Mbappé da ventaja al PSG y complica la Champions a la Real Sociedad

Un gol de la estrella del PSG noqueó al equipo de Imanol, que pasó de tutear a los de Luis Enrique a verse condenado por sus propios errores. Barcola hizo el segundo y obliga al cuadro vasco a remontar en Anoeta

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Mbappé golpea al balón durante
Mbappé golpea al balón durante el partido de Champions entre PSG y Real Sociedad (REUTERS).

En París, la ciudad del amor por excelencia, y en el día más romántico del año, la Real Sociedad sufrió su mayor desengaño con la Champions. Desde bien temprano se produjeron los flechazos directos al corazón txuri-urdin. “Si todo va bien serán Oyarzabal y diez más”, aseguraba Imanol el día previo al partido. Horas más tarde, la rodilla izquierda del jugador dijo basta y cambió cualquier planteamiento inicial. Su lugar lo ocupó André Silva. Sin embargo, la incisión más profunda la ejecutó Mbappé, que abrió el marcador en un córner accidentado porque el hombre que le tenía que marcar, Traoré, recibía atención médica tras recibir un golpe en la acción previa.

Con uno menos y a balón parado comenzó la abdicación de la Real, que hasta ese momento habían conseguido anular por completo al PSG y transmitían más peligro cuando llegaban al área rival. Generaban ocasiones y se ilusionaban con tomar París, pero Barcola enterró esperanza alguna tras culminar una cabalgada por banda y deja la eliminatoria muy cuesta arriba para la Real Sociedad que deberá remontar en Anoeta. Uno no puede transitar por Europa sin gol y los txuri-urdin, que no lo tienen si Oyarzabal no está sobre el campo, firmaron su quinto partido consecutivo sin ver puerta.

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Inicio mandón de la Real

Y precisamente de la cualidad que carece la Real, va sobrado el equipo de Luis Enrique. Mbappé sumó su gol 31 en 30 partidos, que se dice pronto. No obstante, la puesta en escena de los donostiarras fue de etiqueta. No se amilanaron ante el recibimiente local que rezaba “París a la muerte”. Mantuvieron el tipo sin altibajos, sostenidos por una idea -la de Imanol- que lleva seis años asentando sus cimientos. Los jugadores jugaban de memoria. Realizaban con plena naturalidad la ocupación de los espacios, las ayudas, no perdían la posición y llegaban a la meta rival. El PSG era la antítesis. Reinaba el desgobierno y la improvisación. Al contrario que la Real, su fuerza se encuentra en las individualidades en lugar del colectivo.

Mikel Merino, afligido por la
Mikel Merino, afligido por la derrota de la Real Sociedad ante el PSG en Champions (REUTERS).

André Silva lanzó el primer aviso nada más pitarse el comienzo. Un buen augurio. La acción llegó tras una pérdida peligrosa de la zaga francesa. No fue la única. Se impuso un ritmo frenético que multiplicaba los errores en ambos equipos. Así llegó también el primer acercamiento del PSG, en el que Remiro sacó una primera mano contra Mbappé. Hacía falta que uno de los dos le diera sosiego al juego. Lo hizo la Real, y gracias a eso encontró sus mejores minutos. Kubo descubrió en Beraldo el eslabón más débil del PSG e insistieron en buscar al japonés en la derecha. Un centro suyo que encontró a André Silva estuvo a punto de sorprender a Donnarumma. Más tarde el larguero repelaría un zurdazo de Mikel Merino. Los txuri-urdin se fueron al descanso esbozando una sonrisa, la de quien sabe que se lo está mereciendo.

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Mbappé decide

Pero en el fútbol en general y en la Champions en particular, el asunto no va de merecer, sino de hacer. Y el PSG lo sabe. Luis Enrique adelantó a Fabián y puso a Vitinha a dirigir las operaciones en su lugar y su equipo comenzó a ganar terreno. No necesitó un dominio clamoroso, tan sólo un córner. Marquinhos peinó y Mbappé, libre de marca, remató en boca de gol. Lo hizo sin oposición porque Traoré, su marcador en las jugadas a balón parado, estaba recibiendo asistencia médica cuando se botó el saque de esquina. Y el encargado de taparle fue Kubo, que se despistó fatídicamente, comprensible en un jugador que no está habituado a ser un secante.

Todo el castillo de las certezas se desplomó por ese fugaz instante. Mbappé se desató y empezó a hacer lo suyo. Un derechazo suyo iba a gol, pero lo rozó Remiro y la desvió al larguero, otro se le marchó alto... De pronto le temblaban las piernas a los donostiarras. Un cambio de orientación de Fabían encontró a Barcola que dribló a un Traoré ido del partido y batió a Remiro. Un partido que se jugó la mayor parte del tiempo bajo la idea de la Real, acabó con la sensación de que el resultado era lo mejor. Porque el PSG transmitía peligro cada vez que cruzaba el centro del campo. París, la ciudad del amor, se convirtió en la del desafecto para la Real que se aferra a Anoeta para la machada.