Los disturbios empañaron este viernes, por segundo día consecutivo, la cumbre del G20 en Hamburgo, una cita que el anfitrión alemán y la ciudad que la acoge deseaban fuera impecable.

Coches ardiendo, 159 policías heridos, jóvenes encapuchados enfrentándose a vehículos antidisturbios, lanzamiento de cócteles molotov y agentes tratando de dispersar a los alborotadores eran las imágenes del día, en contraste con el correcto primer cara a cara del presidente estadounidense, Donald Trump, y el ruso, Vladimir Putin.

A lo largo de la jornada se había informado de que Melania Trump estaba retenida en la residencia donde se aloja, por razones de seguridad, y de que había habido lanzamiento de objetos contra la policía que custodia el hotel donde se hospeda el líder del Kremlim.

En las redes sociales se difundieron fotos de tres blindados patrullando por Hamburgo, a lo que siguió un desmentido de la Policía negando que se planteara ningún tipo de apoyo militar.

Por su parte, el semanario Der Spiegel afirmó, citando fuentes policiales, que las autoridades de esta ciudad del norte de Alemania han pedido refuerzos al contingente actual, formado por unos 19.000 efectivos.

Las manifestaciones violentas contra la cumbre son "inaceptables", condenó la canciller alemana, Angela Merkel, en una comparecencia al término de las reuniones plenarias y lamentó las agresiones sufridas por agentes policiales.

Desde su Gobierno se ha insistido en que la crítica al G20 es "bienvenida" siempre que sea pacífica, en un claro mensaje de normalidad democrática en un país donde se garantiza la libertad de expresión, frente a la situación de otros miembros del grupo.

A falta de lo que ocurra hasta el final de la cumbre, mañana sábado, el balance deja dudas acerca de la oportunidad de elegir el centro de una ciudad como Hamburgo, con 1,7 millones de habitantes y barrios conflictivos o con tradición de combativos, como St Pauli, para acoger la cita de los más poderosos.

Fotos: Reuters

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