
En su desesperado plan para mejorar su deteriorada imagen tras la pobre respuesta que dio al brote originado en Wuhan -que impactó severamente contra su población-, el régimen chino emitió un perdón póstumo a Li Wenliang, el médico local que había dado el alerta temprano sobre un extraño virus similar al SARS que estaba matando a pacientes que no respondían a los tratamientos habituales.
En un giro insólito para su historia, el Partido Comunista Chino (PCC) reconoció que había cometido un error y decidió exonerar a Wenliang, quien se convirtió en un héroe incómodo para los habitantes de la provincia de Hubei luego de que él mismo contrajera la enfermedad y muriera como consecuencia de la ausencia de medidas por parte de las autoridades.
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El régimen reconoció que se había emitido una “disculpa solemne” a la familia del médico -al que tildaron, junto a otros siete profesionales como “los ocho chismosos”- y que dos agentes de policía, identificados solo por sus apellidos, habían recibido “castigos disciplinarios” por el manejo original del asunto, de acuerdo a la cadena de noticias Fox News.
En diciembre pasado, cuando el brote ya había comenzado, la policía había reprendido a ocho médicos, incluido Wenliang, por advertir a sus amigos en las redes sociales sobre la amenaza emergente. El partido, en una clara de defensa y apoyo a sus oficiales, continuó controlando la información sobre el brote y acallando y censurando a profesionales de la medicina y a las redes sociales.
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El partido se ha enfrentado a acusaciones similares, como por ejemplo el del brote de 2003 del síndrome respiratorio agudo severo (SARS), un derrame químico en 2005 que interrumpió el suministro de agua a millones de personas en el noreste del país, ventas de leche contaminada que enfermaron a miles de niños y el fracaso de las compañías financieras privadas después de la crisis económica mundial.
El via crucis de Wenliang
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Faltaba un día para que termine 2019. Pero el 30 de diciembre pasado, Li Wenliang sacudió al grupo de WeChat (el WhatsApp chino) que comparte con ex compañeros de la escuela de medicina: siete pacientes de un mercado local de Wuhan habían sido diagnosticados con una enfermedad similar al síndrome respiratorio agudo severo (SARS) y puestos en cuarentena en su hospital.
Li les explicó que, según las pruebas que había visto, la enfermedad era un coronavirus, una gran familia de virus que incluye el SARS. Ese brote trae los peores recuerdos en China. La pandemia de 2003 dejó cientos de muertos que el gobierno intentó ocultar. Por eso, Li quiso alertar a sus amigos, les recomendó que utilizaran trajes protectores para evitar el contagio, pero al mismo tiempo les pidió que mantuvieran cautela con la difusión de la información.
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Pero ocurrió lo que suele ocurrir en China cuando comienza a trascender información que el régimen no quiere. El 3 de enero, Li fue convocado a una estación de policía donde le presentaron una notificación en la que lo acusaban, junto a otros siete médicos que habían comenzado a alertar del nuevo virus, de “hacer comentarios falsos que perturban severamente el orden público”. La nota advertía que si continuaba con esa conducta sería llevado ante la Justicia. Li fue obligado a firmar al lado de la palabra “Entendido”.

Las autoridades chinas desestimaron las alertas de los médicos. En los primeros días se Enero, seguían diciendo que sólo podían contraer el virus quienes tomaran contacto con animales infectados. Por eso, no hicieron mucho más que cerrar el mercado de Wuhan donde había comenzado todo. Ninguna otra medida de prevención ni protección para los médicos.
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El 10 de enero, Li fue a tratar a una mujer que sufría glaucoma. Lo que no sabía es que también estaba infectada por el nuevo tipo de coronavirus. Ese mismo día, Li comenzó a toser de una manera fuerte y persistente. Al día siguiente comenzó a tener fiebre. Un día más tarde, fue internado en el hospital. Al poco tiempo fue trasladado a la unidad de cuidados intensivos.
Unas semanas más tarde, la historia de los “ocho chismosos” (como los llamaron en la prensa china) que se habían animado a hablar del virus cuando el régimen lo ocultaba, se había extendido por toda la región y la gente reclamaba su reivindicación.
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El periódico estatal Beijing Youth Daily entrevistó a Li y el artículo se volvió viral. Fue censurado pocas horas después, pero el alboroto se mantuvo, según contó la CNN.
La Corte Suprema de China criticó el 28 de enero a la policía de Wuhan por castigar a los “chismosos”.
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“Podría haber sido algo afortunado para contener el nuevo coronavirus, si el público hubiera escuchado este ‘rumor’ en ese momento y hubiera adoptado medidas como usar máscaras, desinfección estricta y evitar ir al mercado de vida silvestre”, dijo la corte.
El 31 de enero, Li publicó una carta en la red social Weibo contando su historia, lo que le había ocurrido, y cómo se había sentido al ser reprendido por el Gobierno. “Me preguntaba por qué los avisos oficiales seguían diciendo que no había transmisión de persona a persona y que no había trabajadores de la salud infectados”, escribió. Miles de personas le dejaron mensajes de aliento, pidiendo por su pronta recuperación y agredeciéndole por su valor.
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El 1° de febrero se confirmó el resultado positivo de su test de coronavirus.
El pasado jueves 6 de febrero Wenliang pereció en el Hospital de Wuhan. Hoy, más de un mes después, el régimen chino pidió perdón a su familia. Un perdón tardío que sólo busca un lavado de imagen.
El caso de Wenliang recuerda a la historia de Ai Fen, la médica que dio el primer alerta por el coronavirus y que también fue ignorada y sancionada por el régimen chino. Fen, directora del Hospital Central de Wuhan -donde también trabajaba Wenliang-, habló el 10 de marzo para una revista de aquella nación, Renwu. La entrevista intentó ser censurada y bloqueada por todos los medios por el aparato propagandístico del Partido Comunista Chino (PCC) con suerte dispar. Allí reveló que tal como lo habían hecho con su colega y compañero Wenliang también fue reprimida por sus superiores luego de que intentara poner en alerta a las autoridades sobre la presencia de un brote similar al del SARS, aquel que impactara sobre la población en 2003. Quizás la admisión del error y el pedido de disculpas llegue antes de que muera.
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