
Durante 53 años, la Tour Montparnasse ha empañado el perfil urbano de París, una mole marrón tan detestada que algunos locales la describen como la caja en la que venía la Torre Eiffel. Otros bromean diciendo que la mejor vista de París es desde la plataforma de observación del piso 56 de la torre, porque es el único lugar donde no se puede ver.
Pero ahora, el edificio más feo de la ciudad más bella del mundo será sometido a una muy esperada renovación de imagen, tanto la torre de 210 metros (el único rascacielos en un París de techos bajos) como sus alrededores, encabezados por un centro comercial desolado y casi desierto, donde los parisinos sin hogar en ocasiones montan tiendas de campaña.
Nouvelle AOM, un consorcio de arquitectos franceses, está reinventando el rascacielos como una estructura más ligera y transparente, con sus líneas verticales interrumpidas por terrazas con vegetación y un frondoso jardín en la azotea.
La tarea de renovar el centro comercial quedó en manos de Renzo Piano, el arquitecto italiano que se hizo famoso en la década de 1970 por el Centro Pompidou, un importante centro cultural. Su diseño posmodernista, con la estructura y las instalaciones a la vista, también escandalizó a los parisinos en su momento, aunque, a diferencia de lo ocurrido con la Tour Montparnasse, su opinión se suavizó con el paso de las décadas.
Habiendo transformado el paisaje urbano de París en el pasado, Piano insistió en una entrevista en que simplemente estaba "arreglando" esta reliquia de la década de 1970. Él propone fragmentar la imponente plataforma de hormigón en la base de la torre para crear lo que visualiza como una extensión del barrio, con paseos peatonales sinuosos y una plaza arbolada.
"No estamos demoliendo todo; estamos transformando", dijo Piano en su estudio, con aspecto de colmena, en el centro de París. "No es cierto que haya que demolerlo todo. De todos modos, es imposible".
No es que la idea de demoler la torre no le gustaría a muchos parisinos, incluyendo a algunos que defienden el proyecto de remodelación.
"Si pudiera demoler la Tour Montparnasse y convertirla en un jardín, me sentiría muy feliz", dijo Philippe Goujon, alcalde conservador del distrito 15 de París, que comparte el extenso complejo con otros dos distritos, el Sexto y el 14. Sin embargo, eso sería inviable económicamente, dijo Goujon, añadiendo que no quería "que lo mejor sea enemigo de lo bueno".
La propuesta de Piano, dijo, revitalizaría la zona al auténtico estilo parisino; si no recreando el Montparnasse de la década de 1920, que atrajo a Pablo Picasso, Ernest Hemingway y James Joyce, al menos teniendo una agradable oferta de cafés, tiendas y áreas de juego en las azoteas en lugar del distópico entorno actual.
Como muchos proyectos costosos de renovación urbana --este probablemente superará los 700 millones de dólares--, la propuesta de remodelación de la Tour Montparnasse se ha prolongado durante años, enredada en la política, el dinero y las visiones enfrentadas. Ahora que está previsto vaciar la torre de inquilinos y cerrarla al público a finales de marzo, es posible que pronto empiecen las obras.
Pero las discusiones continúan.
Carine Petit, alcaldesa del distrito 14, se opone a la remodelación por considerar que es demasiado comercial y que no dejará suficiente espacio libre para el público. Petit, quien es miembro del partido de izquierda Los Ecologistas, dijo que "los habitantes, e incluso los turistas de París, no necesitan otro centro comercial".
Caroline Morin, de 37 años, quien vive en Montparnasse y es voluntaria de grupos de protección de los animales, comentó que la remodelación desalojaría una colonia de palomas que anidan en el techo del centro comercial. Dijo que los promotores no habían pensado en cómo trasladar a las aves sin dañar a sus polluelos.
"Está bien, no son necesariamente muy populares, pero están ahí, existen", dijo Morin tras participar en una reunión vecinal sobre el proyecto. "Lo único que quieren es formar sus familias, criar a sus polluelos".
A París, señaló Morin, "la representan las palomas: las palomas, las baguettes y las boinas".
Una cosa no representa a París son los rascacielos. La reacción pública a la torre fue tan hostil cuando se inauguró en 1973 que prácticamente garantizó que no se construyeran otros edificios altos en la ciudad (una excepción, la Tour Triangle, está a punto de terminarse en el suroeste de París). París ha exiliado la mayoría de sus rascacielos a La Défense, un distrito comercial al oeste de los límites de la ciudad.
Sin embargo, con el paso de las décadas y contra todo pronóstico, la torre se convirtió en un icono. El escalador urbano francés Alain Robert la escaló varias veces. En 2001, tuvo un papel protagonista en La Tour Montparnasse Infernale, una parodia de las películas de acción de Duro de matar en la que dos comediantes, Éric Judor y Ramzy Bedia, interpretan a unos desventurados limpiaventanas que se ven atrapados en un atentado terrorista.
Incontables turistas siguen acudiendo a la plataforma de observación para ver la vista, y la torre está incluida en el set de Lego de París. Hasta que cerró el año pasado, tenía el restaurante más alto de Europa. Y era una dirección de negocios respetable: entre sus inquilinos figuraban los equipos de campaña de dos presidentes, François Mitterrand y Emmanuel Macron.
Entre los arquitectos, la Tour Montparnasse siempre ha tenido defensores. Daniel Libeskind, quien supervisó el diseño del emplazamiento del World Trade Center en el Bajo Manhattan, la elogió en T Magazine en 2015, diciendo: "Tal vez la Tour Montparnasse no sea una genialidad, pero representó una idea de lo que tendrá que ser la ciudad del futuro".
Recientemente, Libeskind dijo que estaba a favor de que se remodelara la Tour Montparnasse, aunque cuestionó la ambición de los diseños de la torre y el centro comercial. Plantar árboles en el techo, dijo, podría hacerlo más sostenible desde el punto de vista medioambiental, pero apenas alteraría el diseño fundamental.
"La realidad es que nos hemos alejado de adoptar un enfoque radical", dijo Libeskind. "Es una época mucho más temerosa, cívicamente".
La propuesta de Piano fue una solución alternativa después de que los inversionistas se opusieran a un rediseño más extravagante del arquitecto británico-italiano Richard Rogers. Rogers, quien murió en 2021, había sido socio de Piano en el Centro Pompidou. Piano, que ahora tiene 88 años, lo recordaba como su venerado "hermano mayor", con quien rompió todas las reglas cuando ganaron el concurso para construir el nuevo centro cultural en el París de finales de la década de 1960.
"Siempre hay que captar el espíritu del momento", dijo.
¿Y cuál es el espíritu de este momento?
Para empezar, hay un imperativo de sostenibilidad, dijo Piano. Su diseño deja intacta gran parte de la estructura y reutiliza el hormigón, lo que reduce el dióxido de carbono emitido durante la construcción. Piano, entre cuyos edificios se encuentran el Shard de Londres y el New York Times Building de Manhattan, fue cuidadoso en no criticar la arquitectura original de la Tour Montparnasse. Pero cuando se le preguntó si él habría diseñado algo parecido, incluso en la década de 1970, arqueó las cejas.
"¿El mismo año que estaba construyendo Beaubourg?", preguntó, utilizando el nombre coloquial del Centro Pompidou.
Eso devolvió al señor Piano a la idea de "arreglar". En un mundo de recursos limitados, dijo, tiene valor construir sobre estructuras existentes, incluso aquellas que no son apreciadas, en lugar de derribarlas para levantar algo nuevo. También es menos arriesgado. En los años posteriores a la inauguración del Centro Pompidou, dijo Piano, evitaba dar su nombre a los taxistas parisinos para ahorrarse una reprimenda.
"Espero que esto no sea así", dijo sobre el nuevo aspecto de la Tour Montparnasse. "No creo".
Mark Landler es el jefe de la corresponsalía en Londres del Times. Cubre el Reino Unido, así como la política exterior estadounidense en Europa, Asia y Medio Oriente. Es periodista desde hace más de tres décadas.
Ségolène Le Stradic es una periodista e investigadora que cubre Francia.
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