
Cuando empezó a trabajar con varios colegas sobre un proyecto que registra la cantidad de médicos fallecidos por el nuevo coronavirus en Rusia, el cardiólogo Alexéi Erlikh no pensaba que la lista sería tan larga.
La base de datos, iniciada la semana pasada ante la falta de información precisa por parte del gobierno, cuenta ya con más de 70 nombres: médicos, enfermeros y empleados de laboratorio. Y este número debería ir en aumento, mientras Rusia ya sobrepasó los 100.000 casos de contagio de COVID-19, según las cifras declaradas oficialmente.
“Muchos colegas están muriendo. Es duro ver un nuevo nombre cada día”, cuenta Erlikh a la AFP.
El principal objetivo de esta lista es rendir homenaje a los profesionales sanitarios en primera línea en la epidemia del coronavirus. El cardiólogo y sus compañeros buscan también proveer cifras con un mayor grado de veracidad, ya que dicen no confiar en las publicadas por las autoridades.
Con alrededor de 1.000 fallecidos, la tasa de mortalidad de la COVID-19 en Rusia es relativamente baja, respecto a otros países, como Italia, España o Estados Unidos, debido al gran número de pruebas que realiza. Pero no es el caso de los decesos entre el personal sanitario, según esta nueva base de datos.
De los casi 27.000 muertos en Italia, 151 eran médicos. En China, 40 facultativos perecieron por el virus, y en Estados Unidos, eran 27 el 9 de abril. En los tres casos, el personal sanitario es de menos de 1 por ciento.
El miércoles, en la lista de médicos rusos figuraban 74 nombres, más del 7% del total de decesos en el país. De ellos, más de la mitad de los cuales de Moscú o sus alrededores, epicentro de la epidemia en Rusia. Cuatro fallecieron en la vecina Bielorrusia, donde las autoridades rechazaron imponer el confinamiento.

Escasez de material
Alexéi Erlikh, jefe del servicio de cuidados intensivos cardíacos del hospital número 29 de Moscú, se encuentra en cuarentena en su casa después de haber dado positivo al virus. Según él, cerca del 70% del personal de su servicio está infectado.
Desde el inicio de la epidemia en Rusia, los médicos se han quejado de forma reiterada de la escasez de equipos de protección y de test de diagnóstico, así como de la reticencia de varios jefes de establecimiento a la hora de hacer pruebas entre el personal, para evitar periodos de cuarentena. Algunos centros se han convertido en vectores de difusión del virus.
Para el neurocirujano Alexéi Kashcheyev, la lista de médicos fallecidos es una prueba más que de que el sistema sanitario ruso, que ha sufrido muchos recortes, no está preparado para hacer frente a una crisis de esta envergadura.
La importante mortalidad entre el personal médico “era previsible”, afirma, añadiendo que las quejas de los médicos, desbordados y mal pagados, han sido ignoradas durante años.
Kashcheyev conocía personalmente a dos de las víctimas de la lista. Espera que este registro ayudará a las familias a obtener compensaciones financieras del gobierno.
Las autoridades, que han reconocido la falta de medios de protección, aseguran sin embargo que han multiplicado los esfuerzos para aumentar la producción y el número de test efectuados.
Hasta la fecha, no se ha publicado ninguna estadística oficial sobre el número de médicos fallecidos de COVID-19. El ministerio de Salud no contestó a los pedidos de la AFP sobre este tema y tampoco quiso comentar la existencia de esta lista.

Anastasia Vasilyeva, que lidera el sindicato “Alianza de los médicos”, cercano al opositor Alexéi Navalni, acusó a las autoridades de querer minimizar el número de fallecidos. Según ella, el número de víctimas de la lista es muy superior, y se sitúa por encima de los 200 muertos en Rusia.
“De mi lado, ya puedo agregar una decena de nombres a la lista. Recibo mensajes todos los días: ‘este está muerto, y este está muerto’”, explica.

Para muchos detractores, la situación actual es la consecuencia de años de políticas que han privilegiado los gastos en defensa en lugar de reforzar el sector sanitario.
“Cuando todo esto termine, creo que los médicos y la sociedad tendrán que hacer sonar la alarma sobre este problema y pedir soluciones”, advierte Kashcheyev.
(Con información de AFP)
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