
Si pensamos en balleneros es fácil que nos venga a la cabeza el Pequod de la famosa novela Moby Dick de Herman Melville, ese barco que surcaba el océano en una obsesiva caza a una ballena blanca.
Selma Huxley nunca ha perseguido ballenas, pero sí ha rastreado durante años la historia de otros barcos balleneros, los procedentes de puertos vascos que, desde el siglo XVI, pescaban en las lejanas costas de Terranova.
De Gran Bretaña a Oñate
Selma Huxley nació en Londres en 1927 en el seno de una familia de intelectuales y científicos. Su padre, Michael Huxley, era primo del escritor y filósofo Aldous Huxley, del biólogo evolutivo Julian Huxley y del biofísico (y Premio Nobel en Fisiología o Medicina 1963) Andrew Huxley. Todos ellos nietos de Thomas Henry Huxley, conocido como el bulldog de Darwin por su defensa de la teoría de la evolución.
Selma estudió en París y Londres. En 1950, por motivos familiares viajó a Canadá, donde se estableció y trabajó como profesora y bibliotecaria en la Universidad McGill (Montreal). En 1954 se casó con el arquitecto Brian Barkham y se trasladaron a Ottawa, donde su marido abrió un estudio de arquitectura. Brian mantenía una estrecha relación con el País Vasco: su tesis le había llevado desde Gran Bretaña a tierras vascas, donde estudió los caseríos.
En 1956, durante una visita del matrimonio al País Vasco, el sacerdote Pío Montoya Arizmendi les habló de la antigua presencia vasca en las costas canadienses.

Aquella historia –tras la temprana muerte de Brian en 1964– cambiaría la vida de Selma. Viuda y con cuatro hijos que mantener, comenzó a trabajar para el Gobierno de Canadá estudiando y restaurando emplazamientos de interés histórico. Se centró en las costas y se interesó por los visitantes europeos en los siglos XVI y XVII, con una especial atención a los de origen vasco.
Para poder consultar los archivos históricos de España y Francia, tras un largo viaje se instaló en Bilbao con sus cuatro hijos en 1972. Selma se ganaba la vida dando clases de inglés por las mañanas mientras dedicaba sus noches a estudiar paleografía española en la Universidad de Deusto –había aprendido castellano en México–. Gracias a la generosidad de un donante anónimo canadiense pudo empezar su investigación. Tras la primera publicación llegó también la primera ayuda oficial.
En 1973 se mudó a Oñate, sede del Archivo Histórico de Protocolos de Gipuzkoa, y siguió consultando documentos en diferentes archivos –parroquiales, municipales o notariales, entre otros– en Tolosa, Bilbao, Burgos, Valladolid, Madrid, Sevilla o Lisboa. Esos registros albergaban miles de manuscritos de naturaleza variada –pólizas de seguros, pleitos, cartas, contratos, listas de aparejos y suministros– de los siglos XVI y XVII vinculados a la presencia vasca en Terranova.
A través del estudio de estos documentos, Selma Huxley descubrió que los arrantzales (“pescadores”, en euskera) no solo habían pescado bacalao en la costa atlántica canadiense, sino que también habían capturado ballenas a escala industrial en el siglo XVI.
La historiadora estudió detalladamente estas pesquerías vascas: desde su organización –financiación, temporadas de pesca, rutas– hasta los aspectos relacionados con sus protagonistas, los pescadores –vida, trabajo, enfermedades, comida, indumentaria y relaciones con las personas de los países que visitaban–.
Los pecios ratifican la parte documental
Tras esta investigación puramente documental, Selma Huxley buscó pruebas arqueológicas con las que pretendía avalar la presencia de balleneros vascos en Terranova. En 1977, junto al arqueólogo James Tuck y con el apoyo de la Real Sociedad Geográfica Canadiense organizó una primera expedición al sur de Labrador y encontró restos que confirmaban todos los datos descubiertos en los archivos europeos.
En campañas posteriores, Selma Huxley, James Tuck y el arqueólogo subacuático Robert Grenier –junto a sus equipos de especialistas– encontraron numerosos restos de balleneros vascos en Terranova.

El 22 de junio de 2013 el Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco declaró el yacimiento de Red Bay (Labrador, Canadá) Patrimonio Mundial. El trabajo de Selma Huxley había probado que en el siglo XVI ese pueblo de pescadores fue una estación ballenera vasca, una de las más importantes de aquella costa al tratarse de una vía migratoria de ballenas.
Un museo en Red Bay hospeda varios pecios encontrados en el fondo de la bahía, restos de hornos para extraer grasa de ballena, distintas herramientas, esqueletos humanos o barbas de ballena, entre otras huellas de estos balleneros procedentes de tierras tan alejadas. Algunos galeones vascos continúan reposando en los fondos marinos.
Entre otros muchos reconocimientos, Selma Huxley recibió el premio Lagun Onari del Gobierno Vasco en 2014 –por su trabajo para sacar a la luz “importantes páginas de la historia de Canadá y Euskal Herria”– y el Premio Internacional de la Sociedad Geográfica Española en 2018.
En 1987, el historiador Iñaki Zumalde comentaba: “Cuando en lo sucesivo se trate de la historia de los balleneros vascos en Canadá será obligado decir: antes y después de lo aportado por Selma Huxley”.
Desde 2018 el Ayuntamiento de Oñate convoca la denominada beca de investigación Selma Huxley Barkham para la recuperación de la memoria histórica de las mujeres de Oñate. Un hermoso homenaje a esta investigadora que residió en este municipio guipuzcoano y dedicó tanto tiempo y afán a la recuperación de una parte de la historia vasca escondida en los mares canadienses.
Por Marta Macho-Stadler, Profesora de matemáticas, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea
Publicado originalmente por The Conversation
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