
Un arcoíris blanco, también conocido como fogbow, es un fenómeno atmosférico poco común que aparece como un arco pálido o totalmente blanco cuando la luz solar atraviesa diminutas gotas de agua suspendidas en la niebla.
Según explica la revista National Geographic, la diferencia clave con el arcoíris tradicional radica en el tamaño de las gotas: en el fogbow, la dispersión de la luz es insuficiente para separar los colores, ya que estas son tan pequeñas que apenas hay separación, lo que resulta en un arco blanco y difuso en el cielo. En situaciones óptimas, puede notarse una leve tonalidad rojiza en los bordes externos y azulada en el interior, aunque la mayor parte del arco se percibe casi incoloro.
Mientras que el arcoíris tradicional surge cuando la luz solar incide sobre gotas de lluvia de mayor tamaño, el fogbow se produce con gotas mucho más pequeñas, propias de la niebla o nubes bajas, lo que explica que el fenómeno presente características visuales notoriamente distintas. La consecuencia directa de esta diferencia es que el arcoíris tradicional exhibe franjas bien definidas de colores, debido a la separación eficiente de la luz blanca en sus componentes.
En contraste, este aparece blanquecino porque, al ser tan diminutas las gotas, los colores se mezclan y se difuminan por completo. La ausencia de colores intensos y la presencia de un arco amplio y nebuloso son las señales más características de este fenómeno. En ocasiones, pueden advertirse matices sutiles de rojo o azul en los extremos, pero nunca llegan a mostrar la viveza cromática del arcoíris convencional.

Diferencias entre un fogbow y un arcoíris tradicional
La explicación científica involucra dos procesos: refracción y difracción de la luz. Cuando la luz atraviesa gotas de agua de tamaño considerable, predomina la refracción, que separa los colores y produce el arcoíris clásico. Por el contrario, con las minúsculas gotas presentes en la niebla, la difracción adquiere un papel destacado, generando el efecto blanquecino.
Esta difracción dispersa la luz en múltiples direcciones y provoca que los colores se superpongan. Los científicos utilizan simulaciones ópticas y modelos computacionales para estudiar estas interacciones y comprender cómo las variaciones en el tamaño de las gotas afectan la apariencia. El fenómeno aporta información valiosa sobre la microfísica de la atmósfera y el comportamiento de la luz bajo condiciones específicas.
En algunos casos, si la refracción logra imponerse sobre la difracción, pueden percibirse leves tonalidades de color en el arco, aunque siempre de forma muy sutil. Este equilibrio entre ambos procesos es lo que determina el aspecto final y su diferencia respecto al arcoíris tradicional.

Condiciones necesarias para ver un fogbow
Observar un fogbow requiere una combinación precisa de factores atmosféricos y de posición del observador. Es indispensable que exista niebla o una nube baja formada por gotas de agua extremadamente pequeñas. Además, el sol debe situarse detrás del observador, iluminando la niebla que se encuentra al frente.
La densidad de la niebla puede dificultar la visibilidad del fenómeno, ya que si el observador se encuentra completamente inmerso en la nube, no será visible. Por ello, los mejores lugares para observarlo suelen ser áreas elevadas, como cumbres montañosas, donde la niebla queda por debajo de la línea de visión. El fenómeno es más evidente cuando el sol está bajo en el horizonte y las condiciones de humedad son persistentes.
Lugares y situaciones donde es más probable observar un fogbow
El fogbow es especialmente frecuente en regiones donde la niebla es habitual a lo largo del año. Zonas montañosas, costas y áreas polares, como el Ártico, ofrecen condiciones ideales para su aparición debido a la presencia constante de niebla y la abundancia de pequeñas gotas de agua en suspensión.

En estaciones meteorológicas ubicadas en lugares elevados, como el Observatorio de Mount Washington, los observadores informan que la niebla frecuente incrementa las posibilidades de avistarlo. A pesar de esto, incluso en estos sitios, la coincidencia de todos los factores necesarios significa que el fenómeno sigue siendo poco común y difícil de prever.
Valor científico de los fogbows
El interés que despiertan los fogbows se centra en su valor para la óptica atmosférica y el estudio de las interacciones entre la luz y las partículas presentes en la atmósfera. Aunque no poseen un significado especial particular, los científicos los emplean como modelos para entender mejor cómo se comporta la luz en condiciones de humedad elevada y microgotas.
Expertos consultados por National Geographic subrayan que el fogbow representa una oportunidad para investigar la física de la atmósfera y refinar los modelos de simulación óptica. Para los aficionados y meteorólogos, la aparición de uno es un recordatorio de la complejidad de los fenómenos naturales.
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