
Vestidos con trajes anchos, holgados y largos, acompañados por un sombrero del que reluce una pluma, los pachucos figuraron como personajes extravagantes siendo parte de un movimiento cultural en el México del siglo XX.
Aún hoy en día se puede observar en las calles de la ciudad de México, sobre todo en los kioscos, plazuelas y explanadas, a algún arraigado “pachucote”, bailando mambo, danzón o jazz con esos clásicos zapatos de charol, bien encerados, y un cigarro en los labios. Así lucen los pachucos.
“El Pachuco” fue un estilo de vestir y una forma de ser, así como una identidad cultural en el país desde la década de los 30 del siglo pasado. Se originó en la zona fronteriza entre México y Estados Unidos, en una época donde la migración al país del norte estaba en auge.
La palabra surge de la frase “Vamos pal’ Chuco”, refiriéndose a atravesar por el Paso, Texas. De ahí que el “pachuco” se comenzó a utilizar para referirse a las personas que cruzaban desde Ciudad Juárez, Chihuahua, hacia el norte.

Octavio Paz definió a los pachucos dentro de su ensayo “El pachuco y otros extremos”, integrado en su colección de ensayos de 1950 El laberinto de la soledad, de la siguiente manera: " Los pachucos son bandas de jóvenes, generalmente de origen mexicano, que viven en las ciudad del Sur (de Estados Unidos) y que se singularizan tanto por su vestimenta como por su conducta y su lenguaje. Rebeldes instintivos, contra ellos se ha cebado más de una vez el racismo norteamericano”.
En esos años, en el vecino del Norte se vivía una fuerte ola de discriminación contra varios sectores de la población, entre ellos los mexicanos, por lo que varios grupos de jóvenes mexicoamericanos optaron por comenzar un “protomovimiento de resistencia social y cultural”.
“Los pachucos no reivindican su raza ni la nacionalidad de sus antepasados. A pesar de que su actitud revela una obstinada y casi fanática voluntad de ser, esa voluntad no afirma nada concreto sino la decisión ambigua, como se verá, de no ser como los otros que los rodean”, escribió Paz.

Algunos grupos juveniles comenzaron a organizarse en cuadrillas, ocupando espacios de forma territorial, por lo que comenzaron a ser asociados con las pandillas criminales y entornos de violencia.
El principal distintivo de los pachucos era el zoot suit; ese traje extravagante, holgado y elegante que se volvió un claro distintivo de la subcultura. Se componía de una camisa de cuello ancho, pantalón bastante holgado, algunos llevaban tirantes, el característico saco y, por supuesto, el sombrero borsalino. Este traje nació en la década de 1930 en Nueva York, extendiéndose entre varios grupos étnicos de la región, como los italianos, los judíos y los mexicanos.
Entre los años 30 y 40, el traje zoot en Lo Ángeles era usado, principalmente, por jóvenes de origen mexicano, afroamericanos y judíos de las clases más pobres. Los trajes contaban, como accesorio, con una cadena-llavero que colgaba desde el bolsillo del pantalón.
Por su parte, también había mujeres pachucas. Ellas utilizaban los sacos holgados del traje zoot para hombre, acompañado de faldas cortas, medias de red o calcetas largas y zapatos con plataforma. Tenían un peinado distintivo el cual consistía en un copete prominente. Al salirse de la norma sobre la feminidad de aquellos años, las pachucas construyeron su propia identidad como mujeres mexicoestadounidenses.

Los pachucos fueron perseguidos por las autoridades y por la sociedad tanto en México, como en Estados Unidos, derivado a que la imagen que daban se asociaba con la delincuencia organizada. Por ello, el estigma sobre la vestimenta aumentó. La cultura comenzó su declive en la década de los 40 cuando las redadas contra ellos comenzaron a incrementar: eran interceptados en la vía pública o en reuniones, para ser golpeados y desvestidos, por lo que poco a poco los jóvenes de la época se fueron olvidando de la vestimenta.
En México, uno de los máximos exponentes del movimiento y que logró aminorar los estigmas sobre esta forma de vestir con su participación en el cine y la televisión, fue Germán Valdés, Tin Tan.
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