
Un estudio publicado en la revista científica Scientific Reports revela que la pelvis masculina del Homo sapiens constituye una innovación evolutiva que no se registra en los neandertales ni, en la misma medida, en las mujeres modernas, con posibles efectos sobre la locomoción y restricciones ligadas al parto.
La investigación, encabezada por Yoel Rak, de la Universidad de Tel Aviv, analizó dos esqueletos pélvicos masculinos neandertales completos y concluyó que su geometría se aproxima más al patrón de las mujeres actuales que al de los varones modernos.
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El hallazgo invierte una premisa arraigada en la paleoantropología. Durante décadas, la robusta pelvis neandertal fue interpretada como una de las peculiaridades anatómicas de aquellos humanos que habitaron Eurasia antes de extinguirse hace aproximadamente 40.000 años. El nuevo trabajo propone que la anatomía que se apartó del modelo ancestral no fue la neandertal, sino la del varón de nuestra propia especie.

Según informó Scientific Reports, revista científica, los dos ejemplares fósiles estudiados proceden de yacimientos de primer orden: uno del sitio de Kebara, en Israel, y el otro del conjunto paleontológico de la Sima de los Huesos, en Atapuerca, España.
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Al contrastar sus proporciones con las de pelvis de humanos actuales, los investigadores detectaron que la geometría de los fósiles coincidía, en numerosos aspectos, con la observada en las mujeres modernas.
Cómo cambia la pelvis masculina moderna
La clave biomecánica está en la posición de las articulaciones coxofemorales. En los hombres modernos, se ubican más hacia adelante dentro del anillo pélvico que en las mujeres actuales y que en los neandertales masculinos analizados. Ese desplazamiento, aunque sutil en apariencia, alteraría la relación entre el peso corporal, la pelvis y la musculatura anterior del muslo, con consecuencias para la locomoción bípeda.
Scientific Reports detalló que el equipo de Rak propone que esta configuración permitiría que el sistema musculoesquelético funcione parcialmente como un mecanismo elástico durante la marcha.
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Cada vez que el cuerpo desciende en el paso, parte de la energía generada por el impacto sería absorbida y almacenada para ser liberada en la fase ascendente, contribuyendo al inicio de la siguiente zancada. Los autores describen esta dinámica con la metáfora de un resorte: una especialización biomecánica que habría hecho más eficiente el desplazamiento terrestre en distancias largas.
Esa transformación no operó de forma aislada. El engrosamiento de determinadas regiones del pubis y modificaciones en la parte anterior de la pelvis son interpretadas por los investigadores como componentes del mismo complejo funcional, estructuras que habrían debido adaptarse para soportar las nuevas tensiones derivadas del cambio geométrico.
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Por qué la diferencia no aparece en las mujeres
La pregunta que abre el estudio es por qué esta ventaja locomotora no se extendió por igual a toda la especie. La respuesta, según los autores, radica en las exigencias del parto. La pelvis femenina no solo participa en la marcha: debe garantizar un canal capaz de permitir el nacimiento de bebés con cráneos y cuerpos relativamente grandes.
Esas restricciones obstétricas habrían limitado la adopción de la reorganización pélvica observada en los varones modernos, favoreciendo en cambio la conservación de una geometría más próxima al patrón ancestral.

De acuerdo con el trabajo publicado en Scientific Reports, el dimorfismo sexual de la pelvis humana no representaría simplemente dos variaciones contemporáneas equivalentes, sino el resultado de trayectorias evolutivas condicionadas por presiones selectivas distintas: la eficiencia locomotora en el caso masculino y las demandas reproductivas en el femenino.
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La semejanza entre las mujeres actuales y los neandertales masculinos, lejos de ser una curiosidad anatómica, operaría como una pista sobre el estado de la pelvis antes de que se produjera la especialización del varón moderno.
Los autores señalan que comprender la geometría que determina la transmisión de cargas a través de la pelvis tiene implicaciones que trascienden la reconstrucción del pasado evolutivo, con posibles aplicaciones en biomecánica, rehabilitación y el estudio de lesiones musculoesqueléticas.
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