
Las obras de Jeff Koons (York, Pensilvania, Estados Unidos, 1955) son hipnóticas: hace de los objetos cotidianos algo especial nunca antes visto. En poco tiempo, logró ingresar en las grandes ligas del arte contemporáneo y sus lucen protagónicas en museos como MoMA, de Nueva York, el Museo de Arte Moderno de San Francisco o el Ullens Center for Contemporary Art.
Sus ideas fueron evolucionando con el tiempo. Cambió mucho desde que comenzó su carrera ofreciendo como arte un conjunto de aspiradoras hasta llegar al Rabbit, la escultura producida en 1986 y considerada uno de los emblemas del arte del siglo XX. Su subasta superó los 90 millones de dólares. Un precio así de exorbitante hace que se cuestione lo que ofrece Koons. Sus obras puede ser consideradas de una manera totalmente diferente: están los que creen que es un artista revolucionario y otros que simplemente vieron una simple escultura minimalista de un conejo en un color plateado brillante, y que solo responde a un mercado especulativo.
De todos modos, él demuestra que no es un improvisado. Estudió en la School of the Art Institute of Chicago y logró una licenciatura en bellas artes por el Maryland Institute College of Art, de Baltimore, a finales de los años 70. Sin embargo, por su actividad como corredor de bolsa, nunca pudo despegar su nombre y su arte asociado al marketing. En 45 años de carrera ha demostrado que su arte pasó por las facetas más inesperadas: esculturas de mármol, enormes piezas en acero inoxidable o plástico, porcelana, esferas de espejos y obras monumentales como el enorme cachorro realizado con arreglos florales que ubicó frente al Museo Guggenheim de la ciudad de Bilbao, España. Esta diversidad lo convierte en un artista inquieto que a sus 68 años no se detiene y ahora quiere llevar su arte ni más ni menos que a la Luna. Busca llevar una instalación compuesta por 125 esferas pequeñas, con diferentes tallados que representan las fases lunares.

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Su nombre siempre estuvo asociado a las polémicas, desde aquellos que lo denunciaban por apropiación de obras hasta su escandaloso matrimonio con la reconocida actriz porno italiana Ilona Staller, más conocida como la Cicciolina, en 1991, que terminaría en un abrupto divorcio luego de tres años y una pelea en los tribunales por la custodia de su hijo Ludwig. Esas controversias no lograron opacar su imagen asociada a lo minimalista y conceptual, que choca con las denominaciones de sus detractores que lo califican como banal, kitsch y que solo celebra el consumismo. Como si fuera una foto de la sociedad actual.
Aquellos que tuvieron la oportunidad de compartir unas palabras con él argumentan que su obra se completa con su personalidad, es decir, que es clave para entenderlo. Utiliza las palabras sencillas para describir su arte y maneja lo emocional como ninguno, donde es muy difícil darse cuenta si está en pose o realmente es así en su cotidianidad. De todos modos, detrás de esa sencillez, se esconde un personaje muy detallista que busca la perfección en cada pieza. Por esa razón, sus obras demoran años en ser expuestas. Él se encarga de verificar cada detalle y hasta no quedar cien por ciento conforme, esa obra no será presentada al público.

“Mi trabajo trata sobre el deseo, trata sobre crear objetos deseables. La idea de tener una fábrica, un estudio, de hacer algo que sorprenda, no existe. Nunca ha existido. Pero luego está la idea de que es todo por dinero. Y si sólo fuera por el dinero, te puedo asegurar que no tendría tantos gastos, porque todo el dinero que gano va directamente a la producción de piezas nuevas. Va a la realización de la obra de arte. Va a la creación de estas obras”, comentó Koons en una entrevista con la revista GQ. Cuando le pidieron definir su arte, fue contundente: “El arte es la experiencia que tienes contigo mismo, la esencia de tu propio potencial”.

Un claro ejemplo de lo que ocurre frente a su obra, puede verse en el gigantesco ramo de tulipanes de colores atrapados en una mano que presentó en Paris como un símbolo de recuerdo, de optimismo y de recuperación tras los terribles atentados de 2016. Esta obra simboliza un regalo. Además, hablando de la experiencia entre los espectadores y la obra, en algunos casos como sucede con Rabbit. El público puede observarse en la figura y cambiar en su totalidad el momento vivido. A este artista se lo puede amar o cuestionar, pero todos llegan a la misma conclusión. Nadie puede ser indiferente frente a su obra.
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