
Los miembros de la administración Trump e, incluso, el propio presidente caen siempre en el mismo error: los inmigrantes indocumentados están quitando los empleos a los negros y a los hispanoamericanos.
Horas después de que el presidente Donald Trump desmantelara un programa de la era Obama, un plan con el que concedió un permiso especial a 800,000 jóvenes inmigrantes indocumentados para vivir y trabajar legalmente en Estados Unidos, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders volvió a hacer la misma afirmación.
"Es un hecho conocido que hay más de 4 millones de estadounidenses desempleados en el mismo grupo de edad que los receptores del programa de Acción Diferida (DACA), donde más de 950,000 son afroamericanos y 870,000 desempleados son hispanos", explicó Sanders durante una conferencia de prensa. "Son grandes grupos de personas que están desempleadas y que, ahora, podrían ocupar esos puestos", afirmó al respecto.
Aquí está el problema: los inmigrantes y los trabajadores nativos son sustitutos imperfectos. No hay pruebas de que los estadounidenses desempleados, ya sean negros, blancos o hispanos, cuenten con las habilidades necesarias para ocupar los mismos puestos ocupados por los jóvenes beneficiarios de DACA.

"Una cosa es decir que hay cientos de miles de minorías de la misma edad que están desempleadas y otra cosa muy diferente es que tengan la misma educación, las habilidades y la experiencia que los beneficiarios del DACA que actualmente están empleados", aseguró Douglas Holtz-Eaking, presidente del American Action Forum y ex asesor en política económica de la campaña presidencial del Senador John McCain.
En oposición a la afirmación de Sanders, el DACA mejora las perspectivas económicas para los empleados poco cualificados nacidos en Estados Unidos. Sin permisos de trabajo, los inmigrantes indocumentados son más propensos a aceptar cualquier trabajo, incluso si ese puesto está muy por debajo de su nivel de habilidad o educación. El DACA, por otro lado, permite a esos trabajadores ir a otros empleos que se ajusten mejor a sus posibilidades, liberando así puestos poco cualificados.
No hay pruebas convincentes de que la inmigración (legal o ilegal) "exprima a los trabajadores nativos de forma sistemática", según remarca Holtz-Eakin al tiempo que recuerda que en los últimos tiempos "hemos experimentado olas de inmigración y, de media, hemos alcanzado el pleno empleo".
El número de puestos de trabajo en Estados Unidos no es fijo. Una afluencia de trabajadores inmigrantes genera crecimiento económico y oportunidades de empleo al aumentar la productividad, de acuerdo a las afirmaciones de Jackie Varas, directora de política de inmigración y comercio del American Action Forum.

"Muchos receptores del DACA también están más capacitados que otros inmigrantes porque poseen una educación universitaria, por lo que no compiten con los estadounidenses poco cualificados", agregó Varas.
Darrick Hamilton, profesor de economía y política urbana en The New School, subraya que los negros y los latinos quieren tener acceso a empleos de calidad, no solo a los puestos de trabajo que están situados en la escala más baja del mercado de trabajo.
"¿Por qué reservamos la parte inferior del mercado de trabajo para los negros y los latinos? Muchos receptores del DACA son estudiantes a tiempo completo que no se dedican a quitar empleos", expresó Hamilton.
De los inmigrantes de más de 21 años elegibles para el DACA, el 12 por ciento tiene el bachillerato, el 3 por ciento tiene títulos superiores y el 84 por ciento ha terminado la escuela secundaria y, algunos, la universidad. Solo el 2 por ciento no se graduó de la escuela secundaria, según un análisis del New American Economy.

Un estudio de Moody's que investigó las políticas económicas propuestas por Trump el año pasado mostró que la eliminación de todos los inmigrantes indocumentados provocaría una recesión económica en tan solo un año.
Otro estudio del Foro de Acción Americano encontró que si todos los inmigrantes indocumentados fueran deportados, no habría trabajadores estadounidenses suficientes para ocupar todos los puestos de trabajo que estarían disponibles.
Trump y sus partidarios se han enfrentado a grupos minoritarios, pero hay una justificación económica para hacerlo.
"Meterse con los grupos estigmatizados y marginados sirve a los intereses de los ricos que se benefician de tales tácticas de segmentación en el mercado laboral", apostilló Hamilton.
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