Mujer narró cómo mató a su expareja, presunto agresor de su hijo, y duró 11 años prófuga: así la capturaron

La vida de Julia Andrea Rubiano ha estado marcada por el abandono, la violencia y complicadas decisiones que la llevaron de vivir en la calle a una larga condena en prisión, siguiendo siempre el anhelo, según ella, de proteger a sus hijos

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María Rubiano contó su dramático relato que inició desde que papá la abandonó y su mamá era alcohólica - crédito Conducta Delictiva/Instagram

La vida de María Rubiano estuvo marcada por la precariedad y la violencia desde la infancia. En el pódcast Conducta Delictiva, afirmó que creció “sin amor de madre”, tras ser abandonada junto a su hermano cuando tenía 8 años.

Rubiano relató que su madre, que “le gustaba mucho el trago”, la dejaba durante días sola en casa, situación que la empujó a vivir en la calle, consumir pegante y buscar refugio en grupos de habitantes de calle en Bogotá.

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Esta cadena de decisiones irresponsables y desafortunadas la llevó a que sus hijos sufrieran las consecuencias: “Yo conocí la calle, conocí mis parejas con los que tengo mis hijos. Después de un tiempo me ajuicié, dejé la calle, me quedé con mis hijos”, contó sobre sus esfuerzos por formar una familia y alejarse de las drogas.

La mujer aseguró que su
La mujer aseguró que su pareja quiso asesinar a su hijo de 12 años - crédito Conducta Delictiva/Youtube

Aseguró que fue madre de cinco hijos y que, ante la falta de apoyo de sus parejas, recurrió al robo y luego al trabajo informal en la calle, limpiando vidrios en semáforos para sostener a sus hijos.

“Yo robé para poderle dar de comer a mis hijos. Después dije: ‘no voy a volver a robar’ y me dediqué a limpiar vidrios”, explicó en la entrevista. Su relación con sus hijos estuvo marcada por la distancia y los esfuerzos por protegerlos: “No me gustaba vivir con tipos porque yo viví eso… yo andaba muy prevenida con mis hijos”.

Un hombre llegó a su vida y terminó de complicar su destino

En el testimonio, Rubiano relató cómo conoció a su pareja, la víctima del caso por el que fue condenada.

Dijo que el vínculo surgió mientras ambos pedían colaboraciones de ropa y comida casa por casa. Tras iniciar una breve relación, de apenas “dos meses”, comenzaron los problemas asociados al consumo de alcohol y la agresividad de su compañero. “Él era muy grosero, borracho… mis hijos no lo querían aceptar porque era muy agresivo”, afirmó.

La tensión aumentó cuando la entrevistada intentó finalizar la relación. “Le dije que no quería más nada con él. Empezó a agredirme y a mi hijo también. Por mi hijo sí doy hasta la vida y por él estoy pagando acá si me toca”.

El episodio culminante ocurrió tras una discusión en la que, según Rubiano, su pareja agredió físicamente a su hijo de 12 años y a ella. “Cuando vi a mi hijo… ahí fue cuando me llené de mucha rabia y dije: ‘es la vida de mi hijo, la mía o la de él’”, recordó.

Ocho días después, el reencuentro entre ambos en la Plaza España, en el centro de Bogotá, derivó en el homicidio. Rubiano aseguró que la agresión se desencadenó tras un forcejeo en público, cuando ella, bajo los efectos del alcohol y tras recibir insultos y amenazas, atacó con una patecabra a su expareja. “Se me pasó una sombra negra por los ojos… cuando él llega y se pone la mano acá y me dice: ‘María, me…’, yo me asusté y salí corriendo”.

La captura se produjo minutos después del hecho, cuando varios testigos alertaron a la Policía sobre el ataque. Rubiano fue detenida y trasladada a un centro de detención preventiva, donde enfrentó los primeros trámites judiciales. “Me llevaron a la fiscalía… allá me consiguieron un abogado y él me dijo que no aceptara los cargos”, detalló. Inicialmente fue enviada a la cárcel El Buen Pastor, donde afirmó haber pasado “un mes y ocho días” hasta que le concedieron prisión domiciliaria.

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La víctima del crimen con arma cortopunzante fue increpado por su expareja en la Plaza España, en el centro de Bogotá - crédito Colprensa

Libertad condicional que omitió durante 11 años

El regreso a su casa supuso un reencuentro con sus hijos, marcado por la culpa y el arrepentimiento. “Les pedí perdón porque yo no debí asesinar a ese muchacho… les conté que por el trago, por eso lo hice”, recordó.

Sin embargo, la situación económica y el temor de que su hijo tuviera que trabajar, según ella, la llevaron a violar la prisión domiciliaria para volver a limpiar vidrios.

Fue así como Rubiano permaneció prófuga durante 11 años, hasta que fue recapturada en circunstancias que vinculó a un robo de celular. En esa ocasión, utilizó un nombre falso, María Cardona, en lugar de su identidad real, Julia Andrea Rubiano, lo que derivó en una condena de 34 años y 3 meses tras las rejas.

Días de prisión en soledad y con sentimientos de culpa

La etapa en libertad estuvo marcada por la adicción al alcohol y nuevos episodios de violencia, así como la pérdida de la custodia de dos de sus hijos menores, que fueron entregados a bienestar familiar. Rubiano sostuvo que no tiene contacto con ellos ni sabe de su paradero. “Cogí la calle y la señora de Bienestar Familiar me los entregó a bienestar y yo no sé nada de ellos”, lamentó.

En sus días en la cárcel, Rubiano sobrevive realizando labores de lavado de ropa para otras internas y enfrenta la soledad. “A mí no me visita nadie. Me ayudan a veces con papel, jabón, pero yo no le pido a nadie”.

Reconoció sentirse arrepentida y pidió perdón a la familia de la víctima y a sus propios hijos: “Yo no lo quería hacer… lloro y le pido a Dios que me perdone, que yo no soy nadie para quitarle la vida a nadie”.