
La población de manatíes en Florida ha alcanzado cifras récord, dejando interrogantes sobre su sostenibilidad a largo plazo. Estos mamíferos marinos, una subespecie del antillano, han sido protagonistas de un detallado estudio en la revista PLOS ONE. A lo largo del tiempo, su número y su presencia se dispararon, impulsados por factores como la intervención humana y los caprichos del clima. Sin embargo, la misma “ayuda” que les permitió multiplicarse en las aguas floridanas está amenazando ahora con hundir su futuro.
Los hallazgos de PLOS ONE revelan que estos animales eran extremadamente raros o incluso inexistentes en la región de Florida durante períodos precoloniales y coloniales. Investigaciones arqueológicas analizaron cerca de dos millones de restos animales que datan de los últimos 14.000 años y encontraron muy pocos huesos de manatíes, que, en su mayoría, habían sido transformados en herramientas o adornos.
Según los autores, estos escasos registros indican que no formaban parte de los ecosistemas locales y que su presencia en Florida podría haber estado limitada a migraciones ocasionales desde el Caribe en momentos de condiciones climáticas favorables.

Además, el estudio de PLOS ONE destaca que las temperaturas relativamente frías durante la Pequeña Edad de Hielo (que comenzó alrededor del año 1200 y se prolongó hasta el siglo XIX) probablemente restringieron el rango de distribución de los manatíes, confinándolos a latitudes más cálidas del Caribe. Solo después del final de este periodo de enfriamiento y el inicio de transformaciones en el paisaje, como la construcción de canales, puertos y otras infraestructuras humanas, comenzaron a asentarse de manera más permanente en Florida.
En ese sentido, según National Geographic, el calentamiento inducido por la actividad humana, combinado con la instalación de centrales eléctricas que vierten agua tibia, también hizo que Florida se convirtiera en un entorno más acogedor para los manatíes, permitiéndoles extender su rango hacia el norte.
Los avistamientos de manatíes comenzaron a reportarse con mayor regularidad en la segunda mitad del siglo XIX. Estos mamíferos fueron vistos inicialmente en áreas con aguas cálidas, como puertos deportivos y embarcaderos de canales, que funcionaban como refugios térmicos. En las décadas de 1920 y 1930, su presencia se volvió más común y comenzaron a aparecer en los medios impresos de la época. A mediados del siglo XX, los manatíes ya se habían establecido como residentes permanentes de lugares como la Bahía de Tampa y Crystal River en la costa del Golfo.

A medida que los manatíes se asentaron en esa ciudad de Estados Unidos, la percepción pública sobre ellos también cambió. En registros históricos del siglo XIX, los manatíes eran frecuentemente catalogados como “monstruos” o confundidos con peces y anfibios. Sin embargo, en las primeras décadas del siglo XX, su condición como mamíferos herbívoros que cuidaban de sus crías comenzó a ganar reconocimiento. Este cambio cultural, junto con la implementación de leyes de protección, como la prohibición de su caza en 1893, permitió que estas poblaciones continuaran expandiéndose tanto en número como en rango geográfico.
No obstante, el crecimiento de las poblaciones de manatíes no ha estado exento de desafíos. Según PLOS ONE, los impactos del cambio climático y la proliferación de algas tóxicas debido a la contaminación están destruyendo las praderas marinas, una fuente esencial de alimento. Esta pérdida de hábitat ya ha tenido consecuencias devastadoras, como el aumento en las tasas de desnutrición y mortalidad. Entre 2021 y 2022, estas amenazas llevaron a la declaración de un “evento de mortalidad inusual” por parte de las autoridades de vida silvestre de Florida, quienes tuvieron que implementar medidas de emergencia, como alimentar a los manatíes con lechuga, para evitar más muertes.

Un aspecto destacado por el estudio de PLOS ONE es el concepto de “baselines antropocénicos”. Históricamente, la conservación se ha basado en la idea de restaurar los ecosistemas a un estado “original” o prehumano. Sin embargo, en el caso de los manatíes de Florida, los investigadores argumentan que la referencia histórica más relevante es el estado actual de las poblaciones, dado que los cambios inducidos por el ser humano en el clima y el paisaje han creado ecosistemas completamente nuevos.
Por otro lado, los expertos citados por National Geographic subrayan la importancia de desarrollar soluciones creativas para garantizar la sostenibilidad de las poblaciones de manatíes. Estas incluyen la creación de refugios térmicos pasivos, como invernaderos flotantes, y el manejo conjunto de los manatíes y las especies invasoras, como el jacinto de agua, que podría complementar su dieta. También es crucial abordar las causas subyacentes de la contaminación que están destruyendo las praderas marinas, promoviendo un esfuerzo coordinado para restaurar los hábitats naturales de los manatíes.

En 2017, los manatíes fueron reclasificados de “en peligro” a “amenazados” bajo la Ley de Especies en Peligro de Extinción de los Estados Unidos. Aunque esta decisión reflejaba los avances en la recuperación de sus poblaciones, los desafíos actuales ponen en entredicho la capacidad de mantener este progreso. Como señala PLOS ONE, el destino de estos mamíferos marinos está profundamente entrelazado con las acciones humanas que, aunque inicialmente impulsaron su expansión, ahora representan las mayores amenazas para su supervivencia.
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