Esclavitud moderna: el enfermizo negocio de los médicos cubanos

Según parlamentarios europeos, el 80% del dinero “solidario” ganado con el sudor de los médicos acaba en manos del régimen de la isla, que lleva 63 años en el poder y ni una sola elección libre

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Una mujer recibe la vacuna cubana Abdala en La Habana (Cuba), en una fotografía de archivo. EFE/ Ernesto Mastrascusa
Una mujer recibe la vacuna cubana Abdala en La Habana (Cuba), en una fotografía de archivo. EFE/ Ernesto Mastrascusa

Las polémicas brigadas médicas de la dictadura castrista iniciaron en mayo de 1963 cuando la isla ya exportaba ideólogos, entrenadores militares, agentes de inteligencia y “guerrilleros solidarios” a países de África, América Latina y el Caribe. Según datos del Ministerio de Salud de Cuba, las brigadas médicas han prestado servicio en 165 países con más 605.698 “colaboradores”.

Aunque por décadas las brigadas cubanas eran vistas como un modelo “humanitario”, en años recientes ese antifaz se ha venido al suelo. La Vicepresidente del Parlamento Europeo, Dita Charanzová, manifestó que el trasiego de médicos cubanos representa una especie de esclavitud moderna que violenta los derechos humanos. “Viola la legislación del trabajo internacional de trabajo y perpetua un sistema de explotación y separación de familias”. La parlamentaria indicó que más del 80% del dinero “solidario” acaba en manos del régimen de la isla, que lleva 63 años en el poder y ni una sola elección libre.

Por otra parte, en el año 2020, Naciones Unidas también se pronunció sobre el trabajo forzado de las “brigadas voluntarias”. Cabe destacar que la Convención sobre la Esclavitud de 1926, la Declaración Universal de los Derechos Humanos (art. 4), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (art. 8) y el Convenio 105 de la OIT abordan ampliamente la prohibición de la esclavitud, la trata de esclavos y el trabajo forzoso en todas sus manifestaciones.

Se necesitan dos para bailar el tango. La diplomacia de batas blancas ha crecido gracias a un régimen que explota los derechos laborales de sus ciudadanos y otro que está dispuesto a financiar las estrategias de la dictadura más antigua de las Américas.

Fotografía de un grupo de médicos cubanos a su llegada desde Europa a La Habana (Cuba), tras ayudar a atender la pandemia de COVID-19 en Italia. EFE/Yamil Lage/Archivo
Fotografía de un grupo de médicos cubanos a su llegada desde Europa a La Habana (Cuba), tras ayudar a atender la pandemia de COVID-19 en Italia. EFE/Yamil Lage/Archivo

El pueblo cubano también paga el precio. Encontrar un especialista médico en Cuba es como encontrar una aguja en un pajar. No hay ninguno, todos o casi todos se han ido. La dictadura de Castro-Canel manda a todos sus mejores médicos y especialistas alrededor del mundo y deja a su pueblo morir y languidecer lentamente. Una canallada imperdonable.

Una puñalada a nuestros médicos. Al importar médicos de la isla no solo oxigenamos financieramente a un régimen criminal y antidemocrático, sino que le cerramos las puertas a nuestros propios médicos que necesitan empleos, salarios dignos y capacitarse en nuevas áreas de especialización sanitaria.

Prioridades al revés. En países presuntamente “zurdos” como Nicaragua y ahora Honduras, se siguen priorizando a los médicos cubanos por encima de los mal pagados galenos nacionales. Durante la parte más álgida de la pandemia del COVID-19, el dictador Daniel Ortega compró vacunas cubanas y rusas no aprobadas por OMS para priorizar su militante agenda ideológica, poniendo en riesgo la salud y el bienestar del segundo país más pobre de las Américas.

Cada embarque de médicos cubanos forma parte de la diplomacia castrista que por más de 60 años ha servido para perpetuar el mito o leyenda urbana de que en la isla están los mejores médicos del planeta. Falso. Algunas de estas historias alucinantes del Manual Comunista incluyen la cura contra el cáncer, la primera vacuna contra el COVID y por supuesto la primera vacuna contra el VIH-Sida, porque Cuba es un paraíso y el modelo de la sociedad perfecta… para los revolucionarios que no viven allí.

*El autor fue embajador de Nicaragua ante la OEA.

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