Cómo Rusia priva a los ucranianos de calefacción, electricidad y de sus rescatistas: “No abandonaré mi trabajo”

Los llamados “ataques dobles” —una táctica deliberada documentada en más de 36 casos— dejan médicos y bomberos muertos o heridos mientras trabajan en medio de temperaturas de hasta −26 °C

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Una foto de Oleksandr Zibrov,
Una foto de Oleksandr Zibrov, rescatista ucraniano fallecido durante un bombardeo ruso el 9 de enero. Kiev, 28 de enero de 2026. (Foto: Anna Tsyhyma/The Reckoning Project)

Más de 4.500 veces en 2025 Rusia atacó el sistema energético de Ucrania. Y en 2026 para sus ataques esperó los fríos sin precedentes: durante el último mes la temperatura en las ciudades ucranianas descendió en algunos lugares hasta −20, −26 °C. Las centrales termoeléctricas que suministran calefacción a millones de personas en Kiev, Khárkiv, Dnipró y otras grandes ciudades de Ucrania son objeto de ataques masivos y selectivos con drones de ataque, misiles balísticos y misiles de crucero. Algunas de estas instalaciones han quedado completamente fuera de servicio y se desconoce cuándo podrán volver a funcionar. En el país se ha declarado el estado de emergencia en el sector energético. En Kiev, la capital y la ciudad más grande del país, cientos de miles de personas permanecen sin calefacción ni electricidad y se ven obligadas a protegerse de los bombardeos rusos en medio de frios extremos, ya que otros objetivos civiles también son atacados: zonas residenciales, guarderías, hospitales y empresas. Los rescatistas ucranianos trabajan en condiciones extraordinarias, pero Rusia no les permite cumplir con su labor: médicos, bomberos y trabajadores de los servicios públicos también son atacados directamente durante las operaciones de rescate. Sobre su trabajo en la oscuridad y el frío, en el reportaje el Laboratorio de Periodismo de Interés Público, parte de The Reckoning Project, que reúne a periodistas, analistas y abogados ucranianos e internacionales para documentar crímenes de guerra.

“Esta es mi familia”

El rescatista Vitalii Kachuro, herido
El rescatista Vitalii Kachuro, herido durante el bombardeo ruso del 9 de enero, en una foto con su hija. Kiev, 27 de enero de 2026. (Foto: Anna Tsyhyma/The Reckoning Project)

Por cuarto año consecutivo desde el inicio de la invasión a gran escala, los ucranianos temían el invierno frío, ya que Rusia atacaba la infraestructura energética, lo que provocaba apagones; sin embargo, los cortes de electricidad tenían un horario. Para no solo destruir las centrales termoeléctricas, a los rusos les faltaba un factor clave: un frío prolongado, con temperaturas bajo cero durante varias semanas, lo que aumentaría significativamente la carga sobre el sistema energético y haría que las dificultades fueran mucho más perceptibles para la población. Hasta 2026, los inviernos en Ucrania habían sido inusualmente templados.

La noche del 9 de enero de 2026 puede calificarse como un punto de quiebre. Durante todo el día, en la mayoría de las ciudades ucranianas cayó una lluvia intensa que se congelaba de inmediato. Carreteras, aceras y líneas eléctricas se cubrían de hielo ante los ojos de todos. Y por la noche Rusia lanzó un ataque masivo: utilizó 36 misiles y 242 drones de distintos tipos en todo el país. El golpe principal se dirigió a la región de Kiev: solo esa noche, en la capital, Rusia dejó sin electricidad de inmediato a medio millón de personas.

“Sniazhana, así fue el impacto esta vez”, dice en un video el empleado del Servicio Estatal de Emergencias, Vitalii Kachuro, a su esposa. En las imágenes arde un edificio de varios pisos en la calle Mykola Bazhana, 16, en la margen izquierda de la capital, dividida casi en dos por el río. En la noche del 9 de enero, un dron shahed ruso impactó el edificio. La central termoeléctrica que proporciona calefacción a la mayor parte de la margen izquierda se encuentra a unos 20 minutos en coche de ese lugar. Actualmente, ha quedado completamente fuera de servicio.

Cada vez que salía a una intervención, Vitalii grababa un video para su esposa: le contaba la situación y le decía que estaba bien. Así fue también esa vez. Snizhana recibió el video de Vitalii a la 01:55, pero a partir de las 02:55 él dejó de comunicarse. Hasta las seis de la mañana, Snizhana buscaba en internet videos de lo ocurrido en esa dirección, pero no encontró nada. Llamaba, escribía: silencio. Por la mañana a ella le llamaron del Servicio Estatal de Emergencias: “Solo pregunté una cosa: ¿está vivo?“.

El esposo de Snizhana es uno de los cinco rescatistas y cuatro médicos que resultaron heridos como consecuencia de un segundo impacto de un dron shahed en el mismo lugar. Un médico murió. Todos los heridos fueron hospitalizados, y tres de ellos, incluido el esposo de Snizhana, ingresaron en estado grave a la unidad de cuidados intensivos.

En el apartamento de los Kachuro, un niño pequeño casi de inmediato pide que lo tomen en brazos. Se llama Vitalii, en honor a su padre. El pequeño Vitalii, de dos años, es el hijo del medio; el menor, Andrii, tiene tres meses, y la hija mayor, Emilia, seis años.

En casa, Vitalii siempre intentaba pasar tiempo con sus hijos. Les cantaba canciones de cuna por la noche.

“Todos son tan abiertos como su papá. Ahora les falta muchísimo su atención”, explica Snizhana.

Los hijos del rescatista Vitalii
Los hijos del rescatista Vitalii Kachuro, herido durante el bombardeo ruso del 9 de enero. Kyiv, 27 de enero de 2026. (Foto: Anna Tsyhyma/The Reckoning Project)

Vitalii continúa en estado grave en cuidados intensivos. Durante el primer día en el hospital, su corazón se detuvo dos veces. Los fragmentos causados por el segundo ataque del dron shahed le provocaron heridas muy graves: se produjo una hemorragia interna, se fracturaron los arcos vertebrales y se desplazó la columna, sufrió lesiones severas en órganos internos y un trauma craneoencefálico cerrado.

“Por ahora no siente las piernas. En las fotos que me mostraron los médicos se ven grandes heridas en el cuerpo, órganos internos, un pulmón. Estas heridas están cicatrizando muy mal. Perdió dos litros de sangre y hubo dos paros cardíacos”, cuenta la mujer.

Vitalii era el único sostén económico de la familia. Para mantenerla, además de su servicio en el Servicio Estatal de Emergencias, trabajaba en otros dos empleos. Junto con su esposa también se ocupaban de un invernadero. En un pequeño terreno heredado de su abuelo, no muy lejos del apartamento, la pareja construyó un parral. Allí cultivan tomates, y en el jardín cercano hay manzanos, perales, ciruelos y frambuesas.

“Le gusta todo lo casero, incluso quería criar gallinas. Y yo le decía: ¿qué gallinas?, si ya tenemos tres hijos y un perro, ¿para qué más gallinas?“, dice Snizhana riendo.

Según ella, Vitalii iba al trabajo como “a una cita”: "Hasta yo le tenía celos“, sonríe Snizhana. “Amo tanto mi trabajo. Esta es mi familia”, decía él.

Vitalii ingresó al Servicio Estatal de Emergencias en 2010. Durante ocho años fue rescatista y, cuando nacieron los niños, pasó al puesto de conductor para tener un horario un poco más liviano: un día de trabajo y tres en casa.

“Con los chicos de su equipo se llevan muy bien. Son amigos de verdad. Se ayudan entre ellos. Si alguno está construyendo una casa, se reúnen todos y van a ayudar”, cuenta Snizhana.

Hace unos meses, cuando la situación en Kiev se agravó, Snizhana le propuso a Vitalii salir al extranjero con la familia. Tienen tres hijos y Vitalii tenía derecho a hacerlo, pero él se negó: “No abandonaré mi trabajo”.

Después del 9 de enero, la vida de la familia quedó como congelada. Cada día Snizhana va al hospital a ver a su esposo.

“Yo vuelvo a la vida cuando voy a verlo. Me reconforta saber que ahora está en un estado más o menos estable. Los médicos le salvaron la vida. Abre los ojos, reacciona a mi voz. Cuando oye la voz de su mamá, se le llenan los ojos de lágrimas”, relata la mujer.

La hija pregunta constantemente cuándo volverá papá: “Le dije que en diez días. Menos mal que todavía no sabe contar; para nosotros esos diez días duran mucho más”. Emilia canta en los videos las canciones de cuna que Snizhana le pone a Vitalii en el hospital.

El hijo del rescatista Vitalii
El hijo del rescatista Vitalii Kachuro, herido durante el bombardeo ruso del 9 de enero. Kiev, 27 de enero de 2026. (Foto: Anna Tsyhyma/The Reckoning Project)

“Tengo que mantenerme fuerte, no hay otra opción. Tengo tres hijos y un esposo al que hay que volver a poner de pie. Todos lo estamos esperando con muchísimas ganas”, dice.

Un colega de 36 años, Oleksandr Zibrov, que trabajó esa misma noche y también resultó herido durante el segundo ataque ruso del 9 de enero, murió en el hospital a causa de las graves heridas. Los médicos lucharon por su vida durante 18 días. El 28 de enero, durante la despedida, un coche fúnebre negro salió del cuartel de bomberos donde trabajaba Oleksandr. El sonido de las sirenas de los camiones de bomberos se escuchaba a lo lejos. Sonaban desde todos los vehículos del cuartel en Darnytsia. Todo el personal estaba de pie, firmes, con la cabeza inclinada hacia el suelo.

“Salvó innumerables vidas, pero no pudo salvar la suya”

Rescatistas se despiden de su
Rescatistas se despiden de su colega Oleksandr Zibrov, fallecido durante un bombardeo ruso el 9 de enero. Kiev, 28 de enero de 2026. (Foto: Anna Tsyhyma/The Reckoning Project)

El ataque del dron que hirió a los rescatistas y se cobró la vida del paramédico Serhii Smoliak ocurrió en el momento en que ya estaban terminando su labor en el lugar del incidente. El equipo médico que había llegado estaba a punto de retirarse cuando un dron volvió a impactar en el patio del edificio atacado, a apenas 50 metros de la brigada.

“Estaban de guardia en el lugar del impacto cuando el dron empezó a acercarse. Corrieron hacia el refugio, pero no lograron esconderse a tiempo”, contó a Suspilne el paramédico Vadym Vilihovchuk, colega de Smoliak. “Las heridas eran incompatibles con la vida. Y el peligro continuaba, por eso los médicos corrieron al refugio hasta que terminó el bombardeo”.

El paramédico Serhii Smoliak, de 56 años, murió en el lugar a causa de las heridas. Otros cuatro de sus colegas resultaron heridos.

“De que en esa noche terrible en Kiev había muerto un médico se informó ya durante la madrugada. Pero jamás hubiera imaginado que, en toda una ciudad tan enorme, el que moriría sería precisamente Serhii”, dice una amiga y paisana del médico, originaria de Kakhovka, en la región de Khersón. Por motivos de seguridad no revelamos su nombre. La mujer añade: “Serhii y su esposa son médicos. En Kakhovka todos los conocían y los respetaban”.

Serhii era originario de Kakhovka, en la región de Khersón. Es una ciudad que actualmente se encuentra ocupada por Rusia. Antes de trasladarse a Kiev, trabajó durante más de 25 años como paramédico jefe del servicio de ambulancias. Tras la ocupación, la familia permaneció varios meses en la ciudad y Serhii continuó trabajando en la “ambulancia”.

Rescatistas se despiden de su
Rescatistas se despiden de su colega Oleksandr Zibrov, fallecido durante un bombardeo ruso el 9 de enero. Kyiv, 28 de enero de 2026. (Foto: Anna Tsyhyma/The Reckoning Project)

La familia Smoliak decidió abandonar la ciudad ocupada en otoño de 2022. Vivir bajo un terror constante se volvió insoportable. A esto se sumaron persecuciones sistemáticas y secuestros de personas por parte de las autoridades de ocupación rusas: en octubre de 2022, los rusos privaron ilegalmente de la libertad al sobrino de Serhii Smoliak, médico anestesiólogo local, así como a una enfermera quirúrgica del hospital municipal, contó la amiga de la familia.

“Nuestra “ambulancia” fue destruida allí en diciembre de 2022: los rusos atacaron y arrasaron tanto el edificio como las ambulancias. Después de eso, no quise quedarme allí ni un solo día más", relató a Suspilne Svitlana Kachan, colega de Serhii, quien lo conoce desde su etapa de trabajo en la región de Khersón.

“Aquí tiene un hijo y dos nietas. Una es muy pequeña, tiene apenas un poco más de un año; la otra está en el primer grado del colegio”, dice Svitlana. “Era un abuelo tan dedicado que en cada turno siempre contaba cómo estaban sus nietecitas. Serhii nunca habría dejado a una persona en una situación difícil sin brindarle su ayuda”.

Una semana antes de su muerte, un dron ruso dañó el apartamento de Serhii Smoliak en Kakhovka. En Kiev, la familia del médico alquilaba una vivienda.

“Logró salvarse del enemigo en la ocupación y salvó innumerables vidas, pero no pudo salvar la suya”, dice la amiga del matrimonio.

Según datos de la organización Médicos por los Derechos Humanos, desde el inicio de la invasión a gran escala se han documentado más de 2.000 ataques contra instalaciones de salud en Ucrania, y más de 300 trabajadores médicos han sido asesinados.

La táctica deliberada de Rusia

Calles de Kiev sin electricidad.
Calles de Kiev sin electricidad. Tras el ataque ruso del 9 de enero, casi medio millón de personas en la capital se quedaron sin luz y parcialmente sin calefacción. 4 de febrero de 2026. (Foto: Olena Maksymenko/The Reckoning Project)

Junto con Oleksandr Zibrov y el médico Serhii Smoliak, en la noche del 9 de enero Rusia arrebató la vida a cinco personas.

Según datos del Ministerio del Interior de Ucrania, Rusia ha atacado a los rescatistas ucranianos más de 60 veces solo en los últimos tres meses de 2025. Cinco rescatistas murieron y más de 30 resultaron heridos.

La abogada y especialista en derecho internacional humanitario Anna Mykytenko, al analizar el ataque del 9 de enero, señaló que los ataques dobles dirigidos contra servicios civiles de respuesta rápida están prohibidos por el derecho internacional humanitario: “Un ataque repetido contra un objeto civil, cuando los servicios civiles de emergencia están trabajando para eliminar las consecuencias del primer ataque, puede considerarse un ataque doble. Tales acciones contradicen el derecho internacional humanitario, según el cual las partes en conflicto, entre otras obligaciones, deben distinguir siempre entre objetivos militares y objetos civiles y no atacar a estos últimos”.

La organización ucraniana de derechos humanos Truth Hounds ya a finales de 2024 publicó un estudio en el que calificó los ataques dobles —ataques dirigidos principalmente contra médicos y rescatistas— como una táctica deliberada de Rusia. Verificaron 36 casos de ataques dobles perpetrados por Rusia desde el inicio de la invasión a gran escala hasta el 31 de agosto de 2024, señalando una alarmante escalada en el uso de esta táctica. En su investigación, los autores colaboraron con la Defensa Civil Siria, conocida como los “Cascos Blancos”, quienes fueron testigos directos y víctimas de esta táctica rusa durante la guerra en Siria.

Los autores identificaron un patrón claro en estos ataques, que por lo general se caracterizan por un intervalo de varias decenas de minutos entre los impactos: en casi todos los casos, el segundo ataque provoca víctimas principalmente entre quienes llegan primero al lugar: rescatistas, médicos y policías. Las fuerzas rusas llevan a cabo ataques repetidos no solo basándose en cálculos sobre la posible llegada de los servicios de emergencia, sino también observando la zona mediante drones de reconocimiento. A menudo, los ataques secundarios se realizaban cuando las fuerzas rusas podían confirmar la llegada de rescatistas y otros civiles al lugar del impacto.

Y aunque esta táctica no es nueva para los propios rescatistas, las heladas anómalas de este invierno los obligan a prepararse de manera especial para cada salida.

“Lo más largo que trabajé en un lugar de impacto en enero fueron 5 o 6 horas. La temperatura entonces bajaba hasta −18 °C. Yo ya tengo la costumbre, soy pescador de invierno, pero aun así es muy duro", nos cuenta el rescatista de Kiev Iván. En el video muestra sus guantes rígidos por el frío: “Estos ya no me los puedo poner”, sonríe.

Calles de Kiev a oscuras
Calles de Kiev a oscuras tras el ataque ruso del 9 de enero, que dejó a casi medio millón de personas sin electricidad en la capital en plena ola de frío polar. (Anna Tsyhyma/The Reckoning Project)

Con estas temperaturas, según Iván, lo principal es no mojarse: usar ropa térmica y llevar botas adicionales. También existen normas de trabajo que los rescatistas deben cumplir.

“El suministro de agua debe ser constante, porque el agua en las mangueras se congela ante los ojos. Si el suministro se interrumpe durante 5 a 7 minutos, se forma hielo dentro de las mangueras y se queda atascado. Se vuelve imposible apagar el incendio”, explica el rescatista.

En 17 años de servicio en el Servicio Estatal de Emergencias (DSNS), ha trabajado en el frío muchas veces. Sin embargo, antes las heladas no duraban tanto como este invierno. Y lo más importante: las operaciones de rescate no tenían que realizarse bajo bombardeos rusos deliberados.

Producido por: Ksenia Savoskina, Oleh Baturin, Angelina Kariakina

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