
La economía de China enfrenta una crisis creciente con la industria manufacturera registrando su cuarto mes consecutivo de contracción en agosto, lo que refleja la profundización de las dificultades en la segunda economía más grande del mundo.
Según los datos divulgados por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) este sábado, el índice de gerentes de compras (PMI) cayó a 49,1 puntos, mostrando un deterioro mayor al esperado y evidenciando la incapacidad del régimen de Beijing para revertir su declive económico.
El descenso del PMI, que se encuentra por debajo del umbral de 50 puntos que separa la expansión de la contracción, indica que la actividad industrial no solo no se ha recuperado, sino que continúa empeorando, lo que subraya la ineficacia de las políticas del gobierno chino para estabilizar su economía, que sigue luchando por encontrar un rumbo tras el impacto de la pandemia de COVID-19 y el colapso de su sector inmobiliario.
Los cinco subíndices clave del PMI, incluyendo producción, nuevos pedidos, tiempo de entrega, empleo e inventario de materias primas, se mantuvieron en terreno negativo, destacando la falta de demanda tanto a nivel nacional como internacional. La caída en estos indicadores esenciales es un claro reflejo de que la economía china no logra retomar el crecimiento y se enfrenta a una crisis estructural que amenaza con empeorar.

El estadístico de la ONE, Zhao Qinghe, intentó atribuir el declive a factores como “las altas temperaturas y las lluvias” en agosto. La ralentización de la producción y la demanda, junto con una significativa disminución en los precios de las materias primas, refleja la debilidad de un modelo económico que depende excesivamente de la inversión en infraestructura y no ha logrado fomentar un crecimiento sostenible.
Mientras la manufactura se desploma, otros sectores cruciales de la economía tampoco ofrecen un respiro. El PMI no manufacturero, que mide la actividad en servicios y construcción, mostró un ligero aumento a 50,3 puntos en agosto, apenas suficiente para evitar la contracción, pero insuficiente para compensar las pérdidas en la industria manufacturera.
La construcción, un pilar fundamental para la economía china, también registró una desaceleración, cayendo de 51,2 a 50,6 puntos, lo que apunta a un debilitamiento continuo.
El desplome en el sector inmobiliario, históricamente un motor clave del crecimiento chino, ha tenido un efecto devastador en el gasto de los consumidores, quienes ahora mantienen un enfoque conservador ante la incertidumbre económica. Con la mayor parte de la riqueza de los hogares invertida en bienes raíces, la caída de los precios de las viviendas ha generado un clima de desconfianza que amenaza con paralizar aún más la economía.

El gobierno chino ha tratado de ajustar su estrategia, sugiriendo un cambio en el enfoque hacia el gasto de los consumidores en lugar de la inversión en infraestructura. Sin embargo, estos esfuerzos han sido hasta ahora ineficaces para revitalizar el mercado interno. Los analistas advierten que, sin medidas más contundentes, será difícil que China alcance su objetivo de crecimiento anual de alrededor del 5%, una meta que ya parece fuera de alcance dadas las condiciones actuales.
La falta de confianza de los consumidores y las empresas, junto con una demanda externa debilitada, sugiere que la crisis en China podría tener repercusiones más amplias, afectando a las economías que dependen de su crecimiento.
(Con información de EFE y AFP)
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