Especial para Infobae de The New York Times.
Brissa Ortega y Devin Joll aún no han decidido cuál será la mejor manera de informarles a casi 35 de sus amigos, familiares y compañeros de trabajo que ya no están invitados a la boda de la pareja en noviembre.
Ortega, de 33 años, analista de mercadotecnia de productos en la compañía de seguridad de software Synopsys, y Joll, de 34 años, planeaban en un principio casarse en agosto de 2020. Habían invitado a cerca de 80 invitados por teléfono y de boca en boca antes de posponer el evento a causa de la pandemia, y les dijeron a todos los que preguntaban que pensaban reprogramarlo.
Tras considerar nuevas fechas en agosto de 2022, así como en abril de 2023, la pareja se decidió por el 27 de noviembre. Al volver a planificar su boda, se dieron cuenta del “aumento de precios” de muchos proveedores, afirmó Ortega. Para reducir sus gastos, ella y Joll, que viven en Santa Clara, California, redujeron su lista de invitados a unas 45 personas antes de reservar el lugar del evento, un complejo turístico en el valle de Napa, en California, a principios de este mes.
Ahora que han conseguido el lugar, se enfrentan a un dilema: cómo avisarles a quienes ya no están invitados o si deben hacerlo. “No creo que de momento vayamos a decir nada, porque va a ser una boda muy pequeña” en comparación con el evento que habían pospuesto, comentó Ortega.
Aunque la etiqueta se ha vuelto más relajada, algunos consideran que la cancelación de las invitaciones de boda es algo que no se ve nada bien. Sin embargo, la pandemia persistente ha obligado a las parejas a hacerlo en los últimos dos años, por razones como los cambios en los protocolos de COVID-19, el aumento de los costos y una oleada de eventos aplazados que ha provocado que muchas personas tengan problemas para encontrar lugares disponibles.
Aunque las invitaciones solo se entreguen de palabra, siempre hay que informarles a los invitados que ya no están invitados, señaló Elaine Swann, experta en etiqueta y fundadora de la Swann School of Protocol de Carlsbad, California. Sugiere cancelar las invitaciones de la gente de la misma forma en que se hicieron. Por ejemplo, si los invitados recibieron tarjetas de invitación por correo, se les debe notificar por correo que ya no están invitados.
Sea cual sea el medio, las parejas deben ser transparentes sobre lo que provocó esa decisión, explicó Swann. “Aquí es aceptable ser muy honesto y decir: ‘Hemos decidido tener una celebración mucho más pequeña’”.
Mary Guido, que dirige Mary Guido Atelier, una empresa de organización de bodas en Washington D. C., recomienda ser “veloz y personal” a la hora de informar a los invitados que ya no están invitados.
Tras la aparición de la pandemia, ella y quien ahora es su marido, Nicholas McMurray, de 33 años, redujeron drásticamente el tamaño de su boda, celebrada el 30 de mayo de 2020. Guido y McMurray, director de políticas públicas en ClearPath, una organización dedicada a la energía limpia, mantuvieron su fecha, pero optaron por una ceremonia en la que ellos mismos se unieron en el Tregaron Conservancy de Washington, en presencia únicamente de un fotógrafo. Por teléfono, les avisaron a las 175 personas invitadas que ya no lo estaban.
“Fueron muy compasivos y comprensivos”, afirmó Guido, de 30 años, también directora de eventos globales del Foro Internacional de Mujeres.
Cuando Ashley Montufar, de 31 años, y Zachary Burgess, de 30, decidieron posponer la fecha original de su boda, que era el 26 de septiembre de 2020, ya habían enviado los avisos de reservar la fecha a cerca de cien invitados, a quienes primero se les notificó el cambio de planes a través de las redes sociales, por teléfono y verbalmente.
Tras el aplazamiento debido a la COVID-19, la pareja, que vive en Millington, Nueva Jersey, no quiso reagendar la fecha por el mismo motivo. Para permitirse cierta flexibilidad, al principio se abstuvieron de dar detalles sobre sus planes futuros y se limitaron a decirles a los invitados que la boda estaba en pausa y que estaban considerando nuevas fechas.
Montufar, ingeniera asociada en ExxonMobil, y Burgess, jefe del área digital y de análisis en la empresa de salud de los consumidores Haleon, decidieron finalmente intercambiar votos ante cinco familiares en junio de 2021 en la azotea del hotel William Vale de Nueva York. La recepción tendría lugar meses después, en septiembre. Por razones de costos y seguridad de sus invitados, decidieron invitar únicamente a 40 personas a ese evento, que celebraron en el patio trasero de su casa.
Antes de la recepción, las personas que figuraban en la lista original de invitados a la boda recibieron por correo una de dos tarjetas postales. En una, Montufar les decía a los destinatarios: “Nos casamos en privado, pero vengan a celebrar con nosotros el 4 de septiembre de 2021”. La otra transmitía la noticia de que se habían casado legalmente e incluía un enlace a una página web con fotografías y videos de la ceremonia.
La pareja se planteó volver a invitar a su recepción a personas de la lista original de invitados cuando surgieron algunas vacantes de última hora relacionadas con la pandemia. Sin embargo, al final optaron por llenar esos lugares con otros conocidos, como los hermanos de algunos de los amigos que asistirían.
A Montufar le preocupaba que esa decisión pudiera molestar a los invitados desinvitados, quienes vieron fotografías de la recepción en las redes sociales. “Me sentí muy mal, porque obviamente vieron a una de las hermanas menores de una buena amiga, y seguramente pensaron: ‘Ah, invitaron a la hermana pequeña, pero a mí no’”. Nadie ha expresado su decepción a la pareja por la revocación de su invitación, pero Montufar dijo que sigue sintiéndose culpable por haberlo hecho.
Dado que puede parecer poco sincero, volver a invitar a la gente puede resultar el mismo campo minado de etiqueta que cancelarles la invitación, comentó Tracy Taylor Ward, propietaria de la empresa de organización de eventos Tracy Taylor Ward Design en Nueva York. No obstante, en la actualidad, “teniendo en cuenta la situación del mundo y las condiciones cambiantes de la pandemia, animamos a todo el mundo —a las parejas y a sus invitados— a que sean comprensivos y consideren que sus seres queridos están actuando con las mejores intenciones”, añadió.
Si vuelven a invitar a una persona a la que se le había revocado la invitación, las parejas deben “ser lo más sinceras que puedan” y adoptar un tono informal, propone Gayle Szuchman, presidenta de Events by Gayle en Norwalk, Connecticut. “Incluso hay que considerar la posibilidad de añadir algo de humor, algo como: ‘Vamos a intentar esto de nuevo’ o ‘Por favor, sé nuestro invitado, otra vez’”.
Últimas Noticias
Salchichas, mojitos y perros: la carrera de trineos más animada de Alaska
Reportajes Especiales - Lifestyle

El enigma de por qué los gatos siempre parecen caer de pie
Reportajes Especiales - Lifestyle

La industria del bienestar de las mascotas está en auge. También sus precios
Reportajes Especiales - Business

El Pentágono informó que la primera semana de la guerra contra Irán costó más de 11.300 millones de dólares
En una reunión informativa en el Capitolio, los funcionarios dieron su evaluación más completa del costo de los primeros seis días de la guerra, pero la cifra omitió varios aspectos de la operación

En Canadá, dos personas mueren después de una donación pagada de plasma
Reportajes Especiales - News


