Huir de Afganistán por ser mujer y jueza: “Los talibanes nos han borrado de la sociedad”

Gulalai Hotak es una de las 180 magistradas afganas que abandonó el país cuando el Talibán regresó al poder en 2021 y ahora reside en España como refugiada. Advierte de que las restricciones de los fundamentalistas están generando graves problemas de salud mental en las mujeres

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Gulalai Hotak, magistrada del Tribunal
Gulalai Hotak, magistrada del Tribunal Supremo de Afganistán, reside en España como refugiada. (Cedida)

Puede que la guerra en Afganistán terminara en agosto de 2021, dos décadas después de que Estados Unidos y las fuerzas aliadas lo invadieran, pero con el regreso del Talibán al poder el país sigue lejos de lograr una paz y estabilidad duraderas. Desde que el grupo fundamentalista islámico retomó el control, la situación de los derechos humanos ha sufrido un importante deterioro, sobre todo para las mujeres, que han quedado prácticamente eliminadas de la esfera pública mediante la promulgación de más de 50 decretos, mientras que el declive económico avanza aumentado la inseguridad alimentaria y generalizando la pobreza.

Los talibanes han excluido a mujeres y niñas de la educación superior, del mercado laboral y de espacios públicos como los parques, de forma que los avances logrados a lo largo de dos décadas (2001-2021) se han esfumado. También sufren restricciones a la libertad de movimiento, deben cumplir un estricto código de vestimenta cubriéndose desde la cabeza hasta los pies y no pueden salir de sus hogares a menos que estén acompañadas por un mahram, un hombre de parentesco cercano como padre, hermano o marido, tal y como denuncia Amnistía Internacional. Tampoco les está permitido practicar deporte o ir a un salón de belleza.

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Como mujer, a Gulalai Hotak le habría tocado sufrir esas prohibiciones, pero se vio obligada a huir de Afganistán el mismo el 15 de agosto de 2021, día en que Kabul cayó en manos del gobierno talibán, porque como jueza del Tribunal Supremo su vida corría peligro. “Los talibanes fueron a mi casa para comprobar si estaba allí y preguntaron a mis vecinos sobre mi paradero y el de mi familia. Está claro que si me hubiera quedado, me habrían arrestado o matado, al igual que a mi familiares”, cuenta a Infobae. Aún así, se considera afortunada porque como su hermano tenía pasaporte político, pudo pasar con él a Turquía y unos meses después llegó a España.

Hotak es una de las casi 180 magistradas que tuvieron que salir de Afganistán por su doble condición de mujeres y profesionales del derecho, y al igual que otras ocho juezas, fue acogida en España como refugiada. De hecho, todas ellas fueron premiadas el pasado mes de diciembre por el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial, un galardón que reconoce el valor de todas ellas por “abrir en Afganistán el camino hacia la democracia”.

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Una rígida interpretación de la ley islámica

Hotak, que juzgaba delitos de terrorismo, crímenes contra la seguridad nacional e internacional y crímenes militares, resume la situación que atraviesan las mujeres en su país en una frase: “Los talibanes han borrado a las afganas de la sociedad”, al tiempo que critica las estrictas normas que han impuesto.

“Las mujeres representan más del 50% de la población total de Afganistán y la mayoría son responsables de sus familias porque sus maridos han muerto en la guerra. En los últimos 30 meses los talibanes emitieron alrededor de 80 decretos y más de 50 restringían los derechos y la vida de las mujeres”, explica Hotak, que considera “irónico que la mayoría de los líderes talibanes se casen con niñas que han recibido una educación, a pesar de tener dos o tres esposas, pero a las niñas no se les permite ahora estudiar”.

Un combatiente del Talibán monta
Un combatiente del Talibán monta guardia mientras mujeres esperan a recibir raciones de comida distribuidas por un grupo humanitario el año pasado en Kabul. (AP Foto/Ebrahim Noroozi, Archivo)

La magistrada también advierte de que la salud mental de las mujeres afganas se ha agravado en estos últimos dos años y medio. De hecho, según un informe elaborado por ONU Mujeres, la Organización Internacional para las Migraciones y la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán, cerca del 70% de las mujeres afganas declararon que sus problemas de ansiedad, aislamiento y depresión habían empeorado significativamente. El informe, que se realizó tras entrevistar a 529 mujeres en 22 de las 34 provincias del país, también recogía una fuerte caída en el poder de su influencia a la hora de la toma de decisiones en el hogar y el 80% de ellas notó que su capacidad para emprender actividades y generar ingresos había disminuido de forma notable.

En realidad, la situación que atraviesan las mujeres afganas se asemeja a la de la época del primer régimen talibán, entre 1996 y 2001, cuando quedaron recluidas en casa bajo una rígida interpretación de la ley islámica o sharía y, por tanto, sus derechos a la educación y empleo fueron eliminados.

Avance en derechos durante dos décadas

Aunque entre 2002 y 2021, bajo la intervención militar de EEUU y sus aliados, las dificultades para las mujeres no desaparecieron, fue un periodo en el que hubo avances y ganaron derechos sociales y económicos. En el caso de Hotak, en esos años pudo estudiar Derecho en la universidad y después se especializó para ser jueza, al igual que otras mujeres estudiaron licenciaturas en el ámbito empresarial y gubernamental y en profesiones como la medicina.

Soldados talibanes celebran el segundo
Soldados talibanes celebran el segundo aniversario de la caída de Kabul en una calle cerca de la embajada de Estados Unidos en la capital afgana. (REUTERS/Ali Khara)

Como se encargaba de delitos que venían de un sistema corrupto, su trabajo no fue precisamente sencillo, y asegura que tanto ella como sus compañeras sufrían “amenazas a diario”. “Ser jueza es difícil en cualquier sociedad, pero serlo en una sociedad tan tradicional como Afganistán y tener que juzgar a los talibanes, que habían cometido crímenes terroristas, es aún más difícil”, asegura. Pero pese a todo, estas mujeres lograron investigar redes de tráfico de drogas en manos de los talibanes y encarcelar a sus líderes, así como defender a mujeres en divorcios.

Hotak, quien a pesar de sus esfuerzos admite con tristeza que no puede ni ayudar a las niñas de su familia, insiste en que las mujeres afganas “necesitan ayuda de forma urgente” y, aunque asegura sentirse a salvo en España y cuenta con una ayuda económica de Cruz Roja, lamenta no haber podido encontrar aún un trabajo adecuado. La magistrada concluye esta entrevista con críticas a la comunidad internacional por “haber dejado solo al pueblo afgano con todos sus problemas” y no condenar las acciones de los talibanes mientras el país “se está convirtiendo en un cementerio de derechos humanos”.

LA inestabilidad y los conflictos de las últimas décadas han hecho que unos 2,3 millones de personas refugiadas y solicitantes de asilo de Afganistán hayan huido a otros países, principalmente a Irán y Pakistán, según datos de la Agencia de la ONU para los refugiados (Acnur).