
Durante años, los visitantes de la Calzada del Gigante, en Irlanda del Norte, arrojaron monedas entre las enormes columnas de basalto del reconocido sitio natural.
La costumbre, asociada a deseos de buena suerte o a cuestiones amorosas, terminó acumulando miles de piezas metálicas en las grietas de las rocas.
El volumen alcanzó tal magnitud que los conservacionistas tuvieron que intervenir. Desde mayo del año pasado, especialistas trabajaron para extraer las monedas incrustadas en las formaciones geológicas. La tarea permitió retirar más de 20 kilos de metal, una cantidad equivalente a unas 10.000 monedas, según informó BBC.
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El metal comenzó a afectar las columnas de basalto
La intervención estuvo relacionada con el impacto que las piezas producían sobre las rocas. El National Trust, organización encargada de proteger el lugar, explicó que las monedas podían generar daños físicos y químicos en las formaciones.

El Dr. Cliff Henry, responsable de conservación de la naturaleza del National Trust, explicó a BBC Radio Foyle que la acumulación se había convertido en un problema para la estructura de las columnas.
Según el especialista, las piezas metálicas comenzaban a oxidarse y expandirse dentro de las grietas. Ese proceso podía ejercer presión sobre las partes superiores de las formaciones y empujarlas hacia arriba.
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El deterioro también quedaba visible sobre la superficie. Henry señaló que el óxido producido por las monedas descendía por las columnas y alteraba su apariencia.

“Todo ese óxido, esas manchas, bajaban por la parte frontal de las columnas”, afirmó el responsable de conservación. También indicó que el efecto generaba un aspecto negativo y provocaba daños materiales en la calzada.
Un informe elaborado previamente por el Servicio Geológico de Irlanda del Norte había recomendado retirar las monedas para detener el impacto físico y químico que el metal producía sobre las rocas.
Una extracción minuciosa y difícil
Retirar las piezas requirió un trabajo especializado. El National Trust contrató al cantero Nathan Morrow, quien estuvo a cargo de extraer las monedas que permanecían incrustadas en las formaciones.
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La tarea demandó paciencia debido a la profundidad y al estado de algunas piezas. De acuerdo con el Dr. Henry, determinadas monedas estaban fuertemente atascadas y tuvieron que ser desplazadas de manera gradual para poder retirarlas.
El procedimiento varió según la ubicación de cada pieza. Para aquellas situadas cerca de los bordes de las rocas se utilizaron alicates. En los casos más complejos, cuando el metal se encontraba profundamente encajado, fue necesario recurrir a una herramienta de inyección de cemento.
Algunas extracciones demandaron más de 20 minutos, mientras que otras piezas pudieron retirarse rápidamente. Henry describió el procedimiento como un trabajo minucioso que podía resultar satisfactorio y frustrante al mismo tiempo.
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El pedido a los visitantes
La práctica de dejar monedas en la Calzada del Gigante comenzó años atrás y aumentó durante la última década. Los visitantes las introducían entre las columnas como un gesto relacionado con la suerte o el amor, según el National Trust.

Para evitar que el problema vuelva a repetirse, se instalaron nuevos carteles en el lugar. La organización también difundió el pedido a través de sus redes sociales.
Henry recomendó utilizar las cajas de donaciones disponibles en el sitio en lugar de introducir dinero entre las rocas. “Por favor, no depositen estas monedas. Si quieren hacer algo con su moneda, deposítenla en la caja de donaciones y podremos usar ese dinero para buenos fines”, señaló.
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El National Trust estudia además la posibilidad de transformar las monedas retiradas en una pieza de exposición que permita mostrar a los visitantes los efectos que puede provocar esta práctica sobre el patrimonio natural.
El origen de las particulares columnas
La Calzada del Gigante se encuentra en el condado de Antrim, a unos 5 kilómetros de Bushmills, y está compuesta por alrededor de 40.000 columnas de basalto negro que se extienden junto al mar. Por su relevancia geológica y cultural, el sitio fue reconocido en 1986 por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

Su formación se remonta a una intensa actividad volcánica que permitió que la roca fundida ascendiera a través de grietas en la superficie terrestre. La lava se enfrió y se contrajo durante ese proceso, lo que provocó que se fracturara y diera origen a las características estructuras geométricas del lugar.
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La formación geológica también está vinculada con una de las leyendas más conocidas de Irlanda. Según el relato tradicional, el gigante Finn McCool construyó la calzada para llegar hasta Escocia y enfrentarse con otro gigante.
Otra leyenda cuenta que, durante una disputa diferente, Finn arrojó un fragmento de tierra que cayó al mar y terminó dando origen a lo que actualmente se conoce como la Isla de Man.
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