
Gonzalo Rubio, del Conicet, Eric Stolar, del INTA, y Julián Baigorria, de la Fundación Azara, entre otros investigadores, se propusieron conocer cuál era el estado de situación de las arañas saltarinas que habitan en la Argentina. Cuando estaban haciendo una campaña en el sur de la provincia de Misiones, los biólogos tomaron muestras del terreno, y encontraron ejemplares de una araña desconocida que decidieron llamar Patoruzito, en homenaje al personaje de historieta, que era un joven tehuelche que habitaba en una estancia patagónica.
La araña Patoruzito no habita en Patagonia sino en los pastizales de Misiones. “Tiene la cabeza negra con una vincha blanca y nos recordó primero a Patoruzú, el personaje de la historieta de Dante Quinterno. Pero como es muy chiquitita pensamos que era más cercana a Patoruzito. Los que la encontramos somos parte de una generación que creció leyendo esas historietas”, contó a Infobae el biólogo Julián Baigorria.
La historieta de Patoruzú había sido creada en 1928. Pasó a ser en uno de los personajes más importantes e influyentes de la historieta argentina. En 1945, se sumó a Patoruzito. Además de nombrarla como una nueva especie, los científicos describieron un nuevo género, que llamaron “Ahijuna”, una interjección que también usaban los personajes de la historieta.
Los investigadores encontraron a la nueva araña en la localidad de Candelaria, en Misiones. “Patoruzito estaba en pastos un poco inundables en una estancia”, comentó Baigorria. “Quizá también habite dentro del nuevo Parque Federal Campo San Juan, que fue creado entre el gobierno de Misiones y la Administración Nacional de Parques Nacionales recientemente”, agregó.
Patoruzito mide un milímetro. Tiene dos ojos enormes con visión binocular. Salta y puede planificar las rutas de ataques sobre sus presas que pueden ser mosquitas, pulgones y otras especies de arañas más chiquitas.
“Este tipo de arañas saltarinas se distinguen por sus cortejos. Los machos son más coloridos que las hembras. Se pelean con rituales entre los machos. En esto, son especies de arañas parecidas a las aves”, comentó. La araña Patoruzito no vive en selva, ni en bosques ni en la estepa patagónica. Vive en pastizales, y el grupo de investigadores está preocupado porque el ambiente que la rodea está amenazado.
“Estamos preocupados por el impacto de los incendios que hubo recientemente en la región de la Mesopotamia sobre algunas especies. Hay mucho por descubrir aún, y siguen los incendios y otros problemas van a desaparecer especies sin que las lleguemos a describir”, afirmó Baigorria.

“Sería clave que la Argentina tenga más ecosistemas con pastizales dentro de las áreas naturales protegidas, como el lugar que habita Patoruzito. También se necesita más promoción del manejo ganadero sustentable”, añadió. Los pastizales tienen la menor representación en el sistema de áreas protegidas (tanto públicas como privadas) con menos del 0.3% de su superficie bajo alguna figura de protección.
Una de las características más llamativas de Patoruzito es el par de ojos anteriores, que ocupan casi toda la parte delantera del caparazón. Son arañas que reaccionan muy sensiblemente a los estímulos visuales. Se ponen de frente al objeto, y caminan acercándose. Distinguen movimientos y diferentes formas a una distancia de por lo menos 20 centímetros.
Las arañas como Patoruzito son cazadoras activas. Su conducta es muy parecida a la de los gatos: acechan y persiguen a sus presas hasta que están lo suficientemente cerca para saltar sobre ellas. Dan saltos de hasta más de diez veces su tamaño.
“Aunque algunas personas no las quieren ni ver, las arañas cumplen un rol fundamental en el planeta. Se llevan la mala fama por algunas especies que pueden ser peligrosas para el ser humano, pero la mayoría son muy beneficiosas para la salud y para las actividades económicas. Incluso reducen el uso de los insecticidas”, precisó Baigorria.

Junto con Ahijuna Patoruzito, los investigadores encontraron a otras 3 especies de arañas saltarinas, que habitan la ecorregión de “campos y malezales” ubicada en Corrientes y sur de Misiones.
Los ojos de las arañas se denominan simples, en contraste con los de los insectos que son compuestos. Pero eso no significa necesariamente que no sean complejos, en especial en las saltarinas. Con una resolución óptima de 8-10 minutos de arco, los dos ojos más grandes, medios anteriores, poseen un notorio movimiento, y el cambio de color que suele observarse bajo la lupa es causado por el movimiento de la cápsula ocular.

Esos ojos son capaces de moverse hacia adelante y hacia atrás para enfocar, hacia ambos lados, arriba y abajo como sucede con el ojo humano; además presentan un movimiento rotacional que usan para la determinación de la presa o el reconocimiento del sexo en la misma especie. Esos ojos son sensibles al color verde y violeta, y probablemente a la luz polarizada. Los otros seis ojos son menos espectaculares, no tienen movimiento y no poseen gran poder de resolución, pero juntos proporcionan a la araña un campo de visión de 360º, detectando el mínimo movimiento, según escribió Baigorria junto con Rubio y Cristina Scioscia, en el libro Arañas Saltícidas de Misiones.
Antes, otros investigadores describieron los géneros Akela y Bagheera para las arañas saltarinas, que mencionan a personajes del “Libro de la Selva” de Kipling, incluso una de las especies se llama Bagheera kiplingi en honor al escritor. Al ponerles esos nombres, los investigadores esperan que su aporte al conocimiento de la ecorregión sirva tanto para favorecer su protección dentro de sus ambientes como de la cultura y la historia.
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