
La Inteligencia Artificial ha traído un sinfín de beneficios al sector empresarial a lo largo y ancho del mundo. Pero lo cierto es que no todo son ventajas y, en ocasiones, el avance de las nuevas tecnologías se contempla con temor ante la amenaza de que reemplace el trabajo humano. El miedo de que esto provoque un desempleo generalizado parece estar asentado en las sociedades industrializadas desde hace años. Sin embargo, un directivo de Silicon Valley, Marc Andreessen Substack, ha explicado por qué la IA va a generar más empleos, en contra de lo que muchos creen.
En los últimos 20 años, el experto reconoce que se han expandido dos miedos morales relacionados con el empleo y la tecnología marcaron: primero, la externalización facilitada por Internet en la década de los 2000, y después, la amenaza de los robots en la década de 2010. Sin embargo, estos temores no se tradujeron en catástrofes laborales. En 2019, antes de la crisis provocada por la pandemia, la economía global alcanzó sus mejores índices históricos, con los mayores niveles de empleo y los salarios más altos jamás registrados.
Hoy, para Substack, se está produciendo el tercer pánico de este siglo, esta vez centrado en la IA. Además, se suma un creciente clamor por la implementación de una Renta Básica Universal, inspirada en ideales comunistas. “Esta vez es diferente; la IA es diferente”, aseguran sus detractores, pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿realmente lo es?
Las áreas en las que no se permite que la innovación reduzca los precios

Tal y como cuenta en su blog, habitualmente, Substack recurriría a los argumentos tradicionales en contra del desempleo generado por la tecnología, como los que expusieron Henry Hazlitt y Frédéric Bastiat, cuya metáfora resulta especialmente pertinente para la Inteligencia Artificial. Y, en un futuro cercano, asegura que volverá a abordar esos puntos. Sin embargo, cree que no son necesarios en este momento, ya que un problema distinto obstaculizará antes el avance de la IA en la mayoría de los sectores económicos.
En primer lugar, existen áreas donde la innovación tecnológica permite reducir precios mientras mejora la calidad. En contraste, hay otros sectores donde la tecnología no puede ejercer esa influencia. Los precios en ámbitos como la educación, la sanidad y la vivienda, o cualquier servicio controlado por el Gobierno, están subiendo constantemente, a pesar de que esos sectores permanecen tecnológicamente estancados.
Por ello, considera que “nos dirigimos hacia un futuro en el que un televisor de pantalla plana que cubre toda una pared podría costar 100 dólares, mientras que un título universitario de cuatro años alcanzaría el millón de dólares”. Y, “lo más preocupante”, es que no existe una propuesta siquiera aproximada que ofrezca una solución sistémica a esta disparidad creciente.
A más tecnología, menores son los costes y mayor es la calidad de los sectores

Otros sectores están sujetos a una estricta regulación y control, con cuellos de botella que tanto el Gobierno como las propias industrias han creado. Estos, dominados por monopolios, oligopolios y cárteles, están plagados de una regulación gubernamental extensa, junto a prácticas como la captura regulatoria, la fijación de precios, el establecimiento de tarifas al estilo soviético, las licencias profesionales y otras barreras que dificultan el progreso y el cambio. En estos sectores, la innovación tecnológica está prácticamente vedada.
Por otro lado, los sectores menos regulados, han visto cómo la tecnología avanza rápidamente, reduciendo los precios y mejorando la calidad año tras año. Esto nos enfrenta a un dilema emocional cuando pensamos en producción y consumo. “¿De qué nos quejamos? Como consumidores, nos indignan los aumentos de precios en los sectores, pero como productores, nos molestan las disrupciones tecnológicas que afectan a otras áreas”, garantiza. La realidad es que no se puede tener todo a la vez.
A largo plazo, los productos en sectores regulados y sin avances tecnológicos siguen subiendo de precio, mientras que los productos de sectores más flexibles y tecnológicos bajan. ¿Qué destruye la economía? Los sectores regulados crecen constantemente como porcentaje del PIB, mientras los sectores menos regulados se reducen. “Si seguimos este camino, es probable que, en el futuro, el 99% de la economía sea dominada por sectores regulados y sin innovación, que es precisamente hacia donde nos dirigimos”, advierte.
Por lo tanto, la Inteligencia Artificial no podrá incrementar el desempleo de manera generalizada, incluso si los temores luditas resultan ciertos en esta ocasión. La IA ya está prohibida de facto en la mayoría de la economía, y pronto lo estará en casi todos los sectores.
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