El G20 durante su sesión en Osaka, Japón. (Reuters)
El G20 durante su sesión en Osaka, Japón. (Reuters)

El multilateralismo nacido en San Francisco al finalizar la segunda post guerra es cada día más disfuncional. La caída del muro de Berlín como punto de partida de un mundo más estable e inclusivo quedó en un espejismo. Las expectativas de contar con un mecanismo multilateral más cooperativo han quedado sofocadas por políticas de poder. Naciones Unidas y la amplia mayoría de las instituciones del sistema muestran una afectación crónica. Los esfuerzos en temas prioritarios para la supervivencia del planeta, el bienestar de la humanidad y la seguridad colectiva prevista en la Carta de las Naciones Unidas, han quedado postergados por la pugna entre potencias tradicionales y emergentes. La beligerancia arancelaria que transgrede las normativas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), es un ejemplo. La Cumbre del G 20 en Osaka muestra también la falta de voluntad suficiente para administrar los problemas y desafíos globales.

La erosión del multilateralismo ha fracturado equilibrios políticos y jurídicos del derecho internacional y se encuentra afectando la solución de cuestiones urgentes como el cambio climático, los Objetivos del Milenio o la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible que se alargan en negociaciones sine die. En el campo de la seguridad internacional el panorama es igualmente desilusionante. Los acuerdos de desarme brillan por su ausencia. La carrera de armamentos de armas nucleares y de armas convencionales se ha acelerado en un espiral de graves consecuencias potenciales para la paz. También el espacio exterior se ha transformado en puja de poder militar.

Estas circunstancias, que destacan el predominio del unilateralismo o de un multilateralismo selectivo, ponen en evidencia la necesidad urgente de asumir el reto de liderar el objetivo de lograr un sistema multilateral global renovado, más representativo, sobre la base de reglas comunes y la recreación de instituciones creíbles, sólidas y eficaces. Se necesitan nuevos foros de negociación que fomenten la reconstrucción de la confianza internacional y de solución a diferencias y controversias. También redefinir la misión de muchos de los organismos técnicos existentes.

La forma que adopte el multilateralismo será esencial para encarar y eventualmente resolver los graves problemas que enfrenta el planeta. La tarea colectiva implica repensar el multilateralismo en todas sus dimensiones conforme a las necesidades actuales. Es preciso evaluar el desarrollo de la diplomacia ad hoc y de la diplomacia presidencial y de cumbres en el contexto de la readecuación de las instituciones multilaterales. También acordar algunos principios elementales y entendimientos básicos en temas relevantes.

Es hora que los defensores del multilateralismo convoquen a una coalición de países a favor de una diplomacia multilateral del siglo XXI para estimular resultados concretos. Argentina, junto con América Latina y el Caribe, debería estar con pragmatismo a la vanguardia de recrear un sistema multilateral más acorde con las nuevas exigencias de la realidad internacional. También sería un paso en la defensa conjunta de los intereses regionales.

El autor fue vicecanciller de la Nación