La frontera norte que América Latina observa

El límite mexicano no es una orilla del mapa. Es el lugar donde el país compite todos los días en la economía global

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Camiones esperando en el puente
Camiones esperando en el puente fronterizo Zaragoza-Ysleta para cruzar la frontera entre México y Estados Unidos, en Ciudad Juárez, México (REUTERS/José Luis González)

La frontera norte mexicana no es una orilla del mapa. Es el lugar donde el país compite todos los días en la economía global. Y, cada vez más, es también el punto donde América Latina puede entender cómo insertarse con mayor inteligencia en las nuevas cadenas de valor.

Aquí no se discuten teorías: se mueven mercancías, se ensamblan vehículos, se producen dispositivos médicos, se fabrican componentes electrónicos y cruzan miles de millones de dólares en comercio cada semana. Los datos son claros. Los estados fronterizos generan alrededor del 35% del PIB nacional y concentran cerca del 60% de la manufactura de exportación mexicana.

Hay, además, un dato que coloca a la frontera norte en una dimensión global: alrededor de 600 mil millones de dólares en comercio terrestre cruzan cada año por esta región. Si consideramos que el comercio mundial ronda los 30 billones de dólares anuales, eso significa que aproximadamente 2 de cada 100 dólares que se comercian en todo el planeta cruzan por la frontera norte de México.

No es una cifra retórica. Es un nodo logístico global. México, a pesar de los vaivenes tarifarios, es hoy el principal socio comercial de Estados Unidos y buena parte de ese intercambio ocurre o tienen origen en ayuntamientos que gobiernan con presupuestos municipales muy por debajo de su tamaño económico. Aquí surge una pregunta estructural relevante para los gobiernos locales: ¿estamos gobernando esta región con instrumentos acordes a su peso económico?

El economista Paul Krugman, Premio Nobel de Economía en 2008 y profesor en la Universidad de Princeton, desarrolló la teoría de la nueva geografía económica. Su planteamiento es directo: cuando la actividad productiva se concentra en determinados polos, esos territorios requieren infraestructura, capital humano e instituciones sólidas para sostener su competitividad. Sin esas condiciones, el crecimiento se vuelve frágil. La frontera norte mexicana es uno de esos polos industriales continentales.

Un camión cruza hacia Estados
Un camión cruza hacia Estados Unidos por el puente fronterizo Córdova de las Américas en Ciudad Juárez, México (REUTERS/José Luis González)

Otro referente es Dani Rodrik, profesor de la Universidad de Harvard, quien ha sostenido que el desarrollo exitoso no proviene de aplicar recetas universales, sino de diseñar políticas públicas adaptadas a la estructura productiva específica de cada región. El desarrollo es contextual. Y la frontera norte es un contexto excepcional. A esto se suma el fenómeno del nearshoring. De acuerdo con estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo, América Latina podría aumentar sus exportaciones en más de 70 mil millones de dólares anuales gracias a la relocalización de cadenas productivas. México es el país mejor posicionado para capturar esa oportunidad, y la puerta natural de entrada es, obvio, la frontera norte.

Todo ese dinamismo productivo genera empleo y crecimiento, pero también genera presión urbana: movilidad saturada, demanda de vivienda, consumo intensivo de agua, necesidad de seguridad profesional y servicios públicos eficientes. Por tanto, el fortalecimiento municipal se vuelve un tema estratégico.

En ese marco, la Asociación de Autoridades Locales de México (AALMAC) se convierte en una pieza clave. La frontera norte no es un municipio aislado; es una red de ciudades interconectadas por flujos económicos, sociales y logísticos. La AALMAC da sentido a la suma de nuestros municipios, articula agendas comunes y convierte la coordinación local en una voz colectiva capaz de dialogar con los otros órdenes de gobierno.

Camionetas fabricados en Tijuana, México,
Camionetas fabricados en Tijuana, México, cruzan un puente hacia Estados Unidos tras pasar por la aduana en la frontera de Otay Mesa en San Diego, California, EEUU (REUTERS/Mike Blake)

La Presidenta de México, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, ha planteado con claridad el principio de Crecimiento con Justicia y en la frontera norte esa ecuación es estratégica. El dinamismo industrial debe traducirse en bienestar real para las familias para mantener la estabilidad y competitividad regional, y los gobiernos municipales tenemos mucho que decir y aportar al respecto.

La frontera norte no necesita privilegios. Necesita instrumentos de gobernanza adecuados a su dimensión estratégica. En América Latina, donde muchas economías dependen aún de exportaciones primarias, esa frontera mexicana representa un ejemplo distinto: integración industrial profunda, manufactura avanzada y conexión directa con el mayor mercado del mundo. Así que aquí puede desarrollarse la práctica de una nueva gobernanza local que haga sentido en toda Latinoamérica.

En un mundo que reorganiza su geografía económica, la frontera norte mexicana no es una línea divisoria, es el punto de arranque para todo un subcontinente, y eso obliga a pensarla con visión global para verdaderamente tener mejores gobiernos.

* El autor es Alcalde del Municipio de General Escobedo en Nuevo León, México, y Presidente de la Mesa de Coordinación Metropolitana, Sociedad y Gobierno en la Zona Metropolitana de esa entidad de la República Mexicana.