
Mira el Atlético al Inter de Milán con cierta nostalgia de tiempos pasados. Los de la solidez defensiva y la máxima rentabilidad en punta. Aquellos años del Cholismo en los que el rival debía coronar un ocho mil para marcarles un gol y ellos castigaban en el área contraria de forma contundente. Esos, precisamente, en los que está imbuido ahora el club nerazzurri y de los que Inzaghi no quiere salir de cara a la ida de octavos de final de Champions ante el Atlético. Su equipo ha encontrado el equilibrio y la continuidad que antes poseía el equipo de Simeone y ahora busca. Y, para mayor similitud, lo ha conseguido empleando el mismo sistema táctico (3-5-2) que alinea el argentino.
Líderes destacados -nueve puntos de ventaja sobre la Juventus con un partido menos- de la Serie A, el vigente subcampeón de Europa es todavía mejor equipo que el del pasado año. Precisamente, aquel partido ante el Manchester City de Guardiola que se proclamó campeón, es el único de los últimos 13 que ha perdido el equipo italiano en Champions. Arroja un saldo de siete victorias y cinco empates. Trece partidos en los que su portería se ha quedado a cero en un 62% -ocho ocasiones- y sólo ha encajado nueve goles. Defensivamente, el Inter de Inzaghi ha subido el nivel respecto a la temporada pasada.
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El muro nerazzurri
Los Acerbi, Bastoni, De Vrij, Pavard, Dimarco, Dumfries y compañía únicamente han encajado 12 goles en 24 jornadas ligueras -0,5 por partido- y en Champions no sólo ha reducido su cantidad de goles en contra, sino que ha minimizado la calidad por disparo de sus rivales hasta 0,06 por remate según Opta. Todo ello pese a haber perdido a Skriniar -estandarte de la zaga- el verano pasado. Inzaghi se mantuvo fiel a su idea de tres centrales con los que ocupa mejor los espacios tanto defensiva como ofensivamente. Acerbi, Pavard y Bastoni. Tres centrales corpulentos, seguros por arriba y rápidos al cruce que no rehúyen el riesgo en la zona de iniciación de la jugada. Cuentan con un buen pie y la capacidad para superar líneas de presión con balones filtrados al centro del campo.

Idea cimentada en Sommer, soporte angular de la circulación nerazzurri. El buen juego de pies del veterano meta suizo de 36 años pemite al Inter presentar más jugadores que el rival en la zona de inicio y, por ende, circular el balón en superioridad hasta encontrar al hombre libre. Dumfries y Dimarco, con buena zancada y portentoso físico, ofrecen la posibilidad de salir largo por los costados. Además de la retaguardia, el Inter también brilla en un ataque reinventado tras las salidas de Dzeko y Lukaku. Su estado de forma ofensivo es extraordinario: ha marcado cuatro goles en cada uno de sus dos últimos encuentros -ante Salernitana y Roma-, lleva ocho victorias consecutivas entre todas las competiciones -seis en liga y dos en la Supercoppa- y no pierde desde que lo hiciera, con muchos suplentes en el once, en diciembre ante el Bolonia en octavos de final de Coppa.
Del pie de Sommer a la duda de Morata
Todo ello a lomos de Lautaro Martínez y sus 23 goles este curso. Un viejo anhelo -estuvo a punto de fichar por el Atlético- amenaza al equipo de Simeone. “Eligió otro camino, al final ha sido muy bueno para él, lo vemos por lo que le ha pasado”, asegura el técnico argentino 24 horas antes de enfrentarse a su compatriota. A él se suma el buen encaje de Thuram -fichado en verano- a la idea de Inzaghi. El francés permite a su equipo ser muy dominante en transiciones y trazar largos desmarques que pueden hacer daño a la zaga rojiblanca, no la más rápida de la competición. Esta colección de virtudes interistas es lo que lleva buscando Simeone desde el comienzo de temporada.

En ocasiones las encontró, pero le faltaron continuidad. El juego del Atlético ha pasado de práctico a académico. Un equipo que se siente cómodo con la posesión y crea peligro en el área rival porque tiene jugadores de calidad, pero que pierde la mayoría de los duelos individuales en los que tanto insiste el Cholo y necesita una dosis de nervio que caracteriza a los equipos del argentino. El equipo de Inzaghi es un hueso de esos que nadie quiere morder para no poner en riesgo su dentadura y al que los de Simeone tratarán de hincar el diente con su máximo goleador entre algodones. Morata se marchó lesionado del Sánchez-Pizjuán, no jugó ante Las Palmas y, pese a haber entrado en la convocatoria, es seria duda para salir de la partida en Milán. Llorente es el principal candidato a ocupar su hueco. La jornada pasada de sacó un intensivo culminado con dos goles. También podría hacerlo Memphis, cuya media goleadora -0,74- es la mejor de los colchoneros este curso.
Vuelta a casa para Simeone
Cuando el avión del Atlético aterrizó ayer por la tarde en el aeropuerto de Malpensa, a Simeone le agarró la nostalgia al mirar por la ventana. Durante muchos años, aquello que veía tras el cristal fue su hogar. Llegó en la 1997-1998, tras tres campañas en el Atlético con el que ganó Liga y Copa. “Fueron los dos años mejores de mi carrera, tengo un gran recuerdo de la gente, de mis compañeros... Me quisieron un montón y siempre di el máximo. Hay algo que sientes dentro cuando llegas a un sitio donde quieres mucho a la gente. Será igual que cuando jugamos contra la Lazio y es lo lindo del fútbol también”, asegura.
El Cholo será recibido en el Giuseppe Meazza por Inzaghi, un viejo amigo con quien coincidió y ganó Liga, Copa y Supercopa cuando compartían vestuario en la Lazio. “Será un placer tener a Diego como rival. Ha sido un grandísimo compañero, ganamos juntos con la Lazio y luego se marchó, pero nunca perdimos el contacto. Se entendía que sería un gran entrenador, solo hace falta ver todo lo que consiguió. Es muy bonito ver jugar a su Atleti”, se sincera el técnico italiano.
Pasado y presente convergen este martes en recuerdos y oportunidad para Simeone. Volverá a pasar por la Vía Ippodromo, donde vivió en una urbanización cuyos números impares los ocupaban los futbolistas del Inter y los pares los del Milan. Atisbará a lo lejos el restaurante brasileño -Picanhas- al que solía ir a comer y tendrá de nuevo la posibilidad de encarrilar el pase a cuartos de final. Enfrente un espejo, en el que verá reflejado sus “mejores años” como futbolista y a un equipo, el Inter, que proyecta las virtudes que antes hacía el Atlético. Mejor dicho, su Atlético.
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