El 7 de junio, la provincia de Buenos Aires anunció una serie de cambios en el sistema educativo del nivel secundario. El más destacado —y el que provocó más controversias— fue que, desde el próximo ciclo lectivo, los estudiantes podrán avanzar al siguiente año con hasta cuatro materias adeudadas. Esta decisión, que se ha interpretado como la anulación de la repitencia, ha suscitado un amplio debate en todas las jurisdicciones del país.
Gustavo Zorzoli, especialista en Educación y ex rector del Colegio Nacional Buenos Aires, visitó las oficinas de Ticmas para analizar los posibles efectos del nuevo régimen en el sistema educativo. Con matices y algunas objeciones, Zorzoli acuerda con un modelo donde el currículum se recorra por materia y no por año.
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—La provincia de Buenos Aires dio a conocer la medida que, desde el año próximo, van a anular las repitencias en el secundario para aquellos alumnos que adeuden hasta cuatro materias. Quería preguntarle su opinión sobre el tema.
—En principio, se ponen en tensión dos modelos diferentes de promoción. El tradicional, que está establecido en la Argentina desde hace más de 100 años, es un modelo gradual. Es decir: se aprueba por grado o por año. Con las salvedades que se han ido instalando a lo largo del tiempo, se pasa de año aprobando todas las materias o desaprobando a lo sumo dos. Eso se ha ido relajando en las distintas jurisdicciones a lo largo del tiempo y entonces te encontrás con situaciones diferentes: por ejemplo, que las materias se agruparon en áreas y un estudiante puede avanzar si se llevó varias asignaturas dentro de esa área; hay jurisdicciones que anularon el sistema de repitencia, como Neuquén o como la ciudad de Buenos Aires, que lo hizo entre el primer y segundo año. La idea básica es que, si no pasás de año, volvés a cursar todo nuevamente.
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—Pero la provincia modifica el sistema.
—La provincia nos propone “Basta con esto”, y tiene buenos fundamentos para tomar esta medida. No tiene sentido que alguien que aprobó ocho de las doce materias vuelva a hacer las ocho, con la posibilidad de que en el periodo siguiente las repruebe, lo que no es poco habitual. En ese sentido, la provincia avanza en que la materia que se aprueba no se habla más de ella. Pero no da el segundo paso.
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—¿Cuál es ese paso?
—La materia que se desaprueba, se debería recursar. Es lo que habitualmente hacen los sistemas universitarios o los sistemas educativos en los cuales el currículum se recorre por materia y no por año. Acá se están haciendo las cosas a medias. En última instancia, lo que propone la Dirección General de Escuelas es una forma más simple de hacer la secundaria. ¿En qué términos? En facilitar el recorrido. Lo que están proponiendo es que se puede pasar de año con cuatro previas, ni más ni menos que eso.
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—Quería ir a eso porque, si bien existe la sensación de emparejar hacia abajo, hay cierto consenso entre los expertos en que es necesario cambiar cómo se realiza el trayecto educativo de los estudiantes.
—Muchos educadores estamos de acuerdo con la aprobación por materia porque vemos mayor eficiencia para el sistema. La repitencia es ineficiente desde donde la mires; hasta desde lo económico. Es muy caro hacerles repetir a los chicos aquello que ya han aprobado. Además, está probado que el rendimiento de los chicos repetidores está por debajo de la media de los no repetidores; incluso después de aprobar las materias que habían desaprobado. No es una metodología remedial; al contrario. Con otra consecuencia que es el abandono. Y, en realidad, me parece que la provincia va por ahí: no quiere desgranamiento, no quiere que esos chicos que repiten abandonen la escuela secundaria.
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—Pero las materias que no se aprueban se trabajan el año siguiente.
—Las vas a “intensificar”. En principio, es una palabra interesante porque, en educación, intensificar está vinculado a profundizar, a estudiar más. Pero acá estamos frente a una situación en la cual no hubo buenos aprendizajes o al menos el rendimiento no fue el esperado, y se plantea un sistema que, a mi entender, no va a resolver la cuestión. Se proponen cuatro períodos de intensificación al inicio y a la finalización de cada cuatrimestre —o sea, son ocho momentos de intensificación—, pero son periodos aislados, acotados, donde los chicos, supervisados por un equipo docente, van a aprobar la materia. Si un estudiante no pudo llevar adelante el estudio de una asignatura en tiempo y forma, difícilmente pueda apropiarse de los conceptos y las herramientas fundamentales en períodos aislados. No suena demasiado coherente.
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—¿Qué debería hacerse?
—Deberían recursar la materia. Pero eso rompe la gradualidad. Es poco probable que un estudiante que no aprobó cuatro materias de doce o trece pueda, al año siguiente, hacer las nuevas más esas cuatro adicionales. En los sistemas que utilizan la aprobación por materia, los estudiantes recursan esas cuatro y, para completar el cronograma de estudios, suman otras. Eso implica que se retrase en algún sentido; la secundaria va a llevarte un poco más del tiempo estipulado. Salvo que organices estrategias diferentes, como instrumentar cursos intensivos en el verano o en el receso de invierno. Lo que plantea la provincia es un paso hacia adelante, la aprobación por materia, pero dos pasos para atrás.
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—¿Por qué?
—El primer año todo va a ser felicidad, y los chicos van a pasar con cuatro materias previas. Pero qué va a pasar en la finalización del siguiente período, cuando ese chico no apruebe otras cuatro materias y todavía no haya podido recuperar dos de la anterior. Eso va a ser una bola de nieve. Además, deja en el sistema un problema que ya venía de antes: hoy, el sistema gradual le propone a un chico que se quedó con Matemática y Biología previas que vaya al año siguiente a las clases de Matemática y Biología, a sabiendas de que no tiene los conocimientos básicos en esas materias. Eso es absurdo.
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—Eso, en el modelo clásico.
—Es un absurdo lo que hoy hace la escuela con el sistema de promoción por curso. Bueno, era la oportunidad de subsanarlo y ahora, al contrario, en vez de subsanar esta incoherencia, se va a agrandar porque puedo pasar con cuatro materias pendientes. Nuestros estudiantes se van a encontrar muy felices con la posibilidad de estar con sus compañeros, pero en cuatro materias van a entender poco y nada.
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