Milei y Caputo festejaron la baja de la brecha cambiaria y el riesgo país pero no hay fecha para salir del cepo

El dólar sigue bajando y suben los bonos de la deuda al calor del ingreso de divisas del blanqueo. La inflación, el principal éxito de gestión que ahora empaña el buen clima financiero

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Aunque la inflación le da una dura batalla, incluso peor a la que esperaba, el ministro de Economía, Luis Caputo, puede ufanarse de haber avisado al mercado hace más de dos meses sobre dos movimientos que según el funcionario eran inevitables pero que a los agentes económicos les costaba “ver”. El dólar y el riesgo país, ambos acoplados apuntando a la misma cifra, al mismo tiempo: 1.100 pesos y 1.100 puntos básicos respectivamente. El billete informal cerró ayer en $1.175 ($5 más que el MEP pero $40 menos que el contado con liquidación que también amenaza con perforar los $1200) mientras que el riesgo país ya volvió a los niveles de abril al cerrar en los 1.188 puntos básicos.

Fue a mediados de julio cuando, en medio de un salto del dólar financiero y la incertidumbre entre los bonistas que había causado el anuncio del plan emisión cero, es decir, la intervención con reservas en el dólar financiero para aplacar la suba, el equipo económico se reunió con una veintena de brokers y representantes de Alycs para explicar y promocionar el blanqueo. En ese encuentro, Caputo aseguró que el dólar -en ese momento coqueteando con los $1.400- iba a bajar hasta los $1.100. Semanas más tarde, aseguró algo similar respecto del riesgo país: sostuvo que no le preocupaba la suba ya que lo consideraba un “lagging indicator”, es decir, un indicador retrasado que en vez de anticipar la suba, la refleja ex post.

Ambas aseveraciones amagan seriamente con volverse realidad en los próximos días, a juzgar por la tendencia de los últimos días en los que la brecha cambiaria cae por debajo de 20% mientras que el riesgo país venció la resistencia y aceleró su retroceso también por debajo de los 1200 puntos básicos. Todo al calor de los dólares del blanqueo que, si bien no alimentan el nivel de reservas netas, promueven una mejora en el crédito privado en dólares y aumentan, de manera indirecta, la oferta de divisas en el mercado cambiario. Es lo que permite al Banco Central sostener la imprevista racha compradora de dólares desde el mes pasado a contramano de la expectativa de un saldo negativo a partir de octubre.

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Los dólares del blanqueo también tonifican la demanda de los bonos soberanos, lo que redunda en la baja del riesgo país que el presidente Javier Milei decidió festejar ayer con una visita a Caputo y su equipo en el Ministerio de Economía.

Tanto festejo y resultado positivo tiene, sin embargo, una pequeña mancha de polvo: de todos los vaticinios del ministro, hay uno que está lejos de cumplirse. En ese mismo encuentro en el que anticipó la baja del dólar, también aseguró que la inflación de septiembre comenzaría con un 1. No es lo que se espera para el dato que se conocerá mañana. Más bien el temor instalado tras el dato del IPC de la Ciudad de Buenos Aires (de 4%) es que tampoco el mes pasado la tasa de inflación haya perforado el duro piso de 4 puntos mensuales.

Aun cuando se confirme un dato menor, lo cierto es que ese nivel de suba de precios sigue algo alejado del nuevo requisito que anunció Milei para levantar el cepo: que la inflación convergiera al 2,5% mensual (lo que denominó 0% en el marco de su plan macroeconómico). No es el único motivo por el cual, a pesar de que los planetas parecen alinearse, el Gobierno no se anima a levantar el cepo. Fue muy claro Caputo el domingo por la noche cuando aseguró que un acuerdo con el FMI sólo se alcanzaría si existieran desembolsos por parte del organismo para acelerar la salida del cepo. En caso contrario, esa salida será gradual. Es decir, lo que sigue impidiendo la eliminación de los controles cambiarios es la falta de dólares en el Banco Central.

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El resto de la tarea, en cambio, está mucho más avanzada: no sólo la brecha y el riesgo país se mantienen a la baja, los pasivos remunerados fueron eliminados y, lo más importante de todo, tras 10 meses de gestión con superávit, el Gobierno demostró su no sólo su convicción en el déficit cero sino también algo de capacidad para sostenerlo.

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