
Cuenta la leyenda que la delegación de Argentina llegó temprano al estadio del Deportivo Chascomús y estaba cerrado. Entonces, Diego Maradona, de briosos 16 años, se bajó del micro, midió el paredón, se trepó y lo saltó. Ya del lado de adentro, abrió una reja y la Selección Sub 18 pudo ingresar para prepararse sin demoras para el amistoso ante un combinado de la Liga Chascomunense.
“No me acuerdo si fue así jaja- se divierte Sergio Luna, el primer gran socio de Pelusa en la Albiceleste, ante la consulta de Infobae-. Pero Diego era atrevido en todos los sentidos, así que puede ser. Venía con más calle que todos nosotros y eso que yo también venía de un lugar con mucha calle”.
Fue allí, a 127 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, donde hace 49 años Maradona jugó su primer partido como titular en una selección argentina, con la curiosidad de que no usó el dorsal 10 que hoy lleva tatuado en la eternidad. El entonces incipiente astro lució la 9, porque el dueño de la chapa de organizador de juego fue el citado Luna, ex Vélez y San Lorenzo, e ídolo del fútbol boliviano.
Avenida Hipólito Yrigoyen 450; todavía hoy, las paredes hablan. Desde octubre de 2025, el perímetro del estadio está cubierto por un mural realizado por el artista local Chiro que evoca aquel mojón en la carrera de Diego. Junto a las imágenes de tres versiones de Maradonas, se lee la leyenda: “23 de marzo de 1977. En esta cancha, Diego Armando Maradona debutó como titular en la selección argentina. el 10, en aquella oportunidad, usó la camiseta número 9 y jugó contra un Selectivo del nocturno de Chascomús, que tuvo como DT a Mingo Lejona, quien justamente le da nombre al reducto albiceleste”.
“Había llovido, fue un partido muy lindo. Tengo hasta un recorte guardado de ese día, era todo conmovedor lo que nos iba pasando. Éramos una linda banda de pibes, con el Vasco (Olarticoechea), Hugo Alves, Sergio Gurrieri, Roberto Gáspari, el Patón Bauza, Víctor Ramos...”, evocó los nombres más rutilantes del plantel que acompañó a Maradona en esa jornada histórica.
Aquel equipo al que monitoreaba César Luis Menotti, y que tenía como orientadores a Rogelio Poncini y Ernesto Duschini, se testeó con los mejores valores del “Nocturno” de la región, un torneo local que había concluido recientemente con la consagración de Casa Halty como campeón.
La curiosidad es que, menos de un mes antes, Maradona había hecho su presentación oficial en la selección argentina mayor, con apenas 16 años y 121 días, al ingresar por Leopoldo Jacinto Luque a los 20 minutos del segundo tiempo en el triunfo de la Albiceleste por 5 a 1 ante Hungría en La Bombonera. “Atrevido, pícaro, encarador”, lo elogió la revista El Gráfico, que lo calificó con 7 puntos.
En Chascomús, volvió el Maradona forjado en el potrero, sin las luces de neón que lo enfocaron en la cancha de Boca y lo persiguieron toda su vida. Pero no en aquel amistoso barnizado de amateurismo, en el que no debió esperar en el banco para imantar la pelota con su zurda.
Domingo Lejona, el entrenador del equipo de Chascomús, sabía lo que era vestirse con la camiseta de la Selección: la había lucido en los Juegos Olímpicos de Roma en 1960. Y fue el encargado de confeccionar un elenco que le ofreciera resistencia a las figuras del seleccionado juvenil, varias de ellas con rodaje en Primera División. A la postre, lo consiguió.
El medio local El Suplente detalló que el técnico citó a los mejores jugadores del momento en la ciudad, como “el Uruguayo Castiglioni, Miguel Acuña, Papelito Andersen, Carlos Cáfaro, Hugo González, Carlos y Julio Zaldúa, Rubén Echayre, Horacio Moja, Rubén Balcaza, Angelito González, Pulga Plaché y Milonga Inchausti”, además de futbolistas nacidos cerca de la popular laguna, pero que se desempeñaban en otras localidades, como “el Loco Armendáriz (Gimnasia) y el Chango Tristán (San Lorenzo de Mar del Plata)”. Además, incorporó algunos refuerzos de renombre. El más conocido, el arquero Héctor Cassé, conocido popularmente como el Mudo, quien tenía solo el 20% de audición, pero llegó a destacarse en la élite con los buzos de Gimnasia y Temperley, y Carlos Bilardo supo llevarlo a la Selección.
Durante el encuentro, que convocó “gran cantidad de público”, según la crónica del diario El Argentino, las emociones se concentraron en la primera parte. Eduardo Delgado abrió el marcador para la Albiceleste a los 19 minutos y Ángel González igualó a los 28, en una acción que desnudó “falencias” en la defensa argentina.

Hasta que los socios ilusionistas ganaron la escena. “Gurrieri, ante una brillante jugada de Maradona y una pelota que Luna bajó de cabeza, quedó solo ante Jiménez poniendo en ventaja nuevamente a la Selección”, destacó el comentario de la época. Tristán firmó el 2-2 y Lunita “tras confusa situación”, rubricó el 3-2 definitivo.
Luego, los cambios desnaturalizaron el desarrollo. “Mientras estuvieron los creadores la selección mostró aceptable nivel”, resaltó El Argentino. Y los creativos eran ellos, Maradona y su compinche Luna, surgido de Sportivo Belgrano de San Francisco (Córdoba), y luego captado en un trabajo de scouting realizado por la Selección en todo el país. Fue la única promesa de esa oleada federal que después tuvo continuidad en el conjunto juvenil. Posteriormente, pasó por Vélez, San Lorenzo y The Strongest de Bolivia -donde es ídolo- entre otros clubes.
“La afinidad entre nosotros nació en los entrenamientos. Éramos dos jugadores que armábamos para adelante. Con la capacidad que tenía él y un poco la que tenía yo, estábamos conectados y sabíamos lo que íbamos a hacer con apenas mirarnos”, ilustró de qué material estaba hecha aquella sociedad que deleitó en Chascomús. Tras el cotejo, Pelusa declaró que integraba “un equipazo”, aunque increíblemente no le fue bien en el Sudamericano Sub 20 de Venezuela (quedó cuarto en el Grupo B y no logró acceder a la fase final) y se quedó sin pasaje para el Mundial de Túnez.
En el amistoso hubo otras figuras, con menos publicidad, pero figuras al fin. En el combinado dueño de casa, según El Argentino, brillaron Horacio Moja y el mediocampista Carlos Zaldúa, quien, a la par de cultivar su carrera como futbolista en la ciudad, ejerció como abogado y le dio su apellido a su estudio jurídico.
“Era un volante de los que hoy se los conoce como ‘mixto’, porque jugaba con el útil en su poder, pero también sabía de marcar y transpirar la camiseta, con un despliegue de energías generoso como inteligente, porque entendía cómo correr la cancha”, lo definió el portal chascomunense El Suplente. Por su función, tuvo más de un cara a cara con Maradona en un duelo tan trascendental como oculto en la carrera del legendario campeón del mundo. Un partido de culto, que vive en el mural pintado en las paredes del estadio, como testimonio de que allí se escribió una historia grande con la tinta silenciosa de un mito.


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