
Los sonidos que escuchamos a nuestro alrededor se definen físicamente por su frecuencia y amplitud. Pero, para nosotros, tienen un significado más allá de esos parámetros: podemos percibirlos como agradables o desagradables, siniestros o tranquilizadores, interesantes y ricos en información, o simplemente como ruido. Un aspecto que afecta la validación emocional de los sonidos, es decir, si son percibidos como positivos, neutrales o negativos, es de dónde vienen.
La mayoría de las personas califican los sonidos que se avecinan, que se mueven hacia ellos, como más desagradables, potentes, excitantes e intensos que los sonidos que se alejan. Especialmente si vienen de algún lugar impreciso por detrás, que si provienen del frente.
Este sesgo podría tener su origen en una ventaja evolutiva plausible: para nuestros antepasados en la sabana africana, un sonido que se acercaba por detrás, por su espalda vulnerable, podría haber indicado la presencia de un depredador que los acechaba.

Ahora, neurocientíficos de Suiza han demostrado otro efecto de la dirección y sus implicancias en la forma en que se produce la validación emocional. Descubrieron que respondemos con más fuerza a los sonidos humanos positivos, como la risa o las vocalizaciones agradables, cuando provienen de la izquierda.
“Aquí mostramos que las vocalizaciones humanas que provocan experiencias emocionales positivas producen una fuerte actividad en la corteza auditiva del cerebro cuando provienen del lado izquierdo del oyente. Esto no ocurre cuando se originan en el frente o de la derecha”, explicó la primera autora Sandra da Costa, científica de investigación del Centro de Imágenes Biomédicas de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) en Suiza.
Y agregó: “También mostramos que emisiones con valencia emocional neutra o negativa, por ejemplo, vocales sin sentido o gritos de miedo, y sonidos distintos a las humanas no tienen esta asociación con el lado izquierdo”.

Otros sentidos
Da Costa y sus colegas Tiffany Grisendi y Estefanía Clarke publicaron sus hallazgos en la revista Frontiers. En su análisis utilizaron imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI) para comparar la fuerza con la que el cerebro de 13 voluntarios respondía a los sonidos que provenían de la izquierda, el frente o la derecha. Se trató de mujeres y hombres de veinticinco años, todos diestros y ninguno tenía formación musical.
Los investigadores compararon la respuesta del cerebro entre seis categorías de sonidos: además de las vocalizaciones humanas positivas, como los sonidos eróticos, reprodujeron vocalizaciones neutrales y negativas, como vocales sin sentido y gritos de miedo; y no vocalizaciones positivas, neutrales y negativas, como aplausos, viento y un tic tac o una campanada de un reloj.
El equipo de especialistas se centró en las regiones del cerebro que se sabe que son importantes para las primeras etapas del procesamiento del sonido, las áreas auditivas primarias A1 y R, las otras zonas auditivas circundantes de las primeras etapas y el área de la voz (VA). Cada una de estas regiones se localizan en el hemisferio izquierdo y derecho del cerebro.
Los resultados mostraron que A1 y R en ambos se activaron al máximo cuando escuchaban vocalizaciones positivas provenientes de la izquierda, y mucho menos cuando les llegaban del frente o la derecha, siempre hablando de vocalizaciones neutras o negativas, o sonidos ininteligibles.

Llegaron a la conclusión de que la corteza auditiva discrimina a favor de las vocalizaciones positivas de la izquierda. “La fuerte activación a partir de dichos con validación emocional positiva provenientes de la izquierda tiene lugar en la corteza auditiva primaria de cualquiera de los hemisferios: las primeras áreas de la corteza cerebral que reciben información auditiva. Nuestros hallazgos sugieren que la naturaleza de un sonido, su poder emocional y su origen espacial se identifican y procesan primero allí”, explicó la coautora Tiffany Grisendi.
Además, el área L3 en el hemisferio derecho, pero no su gemelo en el izquierdo, también respondió con más fuerza a las vocalizaciones positivas provenientes de la izquierda o la derecha en comparación con las que se localizaban en el frente. Por el contrario, el origen espacial del sonido no afectó la respuesta a las no vocalizaciones.
El significado evolutivo del sesgo de nuestro cerebro a favor de las emisiones positivas provenientes de la izquierda aún no está claro. La también autora principal, Stephanie Clarke, de la Clínica de Neuropsicología y Neurorrehabilitación del Hospital Universitario de Lausana, afirmó: “Actualmente se desconoce cuándo aparece la preferencia de la corteza auditiva primaria por las vocalizaciones humanas positivas desde la izquierda durante el desarrollo humano, y si esto es una característica humana única. Una vez que entendamos esto, podremos especular si está relacionado con la preferencia de las manos o con la disposición asimétrica de los órganos internos”. Un siguiente paso que, según adelantaron las científicas, ya iniciaron.
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