Tailandia y Camboya iniciaron este lunes negociaciones de paz en Malasia, con el objetivo de alcanzar un alto el fuego tras cinco días de intensos enfrentamientos armados a lo largo de su frontera compartida. La escalada del conflicto ha dejado al menos 35 muertos y ha provocado el desplazamiento forzoso de más de 200.000 personas en ambos países.
Los combates se concentran en una región selvática que alberga varios templos antiguos y que ha sido objeto de disputa desde hace más de un siglo, cuando la administración colonial francesa estableció una demarcación territorial ambigua en 1907. La zona ha sido escenario de múltiples tensiones, siendo esta la más grave desde los episodios violentos registrados entre 2008 y 2011.
Horas antes del inicio de las conversaciones en Putrajaya, capital administrativa de Malasia, un corresponsal de la agencia AFP reportó hasta 10 explosiones por minuto en la ciudad camboyana de Samraong, ubicada a solo 17 kilómetros del frente de combate. Las hostilidades continúan pese al acuerdo preliminar de cese al fuego alcanzado durante el fin de semana.
Las negociaciones comenzaron alrededor de las 15:15, hora local, en la residencia del primer ministro malasio, Anwar Ibrahim, quien preside actualmente la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). “Mi prioridad es un alto el fuego inmediato”, declaró Ibrahim a la prensa antes del encuentro.
El primer ministro interino de Tailandia, Phumtham Wechayachai, y su homólogo camboyano, Hun Manet, lideran las respectivas delegaciones. Estados Unidos y China, con intereses estratégicos en la región, han enviado representantes. El senador estadounidense Marco Rubio afirmó que personal del Departamento de Estado se encuentra en Malasia para “respaldar los esfuerzos de paz”.
Pese a los avances diplomáticos, ambos gobiernos mantienen un tono beligerante. La portavoz del Ministerio de Defensa de Camboya, Maly Socheata, aseguró que “es el quinto día en que Tailandia invade territorio camboyano con armamento pesado y un gran número de tropas”.
Desde Bangkok, Phumtham expresó escepticismo sobre la disposición de Camboya al diálogo. “No creo que estén actuando de buena fe. Es necesario que demuestren una intención genuina en esta reunión”, declaró a la prensa antes de partir hacia Malasia.
En el terreno, los ataques se han intensificado. Según el Ejército tailandés, francotiradores camboyanos se han atrincherado en uno de los templos disputados y se han registrado enfrentamientos en al menos siete puntos a lo largo de una zona montañosa y boscosa, donde se cultiva caucho y arroz. “La situación sigue siendo extremadamente tensa, y se anticipa que Camboya podría estar preparando una operación militar de gran envergadura antes de las negociaciones”, señaló un comunicado militar tailandés.
El conflicto ha impactado la vida de miles de civiles. En la ciudad tailandesa de Surin, a 30 kilómetros del frente, cientos de desplazados buscan refugio. “Espero que las negociaciones hoy traigan un alto el fuego, pero no estoy segura de que Camboya sea confiable”, dijo Lamduan Chuenjit, de 58 años, mientras barría un negocio local.

Tailandia informó que ocho de sus soldados y 14 civiles han muerto. Camboya confirmó la muerte de cinco militares y ocho civiles. El ejército tailandés anunció que ha devuelto los cuerpos de 12 soldados camboyanos muertos en combate. Las cifras de desplazados también reflejan la magnitud de la crisis: más de 138.000 personas han huido del lado tailandés y al menos 80.000 en Camboya.
Ambos países se acusan mutuamente de emplear municiones de racimo y de atacar infraestructuras civiles, incluidos hospitales. Además, las tensiones han despertado sentimientos nacionalistas. El gobierno tailandés emitió una advertencia a su población, instando a “abstenerse de cualquier tipo de violencia, verbal o física, contra los migrantes camboyanos que viven en el país”.
En paralelo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien ha amenazado a ambos países con aranceles comerciales si no suscriben acuerdos bilaterales, intervino durante el fin de semana. “Ambas partes han acordado trabajar rápidamente hacia una solución pacífica”, afirmó el mandatario, y añadió que espera concretar acuerdos comerciales “una vez que la paz esté asegurada”.

Mientras continúan los diálogos en Putrajaya, la situación en la frontera permanece volátil. La comunidad internacional observa con atención un conflicto que amenaza con desestabilizar una región históricamente marcada por disputas territoriales no resueltas.
(Con información de AFP)
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