
“No sé por qué dan tanto miedo nuestras tetas”, se preguntaba hace casi dos años la artista catalana Paula Ribó, más conocida como Rigoberta Bandini, en uno de sus temas. La cantautora publicó Ay mamá en diciembre de 2021 como un alegato feminista y en favor de la diversidad. Han pasado 18 meses, pero la incógnita sigue siendo la misma.
El pasado fin de semana, la Policía Local de Murcia detenía un concierto de la cantante Rocío Saiz porque, en plena actuación, se había quitado la camiseta. Un par de días después, la Generalitat de Catalunya ponía fin a la prohibición de hacer topless en las piscinas municipales de la comunidad. Las situaciones son, cuando menos, antagónicas, pero ponen de manifiesto una realidad: los pechos femeninos, que no los masculinos, generan revuelo.
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“En los últimos años se ha avanzado mucho en derechos y libertades para las mujeres. Lo que estamos viendo ahora es la respuesta del patriarcado y de las fuerzas conservadoras ante los avances feministas”, explica Roser Manzanera Ruiz, profesora de Sociología en la Universidad de Granada e investigadora del Instituto Universitario de Estudios de Género y de las Mujeres. Los acontecimientos de estos días demuestran que el afán por regular y opinar sobre los cuerpos de las mujeres no da tregua.
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La polémica resurgía en un concierto de Rocío Saiz, que actuó el pasado sábado en el centro de Murcia con motivo de las celebraciones del Orgullo. “En la misma canción de siempre donde me quito la camiseta desde hace diez años, la policía ha parado el concierto. No me dejaban seguir si no me vestía. O me ponía la camiseta o me iba esposada”, relata la artista. La cantante ha utilizado su perfil de Twitter para condenar el “abuso de poder” ejercido por los agentes y pedir “espacios seguros” para las mujeres. La también actriz quiso denunciar públicamente que “no se trata de comportamientos aislados” en el mundo artístico. Hace dos años, Pedro Almodóvar sufrió la censura del sistema con el cartel de Madres Paralelas. ¿El delito? Mostrar en primer plano el pezón de una mujer.
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Las tetas, ‘casus belli’ del verano
Este martes, la Generalitat de Catalunya hacía público un comunicado en el que prohibía la aplicación de cualquier ordenanza pública que negase el derecho a hacer topless en las piscinas municipales. Manuela Fernández, directora de la Oficina d’Igualtat de Tracte i No-discriminació del Govern catalán, explica que la norma surge para garantizar el cumplimiento de los derechos fundamentales: “El año pasado, recibimos muchas denuncias por distintos tipos de discriminación en las piscinas, entre ellos la exhibición de los pechos femeninos”. La responsable del departamento asegura a Infobae España que la directriz es “transversal” y contempla posibles sanciones.
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“Lo que defendemos es que cada mujer pueda hacer lo que ella decida, porque en eso radica la libertad. Se trata de un derecho inalienable. Si las instituciones no hacemos nuestro trabajo, dejamos que los cuerpos de las mujeres sean territorio de guerra”, sostiene Fernández, que trata con suma normalidad el asunto. Otras ciudades como Bilbao, Valencia, Zaragoza y Sevilla también permiten el topless en sus piscinas. Sin embargo, la medida ha suscitado multitud de críticas en las redes sociales.
La disposición se plantea como un avance para las mujeres, que son las únicas víctimas, pero escandaliza sobre todo a la población masculina. Así pues, la incógnita del principio recupera todo el sentido: ¿por qué dan tanto miedo unas tetas?. Roser Manzanera Ruiz, experta en Sociología y Género, lo tiene claro: “No es miedo. Los pechos se utilizan como un símbolo de reivindicacion y libertad, cosa que las mentes retrógadas no soportan. Hace no mucho tiempo se controlaban la vestimenta y los roles femeninos. Ahora que hemos superado esa fase, se traslada el combate a la exhibición de los pechos. El patriarcado se agarra a cualquier cosa porque no acepta los avances feministas”.
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