Nicolás Monzón: “Con una palabra, el docente puede cambiarte la vida”

El finalista del Global Student Prize 2022 participó en el ciclo “Es por acá” que organizan Ticmas, Fundación Varkey y UNESCO.

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Nicolás Monzón fue finalista del Global Student Prize

Nicolás Monzón tiene 25 años y una historia que podría ser la de muchos chicos del país. Su infancia estuvo marcada por una situación vulnerable, con un padre cartonero y una madre que participaba en centros de trueque. Pero hoy Nicolás es un ejemplo para muchos. Gracias a su resiliencia, su entrega y confianza en la vocación, actualmente está estudiando tres carreras en simultáneo: Ingeniería en Informática en la UADE, y Licenciaturas en Matemática y Física en la UBA. Además, fundó una startup de desarrollo de software.

El año pasado, Nicolás quedó como finalista del Global Student Prize de la Fundación Varkey, un premio que reconoce a estudiantes extraordinarios de todo el mundo que generan un impacto positivo en sus comunidades. No lo ganó —el premio fue para el ucraniano Igor Klymenko—, pero qué importa. Nicolás es un ejemplo de superación y dedicación que inspira a muchos otros a seguir sus pasos.

Recientemente, como parte del ciclo de charlas “Es por acá”, que organizan Ticmas, la Fundación Varkey y UNESCO en Villa Ocampo, Nicolás Monzón participó en una entrevista en la que habló de sus comienzos, su vocación y la importancia de que los maestros acompañen a los estudiantes en la reflexión sobre el futuro.

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Nicolás Monzón cursa tres carreras: Ingeniería en Informática, Licenciaturas en Matemática y Licenciatura en Física

¿Cómo fue estudiar en un contexto de vulnerabilidad?

—Es una pregunta personal, porque lo que para uno puede ser complicado, para otra persona puede no serlo tanto, ¿no? Mi familia siempre un apoyo, siempre compartimos los valores. Si bien económicamente no estábamos bien, el contexto familiar era bastante agradable. Me impulsaba a estudiar matemática, ya de chiquito.

¿De qué manera te incentivaban en el estudio?

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—Mi familia siempre me incentivó, independientemente si era en el colegio o no. Cuando me empezaron a gustar las computadoras, hice un curso en un instituto de reparación de computadoras y luego también yo dicté clases ahí mismo. Siempre me motivaban, siempre me alentaban. Me preguntaban cómo iba. Por ejemplo, como me gustaban las matemáticas, mi abuela me regaló un libro de la editorial Aula, que me cambió la vida.

¿Cómo te diste cuenta de que te gustaba la matemática?

—Creo que es como preguntarle a un médico cuándo se dio cuenta que quería estudiar Medicina. Uno va notando ciertas cosas. La curiosidad o el hecho de querer saber el porqué de las cosas. La matemática me brindaba una herramienta con la que podía abstraerme de muchas de esas preguntas y generar un enunciado general. Desde muy chiquito —desde los 6 o 7 años— tenía la mucha decisión de avanzar con la matemática.

¿Cómo se "construye" un buen alumno?

¿Cómo se construye un buen alumno?

—Un buen alumno es el que cumple bien el sistema de educación. Pero hay que ver si el sistema está bien armado. Es otra cosa totalmente distinta.

¿Un buen alumno sería el espejo de un buen sistema educativo?

—En parte, sí. El sistema tiene dos grandes partes: por un lado, está el estudio más mnemotécnico y, por el otro, un estudio más orientado a razonamientos. Más allá de definir a un buen estudiante en base a sus notas, creo que es más importante que uno pueda aprender a memorizar lo importante para automatizar su día a día, pero que también pueda razonar para no caer en engaños ni contradicciones.

¿Se puede ser un buen alumno si te llevás materias?

—Sí, ¿por qué no? Si la pregunta apunta al sistema, no lo sé. Pero si es para uno mismo, podría ser totalmente válido. Te podrías llevar materias porque te dedicaste a otra cosa que te hacía crecer como persona en otro aspecto. Yo podría estudiar toda la vida cómo se mueven las alas de una mariposa y capaz que no tiene utilidad en mi contexto. Y, sin embargo, quizás estudié las mil formas del ala de una mariposa. Yo creo que, en la construcción, para usar tu palabra, antes del cómo debería venir el por qué y el cuándo. ¿Cuándo? Cuando uno quiere; o sea: uno se siente a estudiar y se dedica a lo que a uno le gusta. ¿Por qué? Por una búsqueda laboral, por una vocación, por un objetivo final. Son preguntas que les fijan una ruta a muchos estudiantes. Cuando esa ruta no está bien definida aparecen los cambios de carrera o los abandonos.

El tema del año es la inteligencia artificial: ¿cómo pensás el impacto que puede tener en la educación?

—Para mí es un golazo. Tenemos muchas cuentas pendientes en la educación y esto puede redefinir realmente qué es la educación. Y definir qué es la inteligencia. Son contextos separados, pero, en cuanto a la educación, creo que automatiza muchísimas tareas mecánicas. Tenés un asistente. La inteligencia artificial no reemplaza el aprendizaje. Que la inteligencia artificial aprenda no significa que vos aprendas, pero si vos, para estudiar, tenías que encontrar material en una biblioteca, después se hizo más rápido con Google, imagínate ahora que se automatiza el camino para encontrar la información correcta.

El ciclo "Es por acá" es un esfuerzo conjunto de Ticmas, Fundación Varkey y UNESCO

Al principio hablábamos acerca de tu lugar como estudiante y del rol de tu familia, pero quería preguntarte por el rol del docente: ¿qué lugar ocupa en el desarrollo de la vocación de sus estudiantes?

—Yo creo que ayudan como pueden, porque la educación personalizada es la que hace avanzar mucho la vocación de los chicos y en las aulas de hoy en día, una persona puede estar a cargo de 30, 40 chicos. Es complicado. Pero dan en el clavo. Y a mí, muchos de mis profesores me incentivaron a estudiar. Tanto cuando me sentaba adelante de todo, como cuando estaba al fondo y por ahí pasaba más desapercibido. En ambos casos, siempre me motivaron a estudiar. Con una palabra, el docente puede cambiarte la vida.

Hablás de cambiarte la vida y quería preguntarte cómo te cambió el premio de la Fundación Varkey.

—Cambia el contexto. Me ha pasado que muchísima gente se contactó conmigo con dudas sobre sus carreras y agradecen que fuera una especie de portavoz de lo que pasaba en diferentes ámbitos de estudios, que no son visibles. Creo que la Fundación Varkey, más allá del premio y de todo lo que viví, logra poner sobre la mesa la educación en la agenda.

Te convertiste en una suerte de modelo.

—Bueno, muchas gracias. Me alegra mucho. De hecho, quiero fomentar el estudio en ciencias. Qué hay más gratificante que ser libre en el aspecto que más te gusta. La educación te hace libre.

¿Podrías darles un consejo a los chicos que quieren estudiar matemática y a sus maestros?

—A los chicos que quieran estudiar matemáticas o ciencias en general: primero que nada, métanle muchísimo. Porque esto arranca con un: “Para qué voy a estudiar esto, si no sé ni para qué sirve”. Y termina con un: “Cómo no voy a estudiar esto si está en todos lados”. Y a las maestras y profesores que quieran incentivar a sus estudiantes: no subestimen. Motívenlos, apóyenlos. Cada uno tiene su proceso de aprendizaje. Tarde o temprano se lo van a agradecer, porque, cuando se habla de vocación, no hay vuelta atrás.

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