
En un mundo donde la moda y el medio ambiente se entrelazan cada vez más, surge la cuestión de si se sabemos lo que llevamos puesto. Muchas de las telas que se utilizan no son inofensivas, ya que están fabricadas con petróleo. Esto hace que sean difíciles de reciclar por el alto contenido de sustancias químicas tóxicas que portan.
Actualmente, muchos de los tejidos que componen nuestra ropa son perjudiciales para el medio ambiente y nuestra salud. Entre ellos, el poliéster, el spandex, el nailon y otros materiales contienen ciertas sustancias nocivas que pueden absorberse a través de la piel, según explica un artículo de la revista Máxima. Por ello, es vital preguntarse por el impacto que puede tener la indumentaria que llevamos, para tomar decisiones conscientes y responsables.
Telas sintéticas en la mira
La moda actual depende en gran medida de materiales sintéticos como el poliéster, que es uno de los más comunes y problemáticos. Durante su lavado, libera microplásticos que terminan en los océanos y, eventualmente, en nuestra cadena alimentaria. “Ayudan a que las sustancias químicas nocivas escapen de las fibras microplásticas y queden disponibles para la absorción humana”, afirma el profesor asociado de ciencias medioambientales de la Universidad de Birmingham, Mohamed Abdallah.
Y es que, Joana Duarte, diseñadora de Béhen, ha explicado que durante su proceso de teñido “es altamente contaminante y está asociado a efectos negativos sobre la salud humana” incluidas algunas enfermedades relacionadas con la inhalación de químicos.
El spandex, conocido por su elasticidad y presente en leggings y sujetadores deportivos, también libera microplásticos y comparte los mismos problemas ambientales que el poliéster. Joana insiste en la consciencia ambiental y recomienda algunas alternativas “como el lyocell y el modal, ambos derivados de celulosa de varios tipos de madera”. Aunque, la diseñadora apunta que se puede comprar “sólo si es necesario y tener en cuenta que son piezas que no se degradarán, permaneciendo intactas durante cientos de años”.
Por su parte, el nailon y el acrílico son materiales incluidos en la lista al ser productos petroquímicos que son tratados con miles de químicos durante su producción. Tal y como afirma el diseñador Don Kaká: “La gente no tiene idea de que la ropa de poliéster y nailon está hecha de plástico puro y se procesa con una gran cantidad de sustancias químicas que destruyen las hormonas y pueden causar enfermedades”.
Finalmente, una tela inesperada dentro de esta enumeración, es el bambú. Y es que, lejos de ser un producto orgánico y natural, la planta pasa por un proceso altamente contaminante, según una investigación por la marca de ropa Patagonia, para hacer más manejable a este material rugoso.
¿Qué alternativas sostenibles pueden sustituir a estos materiales?

Frente a estos materiales dañinos, las fibras naturales y reciclables se presentan como alternativas más responsables. El algodón orgánico, el lino, la lana y la seda son ejemplos de tejidos que tienen un menor impacto ambiental y son más saludables para el uso diario. Aunque el algodón convencional consume grandes cantidades de agua y pesticidas, la opción orgánica reduce significativamente estos efectos negativos.
El lino, en particular, es ideal para climas cálidos debido a su transpirabilidad y baja huella ambiental. El estilista Filipe Carriço lo describe como una excelente elección para los meses de verano, resaltando su frescura y sostenibilidad y detalla que: “Se trata de materiales orgánicos que merecen esta relevancia por su función práctica y su menor impacto medioambiental”.
Además, innovaciones en la moda sostenible incluyen el uso de tejidos reciclados, como los creados a partir de plástico recogido de los océanos. Estas alternativas están ganando terreno en la industria, con fábricas en todo el mundo desarrollando nuevas formas de transformar materiales en fibras reciclables.
Sin embargo, uno de los mayores obstáculos para el reciclaje en la moda es la mezcla de fibras naturales y sintéticas. Estas combinaciones dificultan el reciclaje y aumentan el riesgo de contaminación. Según un estudio de la Universidad de Estocolmo, estas mezclas retienen más sustancias químicas tóxicas, lo que las hace aún más dañinas.
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