
Un avance en la investigación genética podría transformar la relación entre el consumo de pomelo y ciertos medicamentos. Un equipo de científicos del Instituto Volcani en Israel habría identificado un gen clave en la producción de furanocumarinas, compuestos químicos responsables de las interacciones adversas entre el pomelo y al menos 85 medicamentos, incluidos antidepresivos, estatinas y antibióticos. Este descubrimiento abre la puerta al desarrollo de una variedad de pomelo que sea segura para quienes toman medicamentos, utilizando técnicas de edición genética como CRISPR.
Las furanocumarinas, presentes en el pomelo y otros cítricos como las limas, interfieren con una enzima intestinal llamada CYP3A4, que metaboliza ciertos medicamentos, según Scientific American. Al desactivar esta enzima, los niveles de los medicamentos en el torrente sanguíneo pueden aumentar peligrosamente, incrementando el riesgo de sobredosis. En otros casos, como con ciertos antihistamínicos, el efecto puede ser el opuesto, lo que reduciría la eficacia del medicamento. Sin embargo, frutas como las naranjas Valencia y las mandarinas contienen niveles insignificantes de estas sustancias, lo que las hace seguras para el consumo junto con medicamentos.
El equipo del Instituto Volcani, liderado por el profesor Yoram Eyal, ha dado un paso crucial al identificar un gen que regula la producción de furanocumarinas en el pomelo. Los investigadores lograron este avance, cruzando pomelos con mandarinas y analizando la genética de las plantas resultantes. Descubrieron que aproximadamente la mitad de las plantas produjeron furanocumarinas, mientras que la otra mitad no, lo que indicó que un solo gen podría ser responsable de esta vía biosintética.
La investigadora postdoctoral Livnat Goldenberg, primera autora del estudio publicado en New Phytologist, explicó que este gen produce el primer componente necesario para la síntesis de furanocumarinas. Este hallazgo permite a los científicos apuntar directamente a este gen para eliminarlo mediante técnicas de edición genética, como CRISPR, con el objetivo de desarrollar una variedad de pomelo que no interfiera con los medicamentos.

El problema de las interacciones entre el pomelo y los medicamentos no es nuevo, y ya se habían realizado esfuerzos para eliminar las furanocumarinas del jugo de pomelo mediante procesos químicos. Sin embargo, según explicó Paul Watkins, director del Laboratorio Watkins de Ciencias de la Seguridad de Medicamentos en la Universidad de Carolina del Norte, estos métodos resultaron costosos y afectaron negativamente el sabor del jugo. Además, el proceso eliminaba otros compuestos importantes, lo que reducía la calidad del producto final.
Watkins, quien no participó en el estudio del Instituto Volcani, destacó que una solución genética, como la creación de una línea de pomelos sin furanocumarinas, tendría un impacto significativo tanto a nivel comercial como para los consumidores que disfrutan del jugo de pomelo. Ese enfoque preservaría las características organolépticas y nutricionales del fruto.
El equipo del Instituto Volcani ya está utilizando CRISPR para desarrollar árboles de pomelo que carezcan del gen responsable de la producción de furanocumarinas. Según Eyal, este proceso podría tardar alrededor de cuatro años antes de que los árboles editados genéticamente comiencen a producir frutos. El objetivo final es crear una variedad de pomelo que pueda clasificarse como genéticamente editada, pero no como un organismo modificado genéticamente (OGM), ya que no se introducirían genes nuevos en la planta.
En países como Israel y Estados Unidos, los cultivos editados genéticamente con CRISPR que no contienen genes externos pueden no ser considerados OGM, lo que facilitaría su aceptación comercial y regulatoria. Además, Eyal señaló que la eliminación de las furanocumarinas no parece afectar la resistencia de los árboles a enfermedades o plagas, ni comprometer los beneficios nutricionales del pomelo, que sigue siendo rico en antioxidantes como la vitamina C y los flavonoides.
El desarrollo de este pomelo genéticamente editado podría tener implicaciones importantes para la industria médica. Según Scientific American, el equipo de Volcani planea colaborar con investigadores del ámbito médico para realizar pruebas exhaustivas del jugo modificado, primero en laboratorio y luego en estudios clínicos con humanos. Estas pruebas serán esenciales para garantizar que el nuevo pomelo sea completamente seguro y efectivo para su consumo junto con medicamentos.
Eyal expresó que el objetivo a largo plazo es proporcionar estas nuevas variedades de pomelo a los productores, lo que podría revolucionar la industria de los cítricos y resolver un problema que ha limitado el consumo de esta fruta durante décadas. Si los esfuerzos del equipo tienen éxito, el pomelo podría recuperar su lugar en la dieta de millones de personas que actualmente deben evitarlo debido a sus interacciones farmacológicas.
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