
A raíz del secuestro del universitario Norberto Ronquillo, cuya muerte no pudo evitarse a pesar de que su familia pagó el rescate, todas las sospechas apuntaron hacia una banda de secuestradores que según los reportes lleva más de 15 años delinquiendo en la Ciudad de México.
"Las Pelonas", como se les conoce debido al hábito que tienen de rapar a sus víctimas, comenzó a operar en la capital mexicana entre los años 2002 y 2003.
Sin embargo, la célula criminal fue identificada hasta el 2007, cuando secuestraron a Priscila Lorea Franco, una joven de 18 años que estuvo dos años, dos meses y ocho días en manos de sus captores, antes de ser asesinada.
Según los datos de la asociación civil Alto al Secuestro, su rapto ha sido catalogado como el más largo en la historia de la Ciudad de México.

Los expedientes refieren que el grupo de delincuentes se dedica a secuestrar alumnos de preparatorias o universidades privadas en las alcaldías Xochimilco, Tlalpan y Coyoacán (al sur de la ciudad). En un radio de 10 kilómetros alrededor del sitio donde fue secuestrado Norberto Ronquillo, se han realizado otros cinco secuestros en lo que va del 2019, según Datos Abiertos de la CDMX.
La banda se caracterizó desde el principio por su agresividad a la hora de negociar con los familiares de las víctimas y por sus métodos brutales para comprobar las identidades.
Gracias a los primeros casos de los que se tiene registro se sabe que a las víctimas les arrancaban uñas y dientes, sin embargo, también se comprobó que con el tiempo aumentaron la crueldad de sus métodos: al padre de Priscila Loera le mandaron los videos de cómo abusaban sexualmente de su hija.
Su caso ha sido uno de los más crudos de los que se tienen registro: la joven fue secuestrada cuando se bajó de su coche para ayudar a las víctimas de un falso choque automovilístico. Unas cámaras de seguridad captaron cuando los pagiadores se la llevaron en su propio auto.

La primera llamada que recibió su familia fue una grabación de voz en la que ella misma le decía a su padre que de él dependía si las cosas iban a resultar "fáciles o difíciles".
Después habló uno de los secuestradores. "Yo soy un profesional. Me pagas, te entrego a tu niña. No me cumples y yo te digo donde está el cuerpo", dijo a su padre la voz al otro lado del teléfono.
Durante los dos años y dos meses siguientes la banda obligó a su familia a hacer múltiples pagos. A veces tardaban más de un mes en volver a contactarlos.
En ese tiempo Priscila fue abusada, rapada, mutilada y fotografiada de los modos más crueles posibles. "Era un maltrato irracional", relató su padre.

Después de que las autoridades fueran incapaces de hacer algo al respecto (nunca avanzaron las investigaciones), el empresario se enteró que su hija había sido asesinada tiempo antes de que efectuara algunos de los últimos pagos.
Nadie se lo notificó. Él mismo lo supo cuando fue a entregar una muestra de ADN a la entonces Procuraduría General de la República (PGR), en donde le dijeron que la prueba coincidía con el cadáver de una joven que había sido encontrada en el municipio de Huitzilac, en el estado de Morelos.
"Le hicieron todo lo que dijeron: le cortaron una oreja, le rompieron los dientes, la tuvieron encadenada: no tenía comida ni agua en el cuerpo", explicó el padre.
Modus operandi

Los banda de "Las Pelonas" captura a los jóvenes cerca de las inmediaciones de sus escuelas. Posteriormente, solicitan un rescate a las familias que generalmente consta de 4 a 5 millones de pesos. Y, aunque sea pagado, suelen asesinar a sus víctimas en las primeras 48 horas después de haberlas raptado.
Luego, abandonan los cadáveres en las zonas boscosas de Xochimilco, Tlalpan y Milpa Alta; como fue en el caso del estudiante de la Universidad del Pedregal, quien fue encontrado sin vida en una zona arbolada y alejada de viviendas.
Quien realiza las negociaciones suele ser la misma persona, que ha sido identificado como "El Barbas". Su voz se repite en todas las grabaciones que tiene la Procuraduría General de Justicia, en las que llama a los familiares de sus víctimas para pedir dinero.

También se sabe que "Las Pelonas" operan desde la alcaldía Milpa Alta, en donde tienen restaurantes y un bar; lugares en donde reclutan a nuevos integrantes de su grupo delictivo para que ellos sean después quienes monitoreen a los estudiantes y escojan a los secuestrados.
La misma policía reveló que desde sus inicios los integrantes de la organización estaban coludidos con oficiales de la entonces Agencia de Investigación Criminal (AFI).
Según la Policía Federal, la banda sufrió una dispersión después que sus miembros más relevantes fueran detenidos. Pero de acuerdo con datos de Alto al Secuestro, es probable que la mayoría de los detenidos ya hayan recuperado su libertad.
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