
Hoy en día es casi imposible imaginarnos un mundo en el que no existieran los teléfonos móviles. Un aparato que nació para facilitar la comunicación y que, sin embargo, ha provocado que interactuemos peor con nuestro entorno. A medida que sus sistemas fueron mejorando y que se crearon los servicios de mensajería instantánea, apareció un hábito que, aunque no lo creamos, puede tener un impacto profundo en nuestra mente: la necesidad de revisar la pantalla constantemente.
Acorde a la psicología, este comportamiento no sólo modifica nuestros procesos mentales, sino que puede ser síntoma de una dependencia emocional y psicológica hacia el dispositivo. Uno de los principales factores que nos lleva a mirar de forma compulsiva el móvil es la búsqueda de estímulos. Estar con el teléfono implica estar expuesto continuamente a mensajes y notificaciones, lo que genera una recompensa a instantánea que activa el sistema de dopamina en el cerebro, según explica el psicólogo estadounidense Michael Brooks en Psychology Today. Este sistema es responsable de la sensación de satisfacción y placer, y su activación repetida puede derivar en una conducta adictiva, similar a la de otros comportamientos de riesgo, como el juego o el consumo de ciertas sustancias.
La adicción a estar estimulado provoca, además, una sensación de abstinencia cuando no se recibe la recompensa a la que se está habituado. Estudios como el realizado por la Universidad de Isfahan revelan que las personas que revisan asiduamente el móvil presentan una tendencia mayor a sufrir de ansiedad y síntomas obsesivo-compulsivos.
Intolerancia a la soledad
El móvil nos permite estar al tanto de la última hora y estar siempre conectados, no obstante, esta ventaja tiene un lado oscuro. Esa posibilidad de tener un estímulo constantemente evita que dediquemos un tiempo de nuestro día a la introspección y el autoconocimiento, por lo que, sin querer, generamos una especie de fobia a la soledad. La profesora de psicología Sherry Turkle, en su obra Alone Together, expone cómo el uso excesivo de dispositivos móviles reduce la capacidad de las personas para estar solas con sus pensamientos.
Algo que afecta a la capacidad que tenemos de gestionar el estrés y las emociones sin el móvil actuando como escudo. Esto provoca que cuando nos enfrentamos a momentos de soledad sin esa distracción que nos proporciona el dispositivo, lleguemos a experimentar incomodidad y ansiedad.
Un estado de alerta constante
El estado de alerta que provoca la revisión continua del móvil genera una hiperactividad mental que desemboca en irritabilidad. Además, la constante búsqueda de información en línea y la dependencia de respuestas inmediatas pueden reducir la capacidad de pensar de manera profunda y analítica. Como podemos encontrar la respuesta a la cuestión que ronda en nuestra mente con tan sólo un click, no dedicamos tiempo a reflexionar sobre decisiones importantes.
Impacto en el sueño y en la energía vital

Un estudio de la Universidad Estatal de Michigan subraya que el uso del móvil durante las horas previas al sueño perjudica la calidad del descanso debido a la luz azul de la pantalla, que altera el ritmo circadiano. Este tipo de luz suprime la producción de melatonina, la hormona del sueño, y provoca insomnio, afectando la regeneración física y mental durante la noche.
Los psicólogos recomiendan varias estrategias para disminuir la dependencia del móvil. Una de las primeras consiste en desactivar las notificaciones, eliminando así el estímulo visual y sonoro que genera la compulsión de revisión. Otras técnicas incluyen establecer momentos específicos del día para revisar mensajes y redes sociales, crear una rutina sin móvil antes de dormir y al despertar, y limitar el uso del dispositivo cuando se está en compañía de otras personas.
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