
(Critic's Notebook)
Desde que se estrenó "Melania", la película sobre los 20 días previos al segundo periodo de Melania Trump como primera dama, en el Kennedy Center, ha sido objeto de críticas y de burlas por igual, con reseñas y memes que han estallado tanto en los viejos como en los nuevos medios de comunicación.
Se ha descrito a la película como una "pieza elaborada de taxidermia de diseño" (The Guardian), "propaganda" (The Daily Beast) y "falso documental" (Vanity Fair). Se ha analizado y debatido su éxito en taquilla a medida que se difunden informes sobre su estreno récord e imágenes de cines vacíos. Sin embargo, en medio de todo ese barullo, se ha pasado por alto un punto esencial.
Este no es un documental. No es un publirreportaje del gobierno o la familia Trump. Es el lanzamiento oficial de una nueva marca de estilo de vida llamada "Melania", por supuesto.
De ahí las múltiples referencias que Melania hace sobre su "visión creativa" dentro de la película, con la toma de posesión como carta de presentación. De ahí las numerosas escenas amorosamente enmarcadas de sus altísimos tacones de aguja. De ahí la gran cantidad de tiempo que la película dedica a los detalles de sus trajes de investidura: su insistencia en que el escote de la blusa que usó en la toma de posesión fuera pronunciadamente cruzado, en lugar de drapeado, y que la banda de su sombrero fuera media pulgada más estrecha. De ahí la revelación de Hervé Pierre, el diseñador que también trabaja como estilista de Melania, de que el vestido inaugural tiene sus colores: "blanco y negro".
Melania Trump está de acuerdo. "Es muy yo".
(En cambio, los colores de su marido son dorado, rojo, blanco y azul).
Sin embargo, la marca debe ser algo más que una serie de superficies brillantes. Debe al menos insinuar que tiene valores. De ahí las repetidas referencias a su compromiso con la familia y las conversaciones sobre la continuación de su trabajo en favor de los niños.
Marc Beckman, agente de Trump desde hace mucho tiempo, resumió la idea en una entrevista con The Times en Londres la semana anterior al estreno: "Se trata de apoyar la marca de lujo que ella está creando".
El rastro de migajas de pan de la marca Melania se ha ido esparciendo a lo largo del segundo periodo presidencial de Trump, casi como un comercial promocional extendido. Empezó años antes de diciembre de 2024, cuando comenzó a rodarse "Melania", la película.
De hecho, la marca de Melania se planteó originalmente en el primer periodo presidencial de Trump, cuando demandó a The Daily Mail por difamación al afirmar que una agencia de modelos para la que había trabajado en la década de 1990 también era un servicio de acompañantes.
La implicación, según la demanda, afectaba la "oportunidad única en la vida de la primera dama, como persona extremadamente famosa y conocida, además de exmodelo profesional, portavoz y empresaria de éxito, de lanzar una marca comercial de amplia base en múltiples categorías de productos". Aunque la marca no tomó forma en aquel momento, la demanda se resolvió, y Trump recibió casi 3 millones de dólares y una disculpa pública; así se plantó la semilla.
Empezó con el libro de memorias, "Melania", publicado en octubre de 2024, con su vistosa portada en blanco y negro. Continuó con la toma de posesión, con ese vestido de gala blanco y negro de Pierre. Siguió con el retrato oficial de Trump, en el que aparecía ella con su característico traje de esmoquin negro Dolce & Gabbana y camisa blanca, de pie, como una jefa, detrás de un escritorio con acabado de espejo. Y ahora ha alcanzado su apogeo con esta película.
"La visión de Melania es muy simétrica, de ángulos rectos, en blanco y negro", aseguró Beckman a The Times de Londres.
Un ejemplo: los carteles de la película, con letras negras en forma de bloque que dicen "Melania" sobre un fondo blanco y la imagen de la primera dama, captada por la fotógrafa de moda Ellen von Unwerth, sentada en una silla geométrica, de lado, con un traje sastre negro, una camisa blanca y tacones de aguja negros, o de frente con una blusa negra de cuello de tortuga y el cabello suelto y ondulado.
En la proyección especial en la Casa Blanca para invitados como Tim Cook y la reina Rania de Jordania (que sale en la película), les obsequiaron a los espectadores botes de palomitas blancos con la palabra "Melania" en letras negras, galletas "Melania" en blanco y negro y pasteles en paleta color blanco y negro. El vestido negro de Dior con cinturón de Alaïa que Melania usó para tocar la campana en la Bolsa de Nueva York hacía juego con la alfombra negra que eligió para el estreno, a juego con el traje negro Dolce & Gabbana y los altísimos tacones negros que llevó para hacer su entrada en el evento.
Y, por supuesto, el logotipo de su productora, Muse Films, con la puntiaguda M blanca y plateada que surge de la oscuridad como la señal de un superhéroe que da comienzo a la película.
Todo esto no debería ser una sorpresa, dado el compromiso de la familia Trump con la creación de marcas personales, que se ha extendido desde perfumes y zapatos deportivos hasta monumentos nacionales. Incluso Kai Trump, nieta del presidente Donald Trump, tiene su propia marca. Sin embargo, esta vez se está llevando todo a otro nivel.
Olvídense de los adornos navideños y las joyas que Melania Trump ha vendido anteriormente en su sitio web. Está claro que esta vez tiene ambiciones mucho más grandes, aunque el primer producto que venda sea ella misma.
En ese sentido, "Melania" es un documental revelador. No de la forma que esperábamos, sino porque nos permite saber qué esperar en el futuro.
El presidente Donald Trump y la primera dama Melania Trump en un baile inaugural en Washington, el 20 de enero de 2025. (Ruth Fremson/The New York Times)
La primera dama Melania Trump llega al estreno del nuevo documental "Melania", en el Kennedy Center de Washington, 29 de enero de 2026. (Doug Mills/The New York Times)
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