
En nuestra vida social, las amistades juegan un papel crucial, nos proporcionan apoyo, afecto y confianza. Sin embargo, no todas las relaciones amistosas son saludables, y muchas personas acuden a terapia por este motivo. Las relaciones de amistad problemáticas o tóxicas nos hacen plantearnos preguntas como: ¿Por qué no puedo ser yo mismo con ellos?, o ¿Por qué siempre arruinan lo bueno que comparto? Estas inquietudes pueden ser indicativas de que mantienes una relación de amistad tóxica.
Cuando un amigo se comporta como un matón
Una investigación publicada en el American Journal of Sociology recogido por la revista Forbes sugiere que el acoso y la agresión son más frecuentes dentro de los círculos de amigos que fuera de ellos. Cuando una persona recurre a victimizar a alguien por popularidad u otros objetivos, suele empezar por un amigo. Este comportamiento puede manifestarse de varias maneras, como humillaciones públicas o la revelación de secretos.
Si te encuentras en una situación en la que tu amigo te humilla o te hace sentir incómodo constantemente, es crucial reconocer que tus sentimientos son válidos. Minimizar lo que sientes solo agrava la situación. En estos casos, hay dos maneras de abordar el problema: mantener una conversación sincera con tu amigo para establecer límites claros o, si el comportamiento persiste, considerar terminar la amistad.
No se recibe lo mismo que se da
Otro tipo de amistad tóxica es la amistad parasitaria. Este tipo de relación se caracteriza por un desequilibrio en el dar y el recibir. Un amigo parásito puede centrarse excesivamente en recibir ayuda sin ofrecer nada a cambio, lo que puede llevar a que te sientas agotado o cosificado. Otra investigación publicada por el British Journal of Social Psychology ha demostrado que las relaciones basadas en la utilidad rara vez duran, ya que nadie puede ser útil a otra persona para siempre.
Para identificar si estás en una amistad parasitaria, pregúntate si te sientes cosificado o agotado por la relación. Si la respuesta es afirmativa, es posible que estés tratando con un individuo parasitario. En estos casos, es importante evaluar si la relación te aporta algo positivo o si es mejor ponerle fin.
Cómo saber cuando una amistad es sana
Según la psicóloga Silvia Congost, elegimos a nuestros amigos por quiénes son y cómo nos hacen sentir. La amistad debe ser una relación desinteresada y de elección propia, donde se busca la compañía de aquellos que nos complementan y compartes nuestros intereses y aficiones.
Cuando estamos con nuestros amigos, el cerebro libera endorfinas, lo que genera una sensación de conexión, paz y apoyo. Este efecto positivo en la salud emocional se traduce en una mejora de la autoestima y, en última instancia, en una mayor felicidad. La amistad permite ser uno mismo sin el compromiso y las normas que a veces se establecen en relaciones familiares o de pareja. Un buen amigo está presente en los momentos difíciles, pero también en los alegres, y ofrece un apoyo incondicional. Conocen nuestras debilidades y defectos, y nos aceptan tal como somos, sin juzgarnos. Esta aceptación y comprensión fortalecen la seguridad en uno mismo y mejoran el autoconcepto.
Aunque no mantengan un contacto permanente, los verdaderos amigos mantienen el sentimiento intacto. En los reencuentros pare que el tiempo no ha pasado, y la conexión se mantiene firme. Pasar tiempo con amigos es como sentirse en casa, donde se puede ser honesto y transparente, acumulando vivencias y anécdotas que fortalecen el vínculo. Además, la empatía es fundamental en una relación de amistad. Un amigo se ríe y llora contigo, y comparte emociones y experiencias que refuerzan la complicidad y la diversión. Un buen amigo no juzga por los errores, sino que te apoya y motiva a crecer.
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