
Los simios bonobos, parientes vivos más cercanos de los humanos dentro de la familia de los primates, combinan llamadas vocales de manera compleja y significativa, lo que reveló estructuras comunicativas comparables al lenguaje humano.
Así lo demuestra un estudio realizado por las universidades de Zúrich y Harvard, publicado en la revista Science, tras un análisis en la Reserva Comunitaria de Kokolopori, en la República Democrática del Congo.
La investigación analizó más de 700 grabaciones de vocalizaciones de bonobos salvajes, junto a 300 características contextuales asociadas a cada llamada, indicó la agencia de noticias EFE.

El objetivo: determinar si sus vocalizaciones reflejan formas de organización similares a las que usan los humanos para construir frases. Para ello, los investigadores aplicaron herramientas propias de la lingüística formal, adaptadas al comportamiento animal.
Composicionalidad: la clave del hallazgo
En el centro del hallazgo está el concepto de composicionalidad, es decir, la capacidad de combinar elementos con significado para construir unidades mayores que conservan o transforman ese significado.
Un ejemplo simple en humanos sería “bailarina rubia”: una frase cuya interpretación es la suma de sus partes. Pero también existen formas más complejas, llamadas composiciones no triviales, en las que una palabra modifica o matiza el significado de otra.
Así ocurre con expresiones como “mal bailarín”, donde el adjetivo no se refiere a una “persona mala”, sino que califica negativamente la acción de bailar.
Según Simon Townsend, profesor de la Universidad de Zúrich y autor principal del trabajo, el equipo encontró que muchas combinaciones de llamados de bonobos siguen estas mismas lógicas.
“Pudimos cuantificar la relación entre el significado de los cantos individuales y las combinaciones. En muchos casos, el significado global no es simplemente una suma, sino una modificación semántica”, explicó según el medio de ciencia Phys Org.
Cómo se creó el diccionario de llamadas
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores empezaron por desarrollar un repertorio completo de las vocalizaciones de los bonobos.
Utilizaron un método creado por lingüistas para medir el significado en palabras humanas, lo que permitió construir un “diccionario de llamadas” con equivalencias contextuales.

“Es la primera vez que se logra definir el significado de todo el repertorio vocal de un animal”, destacó Mélissa Berthet, investigadora postdoctoral en la Universidad de Zúrich y principal autora del estudio, en un comunicado levantado por Eurek Alert.
Una vez definido ese repertorio, el equipo se centró en las combinaciones. Detectaron cuatro estructuras de llamadas, de las cuales tres presentaban composicionalidad no trivial. Estas estructuras, afirman los autores, comparten patrones con la manera en que los humanos construyen frases complejas.
“Esto sugiere que la capacidad de combinar tipos de llamados de maneras complejas no es tan exclusiva de los humanos como alguna vez pensamos”, aseguró Berthet.
La raíz evolutiva del lenguaje
Las implicaciones del estudio apuntan directamente a la evolución del lenguaje. Según Martin Surbeck, de la Universidad de Harvard y coautor del trabajo, el hecho de que los bonobos y los humanos compartan un ancestro común que vivió entre 7 y 13 millones de años atrás refuerza la hipótesis de que la composicionalidad es un rasgo ancestral.
“Nuestro estudio sugiere, por tanto, que nuestros antepasados ya utilizaban ampliamente la composicionalidad hace al menos 7 millones de años, si no más”, sentenció Townsend.
Los resultados también desafían las concepciones tradicionales sobre lo que hace único al lenguaje humano.
Si la capacidad de construir significados complejos a partir de unidades vocales más simples existía antes del surgimiento del lenguaje humano, entonces parte de esa habilidad no habría surgido de manera exclusiva en nuestra especie, sino que tendría un origen evolutivo más profundo, compartido con otros primates.
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