
Unas pocas docenas de patos y gansos se agrupan junto a un lago artificial en el centro de una ciudad. No han volado lejos ni buscan nuevos territorios: encuentran alimento, agua y refugio a pocos metros de distancia, rodeados de calles y edificios. Esta escena, repetida en parques urbanos y zonas periurbanas de todo el hemisferio norte, ha permitido a los científicos descubrir un patrón que puede cambiar la forma en que se entiende la propagación de la gripe aviar.
Un estudio, publicado en la revista Ecology Letters, reveló que los movimientos limitados de las aves acuáticas en entornos dominados por el ser humano pueden frenar la dispersión global del virus H5N1, aunque también elevan el riesgo de brotes intensos en lugares específicos.
Analizar cómo y por qué se mueven estos animales es ahora una pieza clave para anticipar la evolución de una de las amenazas sanitarias más vigiladas del mundo.
El entorno urbano y la movilidad de las aves
Un equipo de la Universidad de Georgia analizó dos décadas de desplazamientos de más de 4.600 aves acuáticas de 26 especies en el hemisferio norte. La investigación muestra que en áreas con alta presencia humana o diversidad de hábitats, como humedales urbanos o parques, patos y gansos recorren distancias mucho más cortas fuera de los periodos migratorios. Según la bióloga Claire Teitelbaum, líder del estudio: “El entorno define cuánto se mueven las aves y, a partir de eso, podemos anticipar hacia dónde podría avanzar la gripe aviar”.

El informe subraya que en extensiones homogéneas, como tierras agrícolas, las aves deben desplazarse hasta seis veces más lejos para obtener alimento o refugio. Al contrario, en paisajes urbanos o con mayor variedad ambiental, pueden cubrir sus necesidades en un radio menor a 1,6 kilómetros.
Menos dispersión, más riesgo de concentración
La reducción de movimiento tiene consecuencias directas sobre la dinámica de la gripe aviar. Cuando las aves permanecen cerca, la enfermedad circula menos entre regiones, pero la concentración puede favorecer brotes más agresivos en zonas puntuales. En época de cría, los desplazamientos disminuyen y las aves se mantienen próximas a sus nidos, lo que limita la expansión del virus, aunque incrementa la posibilidad de brotes localizados.
Durante el invierno, el patrón se invierte: las aves aumentan sus desplazamientos en busca de recursos, duplicando la distancia recorrida respecto a la temporada de reproducción. Este comportamiento, según los investigadores, puede facilitar la llegada del virus a nuevas áreas y especies.

La ciudad de Nueva York se ha convertido en un laboratorio natural donde expertos monitorean el avance de la gripe aviar en ambientes urbanos. En los últimos años el virus H5N1 ha afectado a especies como gansos canadienses, cisnes, búhos y mamíferos silvestres, incluidos mapaches y zorros. La densidad humana y la diversidad de hábitats urbanos contribuyen a que la enfermedad se mantenga activa y difícil de erradicar.
El responsable del programa de fauna silvestre del Departamento de Conservación Ambiental del Estado de Nueva York, Kevin Hynes, sostuvo: “Es seguro asumir que la influenza aviar de alta patogenicidad podría aparecer en cualquier momento y lugar del estado”. Nueva York, ubicada en la vía migratoria del Atlántico, recibe miles de aves cada año, lo que multiplica las oportunidades de transmisión del virus.
Mercados de animales vivos y alta densidad, combinación peligrosa
Uno de los factores que más preocupa a los expertos es la existencia de más de 80 mercados de animales vivos en la ciudad. Estos lugares, donde se comercializan aves y mamíferos, han sido identificados como focos de transmisión y diversificación del virus. La combinación de alta densidad y diversidad de especies crea incontables oportunidades para que surjan nuevas variantes virales.

En 2025, la gobernadora Kathy Hochul dispuso el cierre temporal de todos estos mercados para tareas de limpieza y desinfección, pero el número de casos en aves y mamíferos siguió creciendo. El frío, la proximidad a fuentes de agua y la aglomeración de especies hacen que el virus pueda mantenerse activo durante más tiempo y con mayor facilidad de contagio.
Un virus vigilado globalmente
El linaje H5N1, clado 2.3.4.4b, ha infectado a 598 especies de aves y 102 de mamíferos en todo el mundo, con 990 infecciones humanas reportadas hasta diciembre de 2025, según datos de la Universidad de Georgia. La vigilancia en ciudades como Nueva York es posible gracias al trabajo conjunto de la Universidad de Cornell, autoridades estatales y organizaciones como el Wild Bird Fund, que rastrean y analizan muestras para detectar mutaciones del virus.
La periodista Apoorva Mandavilli advirtió: “Cada nueva especie infectada representa una oportunidad para que el virus adquiera nuevas capacidades”. Aunque el riesgo de transmisión sostenida entre personas sigue bajo, los expertos insisten en que cada brote ofrece información esencial para anticipar nuevos desafíos.
Los científicos coinciden en que analizar los patrones de movimiento de aves acuáticas es fundamental para diseñar estrategias de prevención y control de la gripe aviar. Como concluyó Teitelbaum: “El desafío está en vincular la distancia que recorren las aves con la distancia que recorre el virus”.
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