
El nuevo presidente nunca había ocupado un cargo público hasta su toma de posesión el viernes. Ahora, está al frente de una importante respuesta a un desastre.
El presidente más reciente de Colombia prestó juramento el viernes. El lunes, ocurrió un desastre.
El presidente, Abelardo de la Espriella, es un exabogado penalista sin experiencia política previa. Llegó al poder con promesas de tomar medidas enérgicas contra el crimen y los grupos armados que han resurgido en su país y recibió el respaldo del presidente Donald Trump.
Se postuló como populista y prometió reducir el tamaño del Estado y abordar un enorme déficit presupuestario después de cuatro años de lo que muchos llamaron un gasto descontrolado bajo el mandato de Gustavo Petro, el primer presidente de izquierda de Colombia.
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De la Espriella anunció antes de asumir el cargo que gobernaría desde la costa caribeña de Colombia, cerca de donde se crio, en lugar de hacerlo únicamente desde la capital de alta montaña, Bogotá. Prometió dedicar tiempo a recorrer el país y atender las necesidades de los votantes, en lugar de permanecer instalado en la capital.
Ahora, a días de iniciado su mandato, De la Espriella enfrenta su primera gran prueba.
En un breve video publicado en las redes sociales el lunes por la mañana, que parecía haber sido grabado desde el avión presidencial, dijo que había cancelado sus planes de viaje y se dirigía a Bogotá, donde lideraría "personalmente" la respuesta al desastre.
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Dirigiéndose a las personas en las áreas más afectadas --alrededor del epicentro en la región del Chocó, y en la región cafetalera conocida como Eje Cafetero--, dijo: "No están solos".
Unas horas más tarde, publicó más imágenes, esta vez desde una sala de conferencias donde estaba rodeado de decenas de personas, aparentemente coordinando la respuesta ante el desastre. Música dramática acompañaba el video.
El terremoto ocurrió menos de dos meses después de que un doblete sísmico devastara Venezuela.
El epicentro del terremoto de magnitud 7,4 fue en el Chocó, una región rural a lo largo de la costa del Pacífico de Colombia que alberga a una gran población afrocolombiana y comunidades indígenas. Aisladas geográficamente y por la falta de caminos transitables, algunas comunidades costeras desde hace mucho tiempo solo han sido accesibles por vía fluvial.
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Pueblos y pequeñas ciudades en la región cafetalera vecina, el Valle del Cauca, también sufrieron daños graves, dijeron los funcionarios.
Colombia ha estado sumida durante décadas en un conflicto que aisló a algunas áreas del gobierno y dejó a los grupos armados como la autoridad de facto. Aunque el principal grupo guerrillero del país, las FARC, firmó un histórico acuerdo de paz hace una década, el conflicto se ha reanudado en años recientes.
Los grupos armados se han multiplicado y expandido a más partes de Colombia, impulsados por la creciente demanda de cocaína y un auge en la minería ilegal de oro y otros minerales.
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A medida que los grupos luchan por el control de las rutas del narcotráfico y las minas, han provocado un recrudecimiento de la violencia, matando a líderes comunitarios y obligando a cientos de miles de civiles a huir.
Chocó, donde ocurrió el terremoto cerca del pueblo de San José del Palmar, se ha convertido en años recientes en un foco de enfrentamientos entre dos de los grupos armados más poderosos de Colombia: el Ejército de Liberación Nacional, o ELN, un ejército rebelde de décadas de antigüedad con raíces de izquierda, y el Clan del Golfo, que tiene vínculos con paramilitares de derecha.
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El presidente anterior, Petro, entabló negociaciones de paz con los grupos armados que en gran medida fracasaron.
De la Espriella prometió durante su campaña que atacaría a los grupos armados de Colombia con la ayuda de Estados Unidos. Dejó en claro durante su discurso de toma de posesión que la opción del diálogo con los grupos está "completamente agotada".
Con De la Espriella en el cargo, el gobierno de Trump ha estado buscando acelerar la cooperación militar con Colombia como parte de su esfuerzo en toda la región para ir tras los carteles; el viernes, el Departamento de Estado anunció que ofrecería a Colombia mil millones de dólares en asistencia como parte de una "nueva era en las relaciones entre EE. UU. y Colombia".
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Los expertos dicen que el mensaje de mano dura de De la Espriella podría resultar en un repunte de los ataques por parte de los grupos armados. Durante el fin de semana, circularon videos en línea que parecían mostrar a miembros del ELN. En uno de ellos, se puede escuchar a un combatiente dirigiéndose a De la Espriella, quien adoptó el apodo de campaña El Tigre, y diciendo: "Veamos quién ruge más duro".
Los equipos de respuesta al terremoto podrían estar adentrándose en áreas controladas por esos mismos grupos armados.
De la Espriella ya enfrentaba el desafío de gobernar un país fuertemente dividido. Ganó las elecciones de junio por menos de un punto porcentual, derrotando por un estrecho margen al senador Iván Cepeda, miembro del partido de izquierda que Petro fundó y lidera, el Pacto Histórico.
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Petro ha continuado sembrando dudas sobre los resultados electorales sin pruebas. Cepeda no ha hecho esas afirmaciones, pero él y sus compañeros de partido en el Congreso boicotearon la toma de posesión, y ha llamado a sus seguidores a participar en una desobediencia civil pacífica, señalando los supuestos vínculos de De la Espriella con figuras paramilitares y a su ciudadanía estadounidense, que, según dice, amenaza con socavar la soberanía de Colombia.
Una investigación del Times descubrió que De la Espriella --quien vivió en Miami durante más de una década y cuyos clientes incluían a acusados de narcotráfico que enfrentaban la extradición-- fue investigado por las autoridades estadounidenses en relación con el movimiento de fondos de un cliente acusado en un importante plan de lavado de dinero vinculado al gobierno venezolano, Alex Saab.
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El lunes, cuando De la Espriella publicó desde el centro de comando de emergencias en Bogotá, agregó una leyenda.
"Colombia está unida y saldremos adelante juntos", decía.
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