
“¿Todavía es enero?”, “¿Pero cuánto está durando enero?” o “¡Qué mes más largo!”, son algunos de los comentarios que todos hemos escuchado. Y es que hay una sensación colectiva de que este mes parece infinito, a pesar de que dure 31 días como otros tantos. Casi que tenemos la necesidad de que febrero comience de una vez y despedirnos, por fin, de enero. Pero, ¿por qué nos sucede esto?
Por qué se nos hace tan largo enero
Azucena Martín es una biotecnóloga que ha explicado la ciencia por la que enero se nos hace excesivamente largo en un hilo en X. Según apunta, el primer culpable es diciembre, ya que, es un momento cargado de “vacaciones, fiestas, regalos y todo tipo de celebraciones”. La experta es consciente de que no todo el mundo disfruta del periodo navideño, “pero en general es una época que nos hace felices”.
Esa felicidad comenta, que está ligada a la “liberación de dopamina, la hormona encargada de mediar en los sistemas de recompensa”. Estos procedimientos cerebrales se encargan de “generarnos placer ante estímulos que son beneficiosos para nosotros como especie”. Para su mayor comprensión pone dos ejemplos en los que se libera dopamina: con el sexo, “porque nos ayuda a reproducirnos y perpetuar la especie”. Y “cuando comemos chocolate, porque es muy rico en energía, esencial para salir corriendo ante cualquier peligro”. Ambas generan tal efecto de placer, que queremos repetirlo.

La liberación de dopamina nos da la sensación de que el tiempo pasa muy rápido
Tal y como detalla Martín, esa fuga de dopamina nos provoca la impresión de que el tiempo transcurre más rápido. “Por eso cuando lo pasamos bien parece que el tiempo pasa volando. Claro, se te ha hecho tan corto que quieres hacerlo otra vez. Es un win win evolutivo”, comenta.
Diciembre, al estar plagado de vacaciones, fiestas y regalos, parece que corre, mientras que enero es el rezagado de la carrera, a pesar de que su duración sea exactamente la misma. “Ya no tenemos ese chute de dopamina y, además, por comparación notamos mucha diferencia con diciembre”, agrega la científica.
Por otro lado, aporta un dato que parece que no tiene mucha correlación con el tema, pero sí la tiene. “Hay estudios que demuestran que percibimos que el tiempo pasa más lento cuando vemos una película de terror. El miedo, en general, nos genera esa sensación. Es algo similar a cuando nos caemos y todo se ve a cámara lenta. Esa percepción nos hace estar más alerta”, aporta.
“Una sensación que ralentiza nuestra percepción del tiempo”
Continúa exponiendo que enero “nos suele pillar con poco dinero”, con el anhelo de que llegue la próxima nómina y con “bastante incertidumbre por el año que llega”. Lo que apunta que “no es terror como tal”, pero que sí que es una sensación de desazón que “ralentiza nuestra percepción del tiempo”.
La biotecnóloga comenta que hay más motivos por los que tenemos esta percepción, como el efecto Mandela. Como escuchamos a otras personas comentar que enero se les hace largo u otras cosas parecidas, al final “a nosotros también se nos hace eterno”.
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