
El Huracán Helene ha dejado una estela de destrucción en el sureste de Estados Unidos, afectando gravemente a la región de Big Bend en Florida. Según un informe de WFLA, el fenómeno natural, que ha tocado tierra como una tormenta de categoría 4, trajo consigo vientos de hasta 225 kilómetros por hora, provocando la caída de árboles, daños en viviendas y el desbordamiento de ríos y arroyos. En medio de esta devastación, las inundaciones en el condado de Pinellas han puesto de manifiesto algunas conclusiones sobre los peligros ocultos asociados con los vehículos eléctricos.
Según han relatado las autoridades estadounidenses, las inundaciones causadas por el aumento del nivel del mar han sumergido automóviles de todo tipo, tanto de combustión como eléctricos, provocando un número de incendios superior al promedio en estos últimos. Los fabricantes han aconsejado a los propietarios retirar sus vehículos de las áreas de riesgo y, si han estado sumergidos, no utilizarlos y mantenerlos alejados de casas y otros vehículos.
También han recomendado no cargar, conducir ni almacenar estos coches en casa o en garajes inundados, y mantenerlos alejados de materiales combustibles. Además, sugieren remolcar los vehículos a un concesionario para una inspección profesional.
La sal conduce mejor la electricidad
Los vehículos eléctricos, al igual que los de combustión, pueden sufrir daños significativos por el agua dulce, que puede provocar cortocircuitos en la batería de 12V. No obstante, la gran batería de tracción de los vehículos eléctricos está encapsulada, lo que reduce el riesgo de incendio en caso de inundaciones con agua dulce.
En cambio, el agua salada es un conductor mucho más eficiente que el agua dulce debido a su alta concentración de iones minerales, lo que aumenta significativamente el riesgo de cortocircuitos en las baterías de los vehículos eléctricos. Esto quedó reflejado tras el paso del huracán Sandy, en 2012, cuando las autoridades estadounidenses observaron un incremento en los incendios de vehículos eléctricos en contacto con agua de mar.
El riesgo existe, pero no hay una conclusión firme
No obstante, hay que aclarar que aunque el riesgo de incendio existe, es por ahora relativo. Por ejemplo, durante el huracán Ian, entre 3.000 y 5.000 vehículos eléctricos quedaron inundados, de los cuales 600 fueron declarados pérdida total por daños exteriores e interiores. Sin embargo, solo 36 de estos vehículos se incendiaron, lo que representa aproximadamente el 1% del total. Este dato subraya que, aunque el riesgo existe, es relativamente bajo.
La Universidad de Idaho, junto con las autoridades estadounidenses, realizó un estudio para determinar la forma en que el agua puede entrar en contacto con las células dentro del paquete de baterías, con el objetivo de encontrar soluciones para eliminar (o minimizar) los riesgos. La investigación involucró el Tesla Model X, S, Y y 3, además del Porsche Taycan y el Lucid Air. Según la investigación, ninguno presentó riesgos de incendio. Aun así, los autores destacaron que el riesgo está presente, incluso después de que la batería se seque.
La Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras (en sus siglas en inglés NHTSA) dependiente del gobierno de EEUU ha investigado durante más de una década la respuesta de los coches eléctricos al entrar en contacto con el agua salada del mar. Todavía está lejos de elaborar una conclusión firme, pero este organismo sí reconoció que el salitre puede penetrar al interior de las baterías y reaccionar con los iones de litio generando llamas, sin necesidad de que exista ningún elemento combustible cerca.
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