fenomenología (la manera en la que sentimos las cosas), y al mismo tiempo, no está separada del cuerpo.

De esta manera, Veg Out, propone el ejercicio físico, el movimiento, como uno de los principales pilares de la salubridad físico-mental. “Se ha demostrado que el ejercicio vigoroso realizado regularmente mantiene a la persona biológicamente más joven”, explica el medio.
Asimismo, el descanso, dormir ocho horas, alejarse de los constantes estímulos digitales de las pantallas son otras de las recomendaciones que aconsejan en su web. “Los jóvenes de 70 años protegen sus tardes como un tiempo sagrado. Sin pantallas. Sin estimulación constante. Solo una rutina de relajación que ayuda a sus cuerpos a hacer lo que están diseñados para hacer: descansar y recuperarse”.
La simbiosis entre la actividad física y el descanso reparador propicia un equilibrio neurobiológico esencial para el bienestar, optimizando funciones cognitivas.
¿Y qué hay de las emociones?
Esto tiene que ver mucho con aceptar aquello que en el momento sentimos. Al mismo tiempo, tiene que ver con aprender a escucharnos y a escuchar a nuestro cuerpo. El cuerpo es capaz de somatizar todas las emociones. De forma inconsciente y silenciosa, habitan nuestra fisicalidad. Por ello, un escrutinio amable de nosotros mismos hacia aquello que nos preocupa - esto es meditar, leer, pedir ayuda, hablar con otras personas - puede esclarecernos la mente. Ignorar el malestar solo empeorará la gestión de las emociones.
“El malestar no lo hace desaparecer. Simplemente retrasa la curación y agrava el daño. Una lección que me quedó grabada del libro de Rudá Iandê es: Tu cuerpo no es solo un recipiente, sino un universo sagrado en sí mismo. Esa frase lo replanteó todo”.

La analogía del cuerpo como templo ayuda a entender su magnitud, y por lo tanto, nos compromete con un trato más considerado hacia aquello que, como reflejo del pensar-sentir, experimentamos. Otro neurocientífico -Francisco Varela-, también explica como el pensamiento y la emocionalidad están profundamente relacionadas, manifestándose en el cuerpo.
Además, a pesar de que las emociones difíciles puedan generarnos rechazo, resulta fundamental que no las veamos como enemigas sino como una parte intransferible del testimonio de las personas, por la que tenemos y debemos transitar.
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