
El creciente flujo de dólares a los bancos para ingresar al blanqueo que ya supera, de acuerdo a los últimos datos disponibles del lunes 23, los USD 1.000 millones por día, empezó finalmente a impactar en las reservas. Ese efecto fue, sin embargo, relativamente menor a la magnitud de la suba de los depósitos ya que mientras los primeros aumentaron más de USD 7.000 millones desde que se abrió el plan de regularización de activos, las segundas acusaron una mejora menor a los USD 1.500 millones recién en los últimos días. En el mercado se atribuye esa variación a la decisión de los bancos de conservar el efectivo en los tesoros de sus sucursales en vez de encajarlos en la cuenta del Banco Central, dada la posibilidad de que a partir de la próxima semana, los depositantes decidieran retirar los dólares ingresados, tal como admiten las condiciones establecidas en el blanqueo.
De ahí que en el mercado, donde está instalada la obsesión por el nivel de reservas del Banco Central desde hace más de un año, se empezó a correr el foco desde las reservas “netas” a las reservas “líquidas”. En ambos casos, con el objetivo de medir el verdadero poder de fuego del BCRA.
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Típicamente, a ese fin los analistas financieros monitorean a diario el nivel de reservas netas, dato que no se publica discriminado en el resumen del Central y que está conformado por los “dólares propios” del Central u otros activos como el oro. En este renglón, el blanqueo no tiene, a priori, un impacto directo aunque tal vez sí indirecto.
Donde el efecto es claro es en las reservas brutas, es decir, el total de dólares en el Banco Central, no sólo los propios sino también los “prestados”. Entre ellos se cuenta, por ejemplo, los encajes de los depósitos bancarios. Se trata de la porción de las colocaciones que captan las entidades financieras que se inmovilizan en el Banco Central. Esos dólares tienen una característica fundamental: aunque integran las reservas brutas, son líquidos. Es decir, son la porción de las reservas que no son propias del Banco Central, a diferencia de las netas, pero son “las que están más disponibles”, la principal característica de las reservas líquidas. Y son, además, las que más podrían crecer a partir del blanqueo.
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El punto fue destacado por el analista financiero Leandro Zicarelli, bautizado como el “Zar” en redes sociales, quien consideró que la diferencia entre reservas”netas” y “líquidas” y, más aún, el solapamiento entre ambas definiciones que en algún punto se desprende de la metodología con la que el Fondo Monetario mide la meta de reservas en sus programas, generó una confusión poco saludable en el mercado.
“El daño que hizo a los colegas el concepto de ´reservas internacionales netas líquidas´. Nadie entiende nada. O medís netas o medís líquidas, mezclar la dos mediciones no tiene sentido y te lleva a conclusiones equivocadas”, afirmó Zicarelli. Ese concepto, reserva netas líquidas, suele interpretarse como la medida de la verdadera capacidad de intervención del Banco Central en caso de crisis cambiaria. Para el analista, esa es precisamente, la conclusión errónea: para intervenir no necesariamente las reservas deben ser netas, pero sí indefectiblemente líquidas. Ante la expectativa de levantamiento del cepo, el detalle no es menor.
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“Ese es justamente el punto, para ver eso (el poder de fuego o capacidad de intervención del BCRA) no hace falta que sean netas”, afirmó. En una publicación de Alphacast, coincide el economista Ivan Baumann Fonay. “Las categorías de reservas netas y reservas líquidas se refieren a análisis en dos dimensiones completamente distintas. Por ello, la intersección entre ambas no tiene sentido. El término reservas netas líquidas no es correcto (o directamente, no existe)”, afirmó.
También puso el foco sobre los encajes y su eventual utilización ante un escenario de crisis dado, precisamente, su alto grado de liquidez. “Otro concepto erróneo es el del estatus de los encajes de los depósitos privados. Esto, en realidad, está mal pensado. Del lado del pasivo, están, efectivamente estos encajes. Del lado del activo, hay divisas. Un dólar de encajes en las arcas del BCRA es indistinguible de uno propio o uno del BIS. ¿A partir de qué momento se empiezan a usar estos encajes? ¿Por qué, incluso, está mal usarlos?” planteó Baumann Fonay en su publicación sobre una cuestión esencialmente técnica pero que empieza a adquirir mayor relevancia dado los resultados del blanqueo.
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