Los efectos del alcohol sobre la salud dependen de lo que se beba y de la cantidad, según un estudio

Un análisis con más de 340.000 participantes revela que el tipo de bebida y la cantidad ingerida influyen de manera significativa en los riesgos para la salud, en especial en la mortalidad relacionada con enfermedades cardiovasculares y cáncer, según Zhangling Chen

Guardar

La investigación, que abarcó un seguimiento durante un promedio de 13 años, reveló que incluso consumos bajos o moderados de bebidas como licores, cerveza o sidra se vinculaban con un aumento en el riesgo de mortalidad, mientras que el vino mostraba un patrón diferente. Según consignó el medio Europa Press, el tipo y la cantidad de alcohol ingeridos influyen considerablemente en los riesgos para la salud, especialmente en lo que respecta a la mortalidad por causas cardiovasculares y cáncer. El análisis, dirigido por Zhangling Chen y otros especialistas, se presentó en la Sesión Científica Anual del Colegio Americano de Cardiología y evaluó los hábitos de consumo y la salud de más de 340.000 adultos británicos.

El estudio agrupó a los participantes en cuatro categorías en función de la cantidad de alcohol puro consumida diariamente o semanalmente, según detalló Europa Press. Se establecieron estos grupos por medio de un cuestionario completado al inicio del análisis, que consideraba equivalencias estándar: una lata de cerveza de 355 ml, una copa de vino de 150 ml o un chupito de licor de 45 ml aportan cada uno alrededor de 14 gramos de alcohol puro. Los bebedores ocasionales o aquellos que nunca consumían alcohol ingerían menos de 20 gramos semanales; los hombres clasificados con bajo consumo tomaban entre 20 gramos semanales y 20 gramos diarios, mientras que las mujeres estaban en el rango de 20 gramos semanales a 10 gramos diarios. El consumo se consideró moderado en hombres entre 20 y 40 gramos diarios, y en mujeres entre 10 y 20 gramos diarios. Se definió como alto el consumo diario superior a 40 gramos en hombres y 20 gramos en mujeres.

A lo largo del análisis, los expertos observaron diferencias relevantes según el tipo de bebida alcohólica cuando se trató de niveles bajos y moderados de consumo. Mientras que el consumo reducido o moderado de vino se asociaba con un menor riesgo de mortalidad, el mismo nivel de consumo de licores, cerveza o sidra se vinculaba con un riesgo significativamente mayor. En particular, el reporte de Europa Press indicó que quienes bebían vino con moderación tenían un 21% menos de riesgo de morir por enfermedades cardiovasculares en comparación con las personas que bebían ocasionalmente o no lo hacían. En contraste, el consumo bajo de licores, cerveza o sidra se asoció con un incremento del 9% en la mortalidad por causas cardiovasculares frente a quienes nunca bebían obebían solo de forma esporádica.

En comparación con los abstemios u ocasionales, las personas con alto consumo de alcohol presentaron un 24% más de probabilidades de morir por cualquier causa, un 36% más de probabilidades de fallecer por cáncer y un 14% más de probabilidades de morir por enfermedades cardíacas, según informó el medio. Estos datos refuerzan la relación directa entre altos niveles de consumo y el deterioro en los indicadores de salud.

Zhangling Chen, autor principal de la investigación y profesor del Segundo Hospital Xiangya de la Universidad Central del Sur de China, aclaró que "estos resultados proceden de la población general, y en determinados grupos de alto riesgo, como las personas con enfermedades crónicas o afecciones cardiovasculares, los riesgos podrían ser aún mayores", según citó Europa Press. La investigación sugiere, además, que algunos compuestos presentes en el vino tinto —como polifenoles y antioxidantes— podrían contribuir a beneficios para la salud cardiovascular. Además, Europa Press comunicó que la forma habitual de consumo también marca diferencias: el vino se toma más frecuentemente con las comidas y por personas con dietas más equilibradas y hábitos más saludables, mientras que cerveza, sidra y licores suelen consumirse fuera de las comidas y se asocian a dietas de menor calidad y otros factores de riesgo.

De acuerdo con Chen, “estos hallazgos ayudan a esclarecer la evidencia previamente contradictoria sobre el consumo de alcohol de bajo a moderado. Estos hallazgos pueden contribuir a perfeccionar las recomendaciones, haciendo hincapié en que los riesgos para la salud asociados al alcohol dependen no solo de la cantidad consumida, sino también del tipo de bebida. Incluso un consumo bajo o moderado de licores, cerveza o sidra se relaciona con una mayor mortalidad, mientras que un consumo bajo o moderado de vino podría conllevar un menor riesgo”, destacó Europa Press.

El estudio atendió diversas variables durante el análisis, entre ellas datos demográficos, nivel socioeconómico, historial familiar de enfermedades, factores cardiometabólicos y estilo de vida. No obstante, el equipo de investigación identificó limitaciones, propias del enfoque observacional. Según reportó Europa Press, la principal limitación estriba en que los patrones de consumo solo se evaluaron mediante autoinformes en el momento inicial del reclutamiento, sin considerar posibles cambios a lo largo del tiempo. Además, la muestra procedente del Biobanco del Reino Unido tiende a ser más saludable que el promedio poblacional, lo que podría incidir en los resultados y dificultar una extrapolación general.

A pesar de estas limitaciones, los investigadores consideraron que contar con una muestra tan numerosa y un seguimiento extendido potencia la solidez estadística del estudio, argumentando que su investigación proporciona una visión más exhaustiva sobre los efectos del alcohol al analizar tanto el tipo como la cantidad y desgranar las distintas causas de mortalidad, tal como difundió Europa Press.

La presentación de estos datos en el evento científico internacional brinda nuevas perspectivas a los profesionales de la salud y a los encargados de formular recomendaciones sobre el consumo de bebidas alcohólicas. Si bien los autores subrayaron la importancia de analizar con profundidad los efectos mediante futuros ensayos aleatorizados, los resultados muestran pautas diferenciadas de riesgo según el tipo de bebida, el contexto de consumo y las diferencias asociadas a estilos de vida y calidad de la dieta.